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Comodín independentista para resistir o disolver

Si no aprueba las cuentas, exhibirá el veto del soberanismo de cara al 26-M para negar pactos ocultos.

  • Comodín independentista para resistir o disolver

Tiempo de lectura 2 min.

06 de diciembre de 2018. 02:05h

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Ainhoa Martínez Madrid. 6/12/2018

Pedro Sánchez se estrena como presidente del Gobierno en un Día de la Constitución marcado por su 40 aniversario. El jefe del Ejecutivo llegó al poder hace seis meses apoyándose en una herramienta constitucional –sí, la moción de censura lo es–, pero de la mano de unos socios que o bien cuestionan abiertamente lo que representa el «régimen del 78» o han incurrido en graves afrentas a la legalidad y al Estado de Derecho. La reforma de la Carta Magna siempre fue para el PSOE el vehículo imprescindible para dotar de una solución política a Cataluña, pero la falta de consenso en el Congreso y la extrema debilidad del Gobierno socialista les ha impedido impulsarla. Esta debilidad es la que coloca a Sánchez en manos de los independentistas, una dependencia que desde Moncloa niegan y aunque presuman de una autonomía que no tienen, en paralelo intentan utilizar ese vínculo insalvable en su propio beneficio.

En este marco se encuadra la decisión de presentar los Presupuestos Generales del Estado en enero. Tras la debacle andaluza el Ejecutivo ha visto la necesidad de cambiar el paso aunque en el zapato mantenga la «china» de los independentistas. Una alianza que tiene su peso en la hecatombe electoral del domingo, pero que al mismo tiempo supone el salvavidas de Sánchez para mantenerse en La Moncloa y reflotar el proyecto socialista. El Gobierno cree apostar sobre seguro con la presentación de las cuentas. La vocación es llegar a aprobarlas y para ello se han servido de la irrupción de Vox en Andalucía para cargar de argumentos el discurso del miedo a la derecha –ahora extrema derecha– que ya se había comenzado a desplegar: ante un eventual bloqueo parlamentario, la convocatoria de elecciones estaría más cerca y existe la posibilidad cierta de que PP y Ciudadanos sumen y desalojen a los socialistas del poder. Este bloqueo es al que fuentes gubernamentales ligan el fin de la legislatura. Esto es, Sánchez se mantendrá en La Moncloa mientras vea aprobadas en el Congreso las medidas que impulse, en el momento que estas comiencen a cegarse, disolverá. El Gobierno presionará con esta expectativa a ERC y el PDeCAT que ayer parecieron abrirse a dar su apoyo si «hay una propuesta para Cataluña».

Esta ambigua petición puede ser un callejón sin salida en el momento en que vuelva a entrar en juego la libertad de los presos del «procés» u otras exigencias que el Ejecutivo no puede cumplir. Pero también esta vía parece tenerla explorada Moncloa, que utilizaría el rechazo de los soberanistas a sus cuentas para demostrar que no tiene ningún vínculo con los independentistas y concurrir a las urnas –quizá en un «superdomingo» el 26 de mayo– juntos con los barones territoriales sin el lastre de pactos con quienes quieren romper España. Los próximos acontecimientos marcarán el camino a seguir.

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