Artur Mas, a los empresarios: «O gano la calle, o pierdo todo»

El presidente de la Generalitat cenó con ellos en Menorca y les confesó algunas de sus preocupaciones

Cataluña vive una grave crisis socioeconómica y una merma de sus libertades básicas sin precedentes. Necesitamos un gobierno que gobierne, no excluyente sino eficaz y convincente. Éste es el análisis que un grupo de empresarios catalanes le hicieron hace unos días al presidente de la Generalitat, Artur Mas, en una hermosa cala de Menorca, en Fornells, donde Mas y muchos de ellos veranean desde hace años. Retiro estival de la alta burguesía catalana, ahora alarmada por la deriva de los acontecimientos. A la cena, frente a un típico «suquét» de pescados, asiste también el ex alcalde convergente de Barcelona, Xavier Trias. Horrorizado por la gestión de su sucesora, Ada Colau, Trias se muestra contrito y bastante crítico con la lista separatista. Según algunos de los presentes, Mas habla poco, escucha pero hace continuos gestos de resignación: «Hasta aquí hemos llegado o gano la calle o pierdo todo». La confidencia deja a los dirigentes empresariales de una pieza. A un mes escaso del 27-S, culmen del desafío separatista arbitrado por Mas, la situación se caldea por momentos. Divisiones profundas en la lista independentista, «Juntos por el sí, desunidos por el futuro», reconocen en los partidos y formaciones que la integran. El último episodio fue de traca, cuando la cúpula de Convergencia exigió una rectificación pública al cabeza de lista, Raúl Romeva, para apoyar la presidencia de Mas en caso de victoria electoral. Mientras, el líder de ERC, Oriol Junqueras, aseguraba a los cuadros de su partido que no renunciará a liderar una República catalana, y las organizaciones independentistas, la ANC y Omnium Cultural ,esperan el éxito de la Diada el próximo once de septiembre para medir sus apoyos. Según algunos de los comensales a la cena menorquina, Mas está presionado al máximo para acudir a la manifestación, algo que nunca ha hecho ningún presidente de la Generalitat, por mantener su papel institucional.

Si claudica y va, será el títere definitivo de los independentistas. Y puede ahuyentar el poco voto catalanista que le queda a Convergencia. Pero si no acude, «lo sacrificarán del todo», en palabras de veteranos dirigentes de la antigua CiU, hoy desviados a Unió, el socio de tantos años, el partido de Duran, que empieza a recoger un granero de votos importante. De una parte, el moderado catalanista contrario a la independencia. Y de otra, un sector españolista que apoyó en su día a Ciudadanos y se siente ahora defraudado por la formación de Albert Rivera. «Va de español en Cataluña, de socialista en Andalucía y de redentor en el resto de España. Un fiasco». Así se expresan algunos destacados empresarios catalanes que en su día apoyaron a Rivera y ahora son muy críticos con C’s y su política de pactos tras las municipales y autonómicas del 24 de mayo.

En esta recta final hacia el 27-S, sectores políticos y socioeconómicos catalanes coinciden en el diagnóstico: profundas fricciones en la lista independentista y bajada en su expectativas electorales. Presiones enormes de ERC y las organizaciones separatistas hacia Mas para agitar la calle. Intentos de reagrupar las fuerzas de izquierda, con Iniciativa, la CUP y las marcas blancas de Podemos en un embrollo colosal. Hundimiento absoluto del PSC, cada vez más escorado a veleidades soberanistas, con enorme enfado en Ferraz. Según fuentes del PSOE, el enfado de Pedro Sánchez con el primer secretario del PSC, Miguel Iceta, «es de campeonato». Sobre todo, cuando la sombra de las elecciones generales, a primeros de diciembre, es inminente. «¿Le va a quitar el PSC a Sánchez la posibilidad de ser presidente del Gobierno de España?», se preguntan sectores críticos del partido. Hasta el punto de que muchos en la «vieja guardia» apoyarían una ruptura de ambas organizaciones, cuya relación siempre ha sido conflictiva. «Un socialista jamás puede ser nacionalista», reiteran con total respaldo a las tesis de la presidenta andaluza, que mantiene su guadaña hacia Sánchez en el alero vigilante y vigilado.

