Yolanda Díaz pidió la cita con Feijóo a espaldas de Podemos y de Sánchez

El presidente y Belarra se enteraron por la prensa. «Va por libre», acusan a la vicepresidenta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en el Congreso
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en el Congreso FOTO: FERNANDO VILLAR EFE

Yolanda Díaz «va por libre». Con una agenda que «solo» responde a su interés político personal, y al margen, por completo, de la dirección de Podemos. La acusación sale de los «morados», pero la comparten también en las filas socialistas. Dentro de la órbita del PSOE, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es el más contemporizador con su ministra, en una «obsesión» por darle espacio que no entienden en su partido.

El jefe del Ejecutivo calla ante lo que en el PSOE califican de «deslealtades» y apuesta por evitar el choque en la izquierda, algo que en Podemos ven ya imposible.

La dirección socialista y los «morados» asumen que Yolanda Díaz tiene agenda personal, que ejecuta a «sus espaldas y a beneficio propio». Su capacidad de comunicación, y el miedo a que el reproche lo vuelva en su contra ante la opinión pública, «es lo que actúa como freno» de la respuesta socialista y de los «morados».

La negociación de los Presupuestos ha vuelto a hacer estallar la convivencia entre Yolanda Díaz y los ministros de Podemos, pero es solo el último choque de una colección de desencuentros que se cuecen en un contexto en el que cada bando hace la guerra por su cuenta. Como ejemplo, la entrevista que la vicepresidenta mantuvo con el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en plena ofensiva de Moncloa en su campaña de ataque corrosivo contra el líder popular para frenar su escalada en las encuestas.

Esa reunión, discreta, y que solo se conoció por la filtración de Vox de que Santiago Abascal también se había entrevistado con Feijóo, se produjo a petición de la ministra, no por iniciativa del jefe de la oposición. Y el presidente del Gobierno y su jefa de filas, la ministra Ione Belarra, se enteraron de ella por la Prensa.

El espacio de Izquierda Unida está hoy sometido a una profunda división, que va a condicionar su estrategia en las elecciones autonómicas y municipales de mayo. El fracaso de Andalucía ha hecho que cuaje la idea de que hay que romper la alianza y que cada una de las siglas compita por separado, en un pulso que se acerca al cisma y que amenaza los intereses electorales no sólo de estas dos siglas, sino también del PSOE.

No es un problema de ideología, aunque las dos partes lo vistan así para tapar las diferencias personales y de lucha por el poder que condicionan realmente la convivencia a tres.

En el entorno de Yolanda Díaz justifican que la vicepresidenta no cuente con la dirección de Podemos en la acusación de que Podemos sigue la línea que marca Pablo Iglesias para «destrozar» a Díaz. Y en esta batalla de liderazgos y personalismos ha entrado también en juego Íñigo Errejón, para intentar cobrarse, de la mano de Yolanda Díaz, la deuda que cree que todavía le debe Iglesias.

El acercamiento entre la vicepresidenta y el «errejonismo» es otro elemento más de pulsión en un tiempo ya de precampaña electoral, en el que en el PSOE cada vez dudan más de la fuerza real que pueda tener Yolanda Díaz en las urnas.

El problema para la vicepresidenta es que en este marco de deslealtad personal y política, recíproca, necesita a la estructura de Podemos, y Podemos la necesita a ella para garantizarse la supervivencia. Los «morados» se enfrentan a la amenaza de quedarse sin poder territorial en mayo, lo que les llevaría a ser una minoría en el Congreso, sin apenas fondos, en consecuencia, para mantener el proyecto político.

En la izquierda ven como opción más posible la escisión a medio plazo en Unidas Podemos, y con esa expectativa de fondo los dirigentes con cargo empiezan a tomar posiciones para no quedarse en la nave que naufrague.

El proyecto de Sánchez con Yolanda Díaz también hace aguas a juicio de su partido. Dicen que fue el presidente del Gobierno el que la animó a dar el paso a heredar el liderazgo de Iglesias y ponerse al frente de un proyecto político personal más conciliador con el PSOE. En una jugada que los socialistas han leído, al mismo tiempo, como una maniobra para vengarse de Iglesias. Pero la partida no ha terminado, y el riesgo ahora es que sea el ex líder del Podemos el que gane la revancha.

Éste es el contexto en el que la izquierda aguantará hasta las elecciones generales, pero con la perspectiva de que no se repita la suma entre Izquierda Unida y Podemos en la papeleta electoral.

En Moncloa dan por hecho que los «morados» no tienen más salida que aguantar en el gobierno, que no pueden permitirse el lujo de romper la coalición, y mucho menos votar en contra de los Presupuestos: «No tienen margen más que para hacer ruido».

Pero, por encima de estas rivalidades de egos, el problema que hoy más preocupa en Moncloa está en cómo se distribuye el voto dentro del conglomerado de la izquierda. Tienen detectado que las mejoras que experimenta el PSOE es a costa de Podemos, en un trasvase de voto que no les permite crecer en su conjunto. No suman más, y esto aleja la repetición de la coalición de gobierno. Hay una fuga a la abstención y a las siglas populares que la rectificación fiscal o el discurso de pobres contra ricos no termina de corregir. Ahora la esperanza la tienen puesta en la campaña para vender por toda España el contenido «social y progresista» de los Presupuestos.

Este fin de semana el presidente del Gobierno volverá a someter a prueba su liderazgo en la calle, y ha escogido, precisamente, uno de los municipios madrileños del «cinturón rojo». En el PSOE de Madrid temen que la visita acabe volviéndose en contra, y que el recibimiento no sea tan entusiasta como esperan en Moncloa. El «cinturón rojo» de la capital será el campo de batalla entre PSOE y PP en las municipales.