¿Un cambio de régimen por la puerta de atrás?

Los enemigos del régimen del 78 están llevando a cabo un proceso soterrado para que, sin necesidad de reformar la letra de la Carta Magna, no quede en pie nada del espíritu con el que se edificó

Los padres de la Constitución, en un acto en 2005
Los padres de la Constitución, en un acto en 2005OtrosLa Razón

Por regla general se adscribe al filósofo franco-suizo Olivier Clerc la popularización, al menos en Europa, del «síndrome de la rana hervida». Esta expresión se utiliza para describir el fenómeno de un cambio fatal que se ha llevado a cabo tan lentamente que nadie se da cuenta de que se ha producido hasta que ya es demasiado tarde. La metáfora que subyace tras esta herramienta retórica es la siguiente: si quieres cocinar una rana no sirve intentar introducirla en un cazo con agua hirviendo porque saltará inmediatamente para salvar su vida; pero si, con más paciencia, la introduces en un cazo con agua a temperatura ambiente y vas subiendo sin prisas la temperatura, la rana acabará cocinada sin darse cuenta de lo que ha pasado. Con motivo del 42 aniversario de la aprobación de nuestra Carta Magna, LA RAZÓN se ha puesto en contacto con constitucionalistas, ex ministros, economistas, analistas políticos y diplomáticos para hacer una pregunta que el lector ya está en condiciones para entender: ¿le están haciendo la «táctica de la rana hervida» al régimen político emanado de la Transición? El intento de cambiar el método para nombrar a los vocales del Consejo General del Poder Judicial, la situación de la enseñanza en español en Cataluña, el hecho de que se dé por supuesto de que los presupuestos van a prorrogarse tres años sin control del Congreso, las llamativas irregularidades en la declaración del estado de alarma, el efecto de las peculiares políticas de «cogobernanza» en el régimen competencial de la Administración y la campaña de acoso a la Corona... ¿delatan, tomados en su conjunto, un intento de cambiar de régimen por la puerta de atrás?

«Algo hay de eso», confiesa Ramón Tamames, protagonista de la Transición y uno de los economistas más prestigiosos de nuestro país. «La mente mas activa en esto es el vicepresidente segundo. Hay una idea de vuelta a la república, es evidente. Se está diciendo que la Monarquía es un freno, que el Rey no ha sido elegido democráticamente, lo que es una estupidez». Tamames recuerda en este sentido que la ley de abdicación por la que Don Felipe accedió a la Jefatura del Estado se aprobó por más del 80 por ciento, algo que supone «una elección del nuevo Rey; mucha gente no se ha dado cuenta de eso». Para este economista no cabe duda de que «esta la cosa un poco en la línea de la olla con agua caliente que mencionabas. Me parece un símil interesante». Otro ejemplo de esta táctica es que «vaya a Bolivia el vicepresidente con una misión aparte. Es una cosa verdaderamente chocante. También instintivamente cuando Sánchez se pone al nivel del Rey para saludar a todo el mundo en un besamanos, eso es... muy clarificador». El desarrollo del estado de las autonomías es otro punto donde se está contradiciendo: «Las CC AA se han convertido en estados dentro del Estado... y no digamos el País Vasco y Navarra», explica.

Desde Bruselas, José Manuel García Margallo, ex ministro de Asuntos Exteriores, escucha la teoría de la rana pacientemente. «Eso es exactamente así. Vamos a ver: el principio cardinal de Sánchez, como si hubiera leído a Maquiavelo, es perpetuarse en el poder y aniquilar a sus enemigos dentro del PSOE, crear un barco en el que él sea el único capitán». Esto es, argumenta, lo que explica todo su comportamiento: anular el poder judicial como palanca para ir cambiándolo todo, silenciar la oposición con el llamado ministerio de la verdad, etc... «Redondo se atribuye lo que tenían los obispos en tiempos de franco: el nihil obstat», dice. Para Margallo, a partir de ahí quieren eliminar la elección de centro educativo: «Es puto Gramsci, controla la educación y la cultura y el resto caerá por su propio peso. En realidad es la tentación totalitaria que han tenido todos los partidos de izquierdas. Y en este sentido la llamada memoria democrática tiene un papel importantísimo. Ya Azaña decía que “la República debe ser servida solo por republicanos’'. Ellos crean un perímetro y los únicos que están legitimados por demócratas son ellos, los demás estamos fuera. En la declaración que firmaron Zapatero e Iglesias en Bolivia se comprometen a no colaborar con el PP en ningún caso. El cordón sanitario también incluye al PP, no lo olvidemos». El ex ministro de Exteriores ofrece otra imagen que ayuda a entender nuestro presente: la del trineo tirado por perros que intente atravesar el Ártico y que, cada vez que aparecen los lobos en mitad de la travesía, el que dirige el trineo les da un perro para calmarlos. «Lo que no se da cuenta es de que, tras el último perro, el que caerá en las fauces de los lobos será el».

