La Cataluña hiperorganizada

Para entender el avance del independentismo en Cataluña hay que tener en cuenta la extensa red de asociaciones culturales en defensa de las tradiciones. De raíz nacionalista, son un ejemplo de organización.

Para entender el avance del independentismo en Cataluña hay que tener en cuenta la extensa red de asociaciones culturales en defensa de las tradiciones. De raíz nacionalista, son un ejemplo de organización.

Observando las grandes manifestaciones que han proliferado por Cataluña desde que se puso en marcha el «procés», muchas personas se han preguntado desde su escéptico individualismo de dónde sale tanta gente. Tanta gente que, además, se lleven tan bien entre ellos y participan encoreografías realmente disciplinadas. Además de la fe ciega en la independencia –en diferentes grados: desde el ruralista «defendamos lo nuestro» al moderno urbanita «cool» de «queremos más democracia»– hay un hecho clave y necesario: Cataluña es una sociedad con una red asociativa que permite movilizar a centenares de miles de personas sin demasiado esfuerzo y siempre dispuestas. Y no hablamos en asociaciones políticas, sino sardanísticas, grupos de diablos, corales, castellers, gigantes y cabezudos, o pesebristas... Sí, de construir belenes.

Este magma formado por 4.217 asociaciones culturales en el que participan más de 350.000 personas, según el Departamento de Cultura de la Generalitat, tiene una raíz catalanista desde sus orígenes, articulado a través de la defensa de las tradiciones y, claro, pasados los años, más de un siglo después de aquella Renaixença –movimiento que quería desarrollar el uso de la lengua e identidad catalanas– ha sido un ejercicio obsesivo de recuperación de los usos más atávicos de la cultura. El nacionalismo catalán, según lo quiso Jordi Pujol, es de base cultural o será, con las consecuencias ya conocidas. En Cataluña hay 15.388 fiestas tradicionales, según el inventario del patrimonio festivo de la Generalitat. Se protege con celo lo que un mundo laico y urbano ha ido apartando. A la vanguardia de este imaginario está un higienismo naturalista –con 352 centros excusionistas y más de 63.000 socios– y, sobre todo, la educación infantil en el tiempo libre, el «esplai», todo un símbolo en la cultura catalana. En las manifestaciones «festivas» de estos días había mucho escultismo lúdico, muchos diablos lanzando fuego y un comunitarismo muy asfixiante que está en la base del independentismo catalán.