ETA se queja de la «ineficiencia» de su brazo político

Un documento interno critica la gestión de Bildu en los ayuntamientos

-«Imposición, lejanía e incapacidad». Estas palabras figuran en un documento interno de ETA y no van dirigidas contra el Gobierno de la nación, sino contra Bildu, al analizar lo que ha sido su gestión al frente de los ayuntamientos y otras instituciones que gobiernan gracias a la legalización del Tribunal Supremo.

Según han informado a LA RAZON fuentes conocedoras del asunto, la situación en el seno del mundo de ETA es de una «altísima tensión», por lo que no se puede descartar en ningún momento algún acontecimiento que sacuda a este sector, incluida una escisión dentro de la propia banda terrorista.

El citado documento es una muestra más de esos enfrentamientos. Entre otras cosas, se dice sobre Bildu que, después de los resultados electorales obtenidos, «las cosas no se han hecho suficientemente bien. Los ciudadanos han percibido una cierta voluntad de imposición en ciertas gestiones».

«En otras ocasiones –agrega– lo que han percibido (los ciudadanos) es lejanía e incapacidad». También subraya la banda, en referencia clara al PNV, que «está costando aprender las formas que otros tenían de actuar en las instituciones».

En el trasfondo de las críticas está la falta de resultados prácticos de las movilizaciones que la llamada «izquierda abertzale», legalizada en Bildu, Amaiur y Sortu, ha protagonizado para presionar al Gobierno y que negociara con la banda las «consecuencias del conflicto», en especial la liberación de los presos y la expulsión del País Vasco y Navarra de las Fuerzas de Seguridad y de los Ejércitos. «Necesitamos mayor fuerza en la calle», subraya el documento. En un reciente comunicado publicado en «Gara», ETA les acusaba de haberse comportado como meros espectadores.

El tema de los presos es el que ha dividido claramente al mundo de ETA, entre los posibilistas (Arnaldo Otegi, Rafael Díez Usabiaga y el abogado Íñigo Iruin, que hasta ahora se mantenía en la sombra y no ha tenido más remedio que salir a la palestra); y los «arantxas», encabezados por la letrada Arancha Zulueta y que representan a la mayoría del colectivo de presos (EPPK).

Los primeros son partidarios de que los reclusos adopten decisiones personales mientras que los segundos sostienen que o «hay soluciones para todo el colectivo, o no hay solución».

A este debate no es ajena ETA, en la que se repiten los enfrentamientos por lo que los expertos no descartan, de aquí a fin de año, una escisión, y que algunos opten por posiciones más radicales, sin descartar ninguna hipótesis. Iruin, una de las grandes «mentes pensantes» del proceso que se gestó al final de la pasada legislatura entre el Gobierno y socialista y el PNV por un lado, y ETA y su entramado, por el otro, no ha tenido más remedio que romper su silencio y ofrecer una serie de soluciones que los expertos consultados por este periódico dudan de que puedan ser aceptadas por las partes enfrentadas, dado el nivel de enconamiento. El abogado sostiene que «frente a esta situación, la izquierda abertzale debe hacer una nueva hoja de ruta», dado que el PP ha producido un «bloqueo muy audaz» y que «en los próximos años las condiciones no cambiarán».

En una entrevista publicada en euskera en el diario «Berria», reconoce que el «control del tiempo está en manos del Gobierno de España». Y realiza un llamamiento a la unidad, cada día más difícil: «Se debería diseñar de nuevo el modo de hacer frente a esta situación. Y eso lo debe hacer la izquierda abertzale en su totalidad».

Lo que ocurre es que Iruin, ante la firmeza del Gobierno, propone «hacer el camino poco a poco y paso a paso, y necesitaremos una gran paciencia para ello, teniendo los pies en el suelo». Algo que a los «arantzas» les suena casi como un insulto, ya que cuando empezó el «proceso» se les hicieron una serie de promesas, en función de las cuales la mayoría estaría ya en libertad.

Llama la atención que ante la situación de tensión que vive el mundo terrorista de ETA, una persona con tan largo recorrido dentro de la izquierda abertzale como Íñigo Iruin, en vez de afrontar los problemas internos, se limite a echar la culpa al Gobierno por mantener la legalidad, y a la Audiencia Nacional por aplicarla. De ésta dice palabras a tener en cuenta, como que «ha sido la imagen de la llamada lucha en contra del terrorismo, y en este momento es la fortaleza de las venganzas políticas y de las condenas en contra de los presos. La nueva situación de «Euskal Herria» ha tenido muy poca influencia allí (...) a lo sumo en un 20 por 100 de los magistrados».

¿Una policía de corte político?

Entre los documentos internos que se manejan en el debate interno que ha mantenido ETA en los últimos meses, tras el fracaso del primero, figura uno en el que la banda marca su papel en el futuro. Preocupante es la referencia a que «alimentará la naturaleza luchadora y revolucionaria del movimiento de liberación». Algo así como el primo ese grandullón del anuncio de los zumos, al que se echaba mano cuando había que imponer las cosas. Otro de los aspectos que se plantean los pistoleros es el «mantenimiento de la cohesión interna y la unidad del movimiento de liberación», algo así como una policía política al estilo Gestapo. Y, por supuesto, vigilará que el proceso de liberación se desarrolle según sus intereses.