Política

Cataluña volverá a ir a elecciones si la CUP veta los Presupuestos

La comunidad catalana, al borde de sus cuartas elecciones en seis años. Si la CUP no apoya los presupuestos que presenta hoy la Generalitat «se acaba la legislatura», avisa Artur Mas. Puigdemont se desentiende de la negociación con los antisistema, que recaerá en Oriol Junqueras

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (i), escucha al presidente de CDC, Artur Mas, tras el anuncio de los resultados del "supersábado", el 21 de mayo
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (i), escucha al presidente de CDC, Artur Mas, tras el anuncio de los resultados del "supersábado", el 21 de mayo

El Gobierno de la Generalitat ha reaccionado con frialdad a la decisión de la asamblea de la CUP de «librarse» del pacto que en su día se firmó para dar estabilidad al ejecutivo de Carles Puigdemont y dejar en la cuneta a Artur Mas. Una estabilidad que ahora parece peligrar y amenaza con romperse, y que, si se le suma a la hipótesis de que las cuentas catalanas no salgan adelante, todo apunta a una nueva llamada a las urnas en otoño. La cuarta en casi seis años... El primer obstáculo llega hoy, con el proyecto de presupuestos que presenta la Generalitat. Y a partir de ahí, los debates, las batallas...

Pero Carles Puigdemont no realizará ningún contacto con la organización antisistema, según han informado fuentes de Presidencia de la Generalitat, y deja el proceso negociador a Junts pel Sí. O sea, deriva toda responsabilidad al grupo parlamentario donde conviven convergentes, republicanos e independientes. El presidente catalán se reserva el papel del «optimista», del que afirma que al final habrá acuerdo, pero reniega de la negociación en primera persona. Eso se lo deja a su vicepresidente, Oriol Junqueras, y a los responsables de Junts pel Sí en el Parlament: el convergente Jordi Turull y la republicana Marta Rovira.

Esquerra Republicana, la encargada de presentar los presupuestos, dado que Junqueras es el vicepresidente económico, ha mantenido un discreto silencio para no complicar todavía más las cosas. De hecho, los republicanos no han repudiado a la CUP porque además de necesitarlos para aprobar los presupuestos, ERC espera que muchos cuperos dejen su voto –en las próximas generales– en el saco republicano para consolidar su sorpasso a los convergentes en el movimiento soberanista. Oriol Junqueras se ha encargado en persona de marcar la sinfonía que tocará su partido en los próximos días «nuestro socio prioritario es la CUP. La primera opción es intentar aprobarlos con ellos» porque «es un socio fiable» y se ha mostrado «muy respetuoso con la soberanía de los partidos».

Convergència, por su parte, se mueve desde el desprecio hasta la exigencia de que cumplan lo pactado pasando por el temor de una nueva convocatoria electoral que desde la calle Córcega se ve cada día más que como hipótesis como realidad, aunque Junqueras siempre niega esta posibilidad.

«No se ha roto nada»

El primero en romper el fuego fue Francesc Homs, el líder de Convergència en el Congreso de los Diputados. «No se ha roto nada. Sólo es una señal de presión», argumentó a preguntas de Carlos Alsina en Más de Uno de Onda Cero. Y añadió «es lo típico de los minoritarios, que no están de acuerdo en el ritmo de cómo se hacen las cosas». Homs se mostró convencido que «la legislatura no se ha agotado» y que el Gobierno «llevará los presupuestos al Parlament», ninguneando el último movimiento de los independentistas radicales a los que ha exigido «menos ruido y más compromiso».

En Convergencia no dan crédito a esta vuelta de tuerca de la CUP que llama a Junts pel Sí a ponerse las pilas. La sorpresa se puede resumir en unas palabras de Artur Mas en Catalunya Ràdio. Ante la posibilidad de ruptura, el todavía presidente de CDC afirma que «lo encontraría alucinante. No me entra en la cabeza que pueda pasar algo así». Sin embargo, esa ruptura es posible porque la CUP ha redoblado su presión «ruptura –con España–, proceso constituyente y plan de choque social», repetía la presidenta del grupo parlamentario, Mireia Boya.