El diplomático Inocencio Arias se muestra «totalmente de acuerdo» en que en estos momentos los enemigos de la Constitución están llevando a cabo la «táctica de la rana hervida» con el régimen del 78. «Lo hacen por pequeñas dosis, de manera inteligente cada pocos meses. No son reformas de golpe pero cada seis meses sacan una. Es una declarada estrategia de Podemos que a veces cuenta con la pasividad de Sánchez (porque en este momento no le interesa romper con Iglesias) y otras, con su soterrado entusiasmo». Para Arias es en esta línea en la que hay que entender los esfuerzos semanales para denigrar la figura del Rey, que el presidente Sánchez no ha hecho nada por mitigar. «Van subiendo poco a poco la temperatura . De esta manera logran que, no solo los antiguos del PSOE –que ahora están empezando a protestar con la boca pequeña–, sino muchos votantes, dejen de elevar quejas. El problema es que ahora los españoles están cloroformizados y anestesiados. Hacen una cosa cada mes y medio y la gente va tragando. Y la prueba del nueve es que, si hoy hubiera elecciones, Sánchez perdería algún escaño pero seguiría siendo la fuerza más votada».

«La declaración de Bolivia que firmó Iglesias incluye al PP en el cordón sanitario de la izquierda», dice García Margallo
José Manuel García Margallo, ex ministro de Exteriores

En este mismo sentido, además de los intentos de transformar el entramado jurídico del Estado forzando la Constitución, esta misma semana ha tenido lugar una iniciativa por parte del Partido Socialista para reformar la Constitución. Se trata de una moción en la que propuso presentar a las Cortes Generales un proyecto de reforma del artículo 49 de la Carta Magna para eliminar el término «disminuido». En la actual redacción del texto constitucional, se establece que «los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos». El portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional, Artemi Rallo, subrayó en su momento que «es necesario adaptar la Constitución a los tiempos actuales, porque el término disminuido físico ha quedado totalmente desfasado» y ha insistido en la necesidad de que «se garantice la dignidad de las personas con discapacidad con respeto y sensibilidad». ¿Nos encontramos ante una maniobra equiparable a la «táctica de la rana» que comentábamos al principio? ¿A que otros puntos podría extenderse el argumento socialista de «es necesario adaptar la Constitución a los tiempos actuales»? Ralló explica: «No se trata de una reforma técnica de la Constitución, sino de una actualización terminológica». ¿No podría aplicarse este mismo argumento para comenzar a hablar de la «nación catalana»? Con todo el respeto, por supuesto, a las personas con discapacidades (algo que está fuera de la cuestión), en las dos ocasiones anteriores en las que se ha reformado la Constitución fue por causas más allá de una cuestión terminológica, causas de fuerza mayor para el conjunto del Estado como el ingreso en la Unión Europea y la quiebra técnica de las finanzas nacionales a causa de la crisis financiera en 2011. Sin embargo, el PSOE argumenta: «El consenso social y político en torno a esta reforma constitucional no admite dudas y debería concretarse en un apoyo generalizado de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria» Está claro que intentar reformar la Constitución es una iniciativa perfectamente legitima pero ¿debe cambiarse la letra de la Carta Magna cada vez que se produzca una evolución terminológica en cualquiera de los temas que toca?

El catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona Francesc de Carreras cree que «si empezamos a cambiar palabras que ahora no se usan encontraríamos unas cuantas...». No hace ninguna falta cambiar esto. La ley actual debe desarrollarse para que tengan eficacia, como estipula el artículo 53.3. En esta ley se utilizará otro nombre más adecuado pero no hay ninguna necesidad para que estas personas sean atendidas en sus necesidades que tenga que cambiarse la constitución aunque en esta parte es fácil, no se necesita referéndum». De Carreras opina que si se empiezan a tocar cositas al final podemos atentar contra su línea de flotación. «Este tipo de iniciativas no son oportunas y dudo que puedan tener mayorías. Es algo que encaja perfectamente con la táctica de la rana que mencionaba... como también querer establecer una amnistía a través de rebajar el delito de sedición». Para este catedrático no es tiempo de reformar la Constitución sino de defenderla de los que pretenden desgastarla continuamente por el Gobierno, la mayoría que le sostiene y determinadas Comunidades Autónomas.

El catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Granada, Miguel Ángel Recuerda, llama la atención sobre un hecho que suele pasar desapercibido: durante cuarenta y dos años la Constitución ha cumplido satisfactoriamente su función de garantizar la convivencia democrática, proteger los derechos de los ciudadanos, consolidar un Estado de Derecho, y preservar la unidad de España. «Los problemas actuales de España no residen en la Constitución, que es una norma excelente, sino en las reivindicaciones políticas de quienes quieren romper el consenso de la Transición e iniciar un proceso constituyente para acabar con la Constitución», explica. Según su argumentación, como la vía jurídica para reformar la Carta Magna en su contenido nuclear es inviable en las circunstancias actuales, algunos han optado por tensionarla, ya sea propugnando la aprobación de normas abiertamente inconstitucionales, realizando interpretaciones inadmisibles o confiando en que sus tropelías no sean anuladas por un Tribunal Constitucional de designación política en el que pretenden ganar presencia. «El resultado es una patológica deslealtad constitucional que se extiende como si fuera algo normal, y que justificaría una reforma de la Constitución para reforzarla en sus aspectos esenciales, y principalmente, para asegurar la unidad de la Nación española, el control constitucional y la separación de poderes» concluye.

No es precisamente optimista el sociólogo Amando de Miguel: «Llevo diciendo mucho tiempo que esta Constitución es una cascara vacía que no funciona. De alguna manera se podría asegurar que ya hemos cambiado de régimen. El espíritu del 78 ya no rige». Para de Miguel hay que diferenciar la vigencia de un texto jurídico con lo que vive una sociedad: «La Constitución es una mentalidad, un espíritu, el texto es una cosa pero la sustancia es otra cosa. A lo mejor es para bien el cambio, pero hoy por hoy es un trauma. El estado de las autonomías ha saltado por los aires. La corrupción ha sido decepcionante porque ha afectado a todo los partidos, y eso desmoraliza a cualquiera». En cuanto el régimen que se quiere implantar para este sociólogo no hay ninguna duda de que modelo se está intentando reinstaurar: «Si algún parecido es con el Frente Popular, pero afortunadamente ahora no hay violencia con lo que no acabará en guerra. Sin embargo ese antecedente no es muy feliz para los socialistas ya que se los comieron los comunistas. Prieto y Besteiro acabaron comidos por Negrín y compañía. Es curioso que los únicos que van a celebrar la constitución son los de Vox. Será porque es el único que no ha tocado poder».

Cambio de cromos con el independentismo

Una de las cosas que más preocupa a los expertos consultados es que la estrategia del «cambio de cromos» con las formaciones independentistas parece formar parte de los planes de futuro del Partido Socialista. El caso de Cataluña es claro: Esquerra apoya a Sánchez y a Iglesias en Madrid a cambio de dejar el paso libre a una Generalitat controlada por los independentistas, que contarán con más años para lograr, a través del control de los medios de comunicación públicos, una clara mayoría a favor de la independencia. En el País Vasco ya hay un vicelehendakari del Partido Socialista de Euskadi y en Galicia ya hubo un bipartito. Si el PSOE sigue por este camino es solo cuestión de tiempo que se produzca un cambio de régimen. El argumento será que la España que tiene que primar es la federal que propugna el PSOE y España podría convertirse en un Estado fallido como Bélgica.