Las llamadas «dos Cataluñas» afrontan días decisivos, con un avance del bloque antisoberanista. Tras las últimas manifestaciones empresariales, entre ellas la de Josep María Bou y Jose Luis Bonet, algo se mueve en el frente político. El líder del PP, Xavier García Albiol, lo tiene claro: «Hay que ser generosos e inteligentes en función de los resultados», dice este gigantón de la política, claro y diáfano como pocos, que arrasó con una estupenda gestión en Badalona. En un claro mensaje a Ciudadanos, apoya sin reservas una alternativa constitucionalista. «Soy partidario de que quien obtenga más votos legítimamente pueda aspirar a ser presidente», opina ante una posible confluencia de los partidos contrarios a la independencia. El guante es recogido por la candidata de C’s, Inés Arrimadas, quien no se opone a un pacto con el Partido Popular para evitar un gobierno separatista. «Los partidos constitucionalistas hemos de ser responsables y sumar entre nosotros para hacer frente a los que buscan romper España», afirma esta joven jerezana afincada en Cataluña.

En el otro plano de la baraja se sitúa Unió Democrática, el partido de Durán Lleida, con influyentes relaciones en Madrid. El pistoletazo de salida de su programa electoral ya lo hizo su candidato, Ramón Espadaler, antes de las vacaciones veraniegas en un hotel madrileño. Los democristianos, ya en solitario, aspiran a recoger el voto de la Cataluña sensata, cohesionada y no excluyente. Según Duran, los ejes están claros:recuperación económica, diálogo para superar la situación incómoda y tensa con el Estado, defender los valores de la familia y derechos sociales. «El programa de Unió no se basa sólo en las relaciones entre España y Cataluña, sino en otras preocupaciones de los ciudadanos como el desempleo», dice su candidato. Según fuentes de Unió, los sondeos les auguran una horquilla de entre seis y ocho diputados, lo que les permitiría un grupo parlamentario propio en el Parlamento de Cataluña. Todo un éxito tras la ruptura de treinta y cinco años con Convergencia y que les daría un salto cualitativo en las generales.

Duran y sus hombres de confianza, entre ellos el veterano y ahora director de campaña Josep Sanchez-Llibre, siempre han sido claves en el Congreso de los Diputados y mantenido buenas relaciones con todos los gobiernos en Madrid, en especial en esta legislatura con la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Nadie duda que en esta etapa convulsa pueden jugar un importante papel en el conflicto. Mientras, su antiguos socios convergentes enfilan un camino hacia el abismo. El último, la petición que le hizo Artur Mas a la antigua activista y ahora alcaldesa Ada Colau para adherir Barcelona a la Asociación de Municipios por la Independencia. «El último disparate», dicen antiguos dirigentes de CDC, para quienes esto es una nueva maniobra de ERC y su hombre fuerte en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal, Alfred Bosch.

En la cena menorquina, quienes hablaron con Mas le vieron «acorralado y noqueado», pero dispuesto a no tirar la toalla. «Su fuerza es la calle en la Diada del 11 de septiembre y la manipulación en TV3», apostillan. Las presiones son fuertes y el reto enorme, es hora que la Cataluña silenciosa pierda el miedo y salga a votar. El presidente de la Generalitat es ya un líder camuflado en una lista vergonzante, que ha fagocitado su partido y que en sus adelantos electorales ha ido perdiendo apoyos y votos, pero empecinado como un mesías redentor. Con su economía asfixiada y las libertades en solfa, algunos de los asistentes al término de la cena reflexionaron bajo la luna de la isla ventosa: «Nunca un Mas pudo ser menos».