Junts pel Sí tiene una posición dubitativa ante los temas que la CUP considera que el grupo mayoritario ha hecho dejación. La formación anticapitalista cuestiona la hoja de ruta y exige un referéndum de autodeterminación de forma inminente, un proceso constituyente y unos presupuestos que acaben con el pasado de los recortes. Junqueras sabe que en este punto el soberanismo mayoritario tiene un problema porque el margen presupuestario es escaso y los números no llegarán a la exigencia de los «cuperos», pero confía en la negociación. Puigdemont, no tanto, si atendemos a las declaraciones de Mas que considera que tanto él como el presidente saben que «si la CUP no apoya los presupuestos se acaba la legislatura».

En este sentido, hay que entender la última propuesta del ex presidente catalán que apunta a sustituir el referéndum imposible por unas nuevas plebiscitarias –una vez se haya agotado el proceso de 18 meses por el que se comprometía Puigdemont a llevar a Cataluña a la independencia– donde lo importante «sea contar votos y no diputados». Este nuevo conejo de la chistera sale del mismo bolsillo de la chaqueta en el que Mas lleva –y enseña a todo aquel que lo quiere ver– el acuerdo firmado por él mismo con los representantes de la CUP hace apenas cuatro meses.

El último movimiento de la CUP que apuesta por «librarse» de este acuerdo no rompe con Junts pel Sí estrictamente, pero acrecienta su debilidad. «Estaba en cuarentena y ahora está en la Unidad de Cuidados Intensivos», comentan desde la formación nacionalista. De hecho, los acuerdos están en entredicho desde el principio. Mas se sorprendió de que la CUP no cesará a Anna Gabriel, la persona que tiene más poder en la formación, tal y como el anunció que se haría. Dos meses más tarde, el gobierno catalán quedó en minoría al perder una votación que reclamaba que la gestión de la controvertida adjudicación a Acciona de Aigues Ter Llobregat volviera a ser pública.

Acto seguido, la CUP quiso que el Parlament desobedeciera la suspensión del Constitucional y su moción tuvo que dividirse para que prosperara, dejando en evidencia las tensiones internas del soberanismo. Y la última vez, fue hace escasas semanas cuando la CUP votó contra el gobierno pidiendo la rescisión de las ayudas públicas a las escuelas que segregan a los alumnos por sexos.

La Asamblea de la CUP se celebró en Esparraguera y en la moción que exige a Junts pel Sí que «se ponga las pilas», participaron 435 afiliados. Lejos quedan los 3.030 que votaron en la controvertida asamblea de Sabadell. Y de esos 435, sólo 251 la apoyaron, mientras que 184 votaron en contra, lo que revela que en el seno del movimiento «cupero» las diferencias y enfrentamientos que se mostraron en el proceso que acabó con la presidencia de Mas no han sido superados.

Sin embargo, su último movimiento sí que ha conseguido su principal objetivo: volver a desestabilizar al sistema y al mundo soberanista.

- 28 de noviembre de 2010

Fue la última cita con las urnas «normal» en Cataluña. Artur Mas se proclamó presidente tras obtener mayoría simple. Eso sí, la legislatura no duró ni dos años y el 25 de septiembre de 2012 el entonces president convocó nuevos comicios.

- 25 de noviembre de 2012

Pese a que las elecciones al Parlamento catalán debían celebrarse en 2014, el deseo independentista de Mas le llevó a adelantar la cita con las urnas. Volvió a ganar la Convergència de Artur Mas. Sin embargo, tampoco completó la legislatura.

- 27 de septiembre de 2015

Han sido las elecciones catalanas con más marcado acento independentista. De hecho, se plantearon como un plebiscito sobre la ruptura con España. Venció JxSí, la marca con la que llegaba Mas, que finalmente se tuvo que echar a un lado. Podrían no ser los últimos comicios...