Dinero español para formar a niños terroristas

Al Qaeda recibió grandes sumas de la trama que dirigía el jefe del Islam en nuestro país

Ayman Adlbi, en una entrevista en TVE
Ayman Adlbi, en una entrevista en TVELa Razón (Custom Credit)

Estaba en su despacho de la Mezquita de Estrecho, en Madrid. Entraron los agentes de la Comisaría General de Información (cgi). Mantuvo aparentemente la tranquilidad. Ayman Adlbi, presidente de la Comisión Islámica de España (CIE), les preguntó a qué se debía su presencia. «Está usted detenido» (por un delito de financiación del terrorismo, y se le leyeron sus derechos). Mantuvo la misma actitud, como si no le sorprendiera lo que ocurría.

Adlbi, junto con su gestor, Mohamed Hatem Rohaibani Sleik ,también arrestado, miembro de la Unión de Centros Islámicos (UCIDE), están acusados de estar al frente de una organización que desviaba fondos para financiar a Al Qaeda. Utilizaban la ONG «humanitaria» Al Bashaer, a la que se vinculada con una filial de Al Qaeda en Siria. Se les han intervenido 130.000 euros en efectivo. Un caso más que demuestra la importancia que para los yihadistas que operan sobre el terreno tienen las ayudas que vienen del exterior. Les vale todo, la micro y la macro financiación.

Los arrestados, según fuentes antiterroristas, se valían de organizaciones islámicas que se mueven en el entorno de ellos para pedir contribuciones con el fin de ayudar a los niños huérfanos que causa el interminable conflicto sirio. Esos menores existen en realidad y los fieles entregaban el dinero de buena fe, entre 20 y 500 euros, pero eran otros menores y adolescentes a los que iba destinado: los que reciben enseñanza en varios centros con el fin de convertirles en futuros «moujahidines», combatientes. Si dramático es el terrorismo, la manipulación de seres humanos que, por su edad, son más vulnerables, demuestra el grado de fanatización y falta de escrúpulos de los cabecillas de las bandas yihadistas. La «educación» impartida se centraba en la enseñanza del Islam, en su interpretación más radical, la Sharía y el entrenamiento en la «lucha armada». Muchos de ellos son hijos de yihadistas muertos en combate y les ponen a sus padres como ejemplos a seguir.

Cuando el asunto de la utilización de menores ha saltado a los medios informativos, se han producido veladas acusaciones de islamofobia. La realidad coloca a dada uno en su lugar.

No sólo Al Qaeda, sino también el Estado Islámico, consideran fundamentales los centros para la formación de menores como futuros terroristas. Desde el comienzo del «califato» de Abu Bark Baghdadi, esos «colegios» se organizaron a lo largo del territorio conquistado. Se citan estos ejemplos, porque son ilustrativos y porque, en definita, una banda nace de la otra, cuando decide escindirse: los mismos perros, con distinto collar.

En abril de 2015, LA RAZÓN daba cuenta del contenido del número 8 de la revista «DABIQ», órgano de prensa de Isis. Bajo el título de «Los leones del mañana», aparecían las fotografías de dos adolescentes que, según los yihadistas, asesinaron de un tiro en la cabeza a tres «espías»: dos rusos y un israelí. De paso, anunciaban que tenían en marcha «institutos» para formar a los jóvenes militar y religiosamente. «A medida que el Estado Islámico continua su marcha contra las fuerzas de la incredulidad, existe una nueva generación esperando con impaciencia el día en que ella sea llamada a tomar la bandera de Imán». Según datos de la propia organización, el sistema educativo consistía en que la enseñanza fuera obligatoria para los niños entre los seis y los 18 años; y para las niñas, entre 6 y 15 años. El número de alumnos llegó a superar los 100.000. A partir de los 9 años, eran admitidos en los campos militares y el entrenamiento, similar al de los adultos, incluía todas las disciplinas.

Una declaración de intenciones, el reconocimiento de una realidad, que pone en valor la importancia de la operación de la CGI, porque el dinero que recaudaba la organización desmantelada iba destinado a centros similares de Al Qaeda. Es cierto que las dos bandas están enfrentadas, se combaten de una manera feroz en diversas partes del mundo, en especial en el Sahel, pero, al final, comparten, métodos y objetivos aunque con estrategias y tácticas diferentes.

La mezquita de Estrecho se había convertido en su centro neurálgico de actuación. No es difícil imaginar lo fácil que resultaba recaudar fondos para quiénes lo hacían desde su privilegiados puestos en la CIE y la UCIDE, en una clara utilización de ambas organizaciones que, como tales, no han sido responsabilizadas por la Policía. El presidente de la CIE, por su prominete puesto en la comunidad islámica española, se podía reunir con entidades oficiales, gozar de un prestigio institucional. Si se confirman las evidencias que la CGI ha reunido contra él, algo que deberá resolver la Justicia, se demostrará que estamos ante un caso grave de utilización de entidades islámicas, algo que deberán resolver también los propios musulmanes. No se podrán quejar dos de los detenidos ,entre ellos Adlbi, del trato que les ha dado la Policía de «Al Andalus», como llaman a España, que por razones humanitarias. El gestor de los fondos, que se enviaban a través de una ONG. ha sido el único que, de momento, ha ingresado en prisión.