“Nos tiraron dos granadas y disparé para evitar que nos remataran en el suelo. Fue un infierno”

Un guardia civil relata 37 años después al tribunal un atentado mortal por el que la Audiencia Nacional juzga ahora al etarra Iñaki Bilbao

Han pasado treinta y siete años, pero uno de los agentes heridos en el atentado de ETA contra la Guardia Civil en Ordizia (Guipúzcoa) cometido el 2 de febrero de 1983, en el que uno de sus compañeros fue asesinado, ha recordado hoy el horror que vivió en esos seis minutos interminables. El agente ha declarado como testigo por videoconferencia en el juicio que sienta en el banquillo al etarra Iñaki Bilbao, para quien la Fiscalía pide una condena de 74 años de prisión por estos hechos, aunque él se ha limitado a decir que no tuvo “ninguna participación” en esa acción terrorista.

A preguntas de la Fiscalía, el testigo -que en esas fechas tenía 31 años y estaba destinado en el cuartel de Tolosa- ha explicado que se encontraban dos vehículos de patrulla la tarde de ese dos de febrero cuando, al hacer un stop antes de incorporarse a la Nacional-I (que lleva a Irún), se produjo el atentado. “Fue todo muy rápido. Una explosión y acto seguido metralleta, pistola -ha recordado-. Nos tiraron dos granadas que nos dejaron destrozados. Me recuperé un poquito y repelí la acción. Eran varios terroristas los que disparaban. No pude identificarlos porque era ya de noche y llovía”.

El agente ha explicado que fue el único de los guardias civiles que pudo salir de los vehículos: “Empecé a disparar para evitar que nos remataran en el suelo como suelen hacer los asesinos”. Los etarras abandonaron el lugar, ha añadido, “cuando se quedaron sin munición”. “Aquello duró seis o siete minutos, pero muy intenso todo. Fue un infierno aquello, señoría”, ha afirmado todavía impactado por el recuerdo del atentado. “No tengo ninguna duda”, ha apostillado la fiscal.

A consecuencia de los disparos, fue herido en el brazo y en una pierna y estuvo casi mil días en tratamiento médico, tras los cuales, ha dicho, “pasé a la condición de retirado”. Aun hoy, no puede hacer una vida normal, según ha explicado, porque se le inflama la pierna. “Tengo aún restos de metralla de un tamaño considerable”, ha relatado.

Uno de los agentes que elaboró el atestado, en su caso en labores de Policía Científica, también ha declarado en la vista, y ha recordado el ataque terrorista como “un momento desgraciado”. “Es uno de los atestados que más se me han quedado grabados”, ha admitido.

“Nos llamaron porque había habido un atentado en Villafranca y a la entrada ya vimos que uno de los coches estaba quemado. Encontramos carcasas de las granadas que lanzaron y casquillos. Fue horrible”, ha asegurado. “Después nos dirigimos al hospital para enterarnos de la situación del herido, porque había que hacer diligencias. Pero nos dijo el médico que no hiciésemos diligencias, porque Miguel había muerto y estaba destrozado, y que por favor no entrásemos a la sala. Fue horrible”.

“Fue una canallada. Estaban esperándolos”

“Fue una canallada con premeditación y alevosía. Estaban esperándolos”, ha recalcado sobre el modus operandi del atentado. “Los compañeros salieron del cuartel. Era una mala salida a la nacional por un camino de tierra y dispararon desde el otro lado. El primer coche salió un poquito, pero el segundo, que estaba parado para doblar, fue el que recibió toda la carga. Debió impactarle la granada en la puerta o en la zona del techo. El coche terminó quemado”, ha detallado. Además, ha contado que encontraron en el lugar una carcasa de granada anticarro “de las que utilizaba la ETA en esos tiempos”.

En el atentado -por el que ya fueron condenados los también etarras Pedro José Pikabea y Juan Lorenzo Lasa Michelena- resultó muerto un guardia civil y otros dos resultaron gravemente heridos. La Fiscalía imputa a Bilbao -ya condenado en otras causas- un delito de atentado con resultado de muerte y dos de asesinato frustrado.

Según consta en el escrito de acusación, los terroristas utilizaron ametralladoras y dos lanzagranadas para atacar a los coches patrulla de la Guardia Civil desde una zona boscosa cercana a la incorporación a la Nacional-I donde esperaron a los vehículos objetivo de la acción criminal.