Rivera será ponente de la regeneración en la Convención del PP

El ex líder de Cs mantiene una fluida relación con Génova e intervendrá en una de las mesas del encuentro que celebrarán los populares en octubre

Pablo Casado y Albert Rivera, en una imagen de archivo
Pablo Casado y Albert Rivera, en una imagen de archivoalbertoroldan.com

El fundador de Ciudadanos (Cs) y ex presidente de este partido, Albert Rivera, sale de la lista de invitados a la Convención Nacional de octubre para ascender a la de ponentes.

En la categoría de solo invitados se quedan los ex presidentes del Gobierno José María Aznar y Mariano Rajoy. La dirección nacional cumplirá con su obligación protocolaria de hacerles llegar una invitación, pero con un formato que limite al máximo su protagonismo. Si pueden asistir, que sea para representar la unidad y su apoyo a Pablo Casado.

Este nuevo PP ha aprendido de los errores del pasado y no quiere interferencias en la Convención ni ruidos que perjudiquen al objetivo de que ésta sea una plataforma desde la que potenciar el liderazgo de Casado y las siglas del PP en la Comunidad Valenciana.

Un tradicional feudo de los populares, que, a costa del desgaste de las mayorías absolutas y de los casos de corrupción, ahora está bajo la presidencia del socialista Ximo Puig.

Los preparativos de este cónclave, máximo órgano entre Congresos del partido, avanzan y a Rivera le han encontrado un sitio para tener voz y no sólo aparecer en una de las fotografías del acto.

La justificación es el carácter de foro abierto a la sociedad civil que Génova quiere imprimir a esta Convención. Una idea que no es nueva, porque ha estado ya en el ideario de las convenciones anteriores, aunque esta vez intentan darle todavía más proyección y duración al debate por la vía de hacer que haya reuniones sectoriales previas al encuentro de toda la cúpula nacional y territorial en Valencia.

Albert Rivera y el PP

El fundador de Cs mantiene una buena relación con la actual dirección del PP, y desde su bufete colabora con el partido en los recursos de inconstitucionalidad y en otros temas de asesoramiento. Quien fuera su «número dos» como secretario de Organización de Cs, Fran Hervías, está también ayudando a Génova en su operación de tocar los «puntos» calientes de la formación naranja para forzar la absorción que rechaza Inés Arrimadas y dejar en evidencia «la debilidad» de sus estructuras territoriales.

Hasta ahora, no se puede negar que Génova ha acertado siempre en la diana en esta operación de dinamitar las estructuras y la proyección electoral de Cs. El «fichaje» de Rivera para la Convención Nacional es otro golpe para Arrimadas porque lanzará al votante el mensaje de que las siglas de referencia de Rivera son ahora las del PP, y no las suyas propias. La jugada está muy medida en el plano táctico. Cs, como ocurre con todos los demás partidos de la llamada nueva política, tienen un proceso de explosión muy ligado a un liderazgo personalista. Ciudadanos ha sido Rivera. Como Vox es Santiago Abascal. O Podemos ha sido Pablo Iglesias.

Que el máximo referente de un partido, que no es capaz de contener su sangría de voto por dejar de ser unas siglas útiles para sus votantes, se exhiba en la gran convención de la formación que fagocita a su marca es un movimiento cargado de intencionalidad y de consecuencias negativas para Arrimadas.

No hay que pasar por alto que Cs también ha convocado una convención política para los días 17 y 18 de julio. Se trata de la primera reunión de alto nivel que celebrará el partido en el momento de mayor crisis de su historia por los batacazos electorales en Cataluña y en Madrid y por su salida de los gobiernos autonómicos de Madrid y de Murcia.

La moción de censura en Murcia ha abierto un calvario para los naranjas que todavía no ha tocado su extremo más doloroso.

Génova concede tanta importancia a la Convención de octubre que comenzó a prepararla hace medio año, y en ella colaborarán hasta 400 representantes de la sociedad civil, con aportaciones –dicen en Génova– para el programa de gobierno de Casado.

En este foro, el líder popular pretende presentarse no como el jefe de la oposición, sino como una alternativa de gobierno.

Su referente es la «fortaleza legislativa» con la que el PP de Aznar llegó en el 96 a La Moncloa, para implementar, si Casado gana las próximas elecciones generales, un «plan de choque» que tome como ejemplo el de aquel Gobierno. Hablan de reforma fiscal, de unidad de mercado, de pensiones sostenibles, reforma sanitaria, educativa y hasta administrativa. Son palabras mayores, pero de todo esto hablarán, aunque sea en líneas generales, en la Convención del mes de octubre para que sea el contexto en el que poner en valor su alternativa de gobierno.

El PP da por amortizado el problema que le ha supuesto Ciudadanos desde su fundación hace más de quince años. Es un voto que consideran que están conquistando por la base, y, en sus cálculos, las próximas elecciones autonómicas y municipales serán el fin de las siglas naranjas porque se quedarán prácticamente sin más sustento que los diputados que conservan en el Parlamento nacional.

La idea de que Rivera se siente en una de las «mesas» de la Convención Nacional del PP para hablar de regeneración democrática, entre otros temas, está, además, cargada de significado para el «marianismo». Rivera ganó poder y llegó a convertirse en un quebradero de cabeza para el PP de Rajoy, y fue una de las razones de su creciente debilidad parlamentaria, precisamente porque consiguió arrebatar a los populares la bandera de la regeneración.

La misma que ondeó Aznar para conseguir en el 96 el hito histórico de presidir el primer Gobierno del PP en democracia. Los escándalos de la etapa de Aznar, y de la etapa de Rajoy, fueron la principal razón de que Rivera llegara a soñar con disputar incluso el liderazgo de la derecha a los populares.

Así lo confirman los hechos que se han sucedido después, y así lo analizan en el seno del PP e incluso también dentro de la formación naranja. Sin la baza de la corrupción como tema principal de la agenda política, Cs se encuentra desarmada para competir como alternativa con los populares.

Rivera siempre mantuvo una distante y pésima relación personal y política con Rajoy. No había confianza y el ex presidente del Gobierno tenía además una pésima impresión del entonces líder naranja, que no ocultaba a sus colaboradores. Nada que ver con la relación que Albert Rivera mantiene hoy con el PP que preside Casado.