¿Por qué los García, Martínez y López no pueden ser diputados independentistas?

Entre los 66 cargos electos de ERC y JuntsxCat, tras el 21-D, apenas hay diputados con alguno de los apellidos más comunes de Cataluña

Entre los 66 cargos electos de ERC y JuntsxCat, tras el 21-D, apenas hay diputados con alguno de los apellidos más comunes de Cataluña. Si eres un López, quizá puedas votar a los secesionistas pero nunca formar parte de su élite política.

Abiertas, plurales, transversales.... Así nos dijeron ERC y JuntsxCat que serían sus listas para el 21-D, pero algo debió fallar en sus cálculos. Ellos aseguraron que sus candidatos eran el fiel reflejo de la sociedad catalana, pero nada más lejos de la realidad. Tanto es así, que lejos de representar a todos, lo que hicieron fue arrinconar a la mayoría.

Según fuentes de la propia Generalitat, entre los cincuenta apellidos más comunes de Cataluña se encuentran los García, Martínez, López, Sánchez, Rodríguez, Fernández, Pérez, González, Gómez, Ruiz, Martín, Jiménez, Moreno y así un largo etcétera.

Los tres apellidos más frecuentes en Cataluña son García, Martínez y López. Y es que la mitad de la población catalana tiene como primer apellido uno de los 600 más comunes en el país. Según publicaba recientemente la web “Geografía infinita”, tomando como base los datos disponibles en el Instituto de Estadística de Cataluña, “el apellido García gana por goleada. De cada mil personas en Cataluña 22 se apellidan García como primer apellido y 23 lo tienen como segundo. En el conjunto de España 31 de cada mil personas se apellidan García. Además, 15 de cada mil personas se apellidan Martínez y otras 15 López. Luego están los Sánchez, los Rodríguez, los Fernández“.

Pero esto no sólo ocurre en la provincia de Barcelona. “En Gerona, el patrón es el mismo, con Rodríguez en el tercer puesto del podium en vez de López. Ya en décima posición de los apellidos más frecuentes de esta provincia aparece el primer apellido propiamente catalán: Vila. En el puesto 17 aparece Serra, en el 19 Soler y en el 21 Puig”. En Tarragona, la lista está dominada por García, seguido de Martínez y López. El primer apellido catalán en esta provincia es Martí, si bien Martín es más frecuente. Y en Lérida, hay que irse al noveno puesto para encontrar el primer apellido catalán: Solé.

Pues si uno echa un vistazo a los candidatos electos independentistas, puede tardar varios minutos en encontrar un apellido que no sea puramente catalán. Y no hablamos del primer apellido sino del segundo.

La candidatura del huido Carles Puigdemont, se cuidó muy mucho de que en sus listas no apareciera ningún atisbo de españolidad, sin contar a su fiel amigo de aventuras, Jordi Sánchez. El ex presidente de la ANC figura como número dos en la candidatura de JuntsxCat pero sobra decir que precisamente él no arroja duda alguna sobre su identidad política.

De sus 34 diputados, hay que irse hasta la número 15 de la lista, María Isabel Ferrer Álvarez, para encontrar un resquicio del castellano. No hay muchos más, apenas encontramos dos más: Jordi Munell i García y Mónica Sales de la Cruz. Quizá el único punto negro en esta maquiavélica lista independentista es Anna Geli España. Y es que ser independentista y apellidarte España debe ser «lo más».

El resto, los consabidos Ponsatí, Turull, Borràs, Rull, forn, Pujol, Madaula, Artadi, Torra, Font, Riera, Tarrés, Ferrer, Roselló, Geis, Puig, Guinó, Munell, Forné, Solsona, Macià, Campdepadrós, Pallarés, Batet...

Queda claro que la candidatura de Junts per Catalunya más que abierta y plural es excluyente. Si te apellidas Gómez, González o Martín no tienes nada que hacer por muy independentista que seas, a pesar de ser apellidos mayoritarios en Cataluña.

¿Y por qué Rufián sí?

Llegados a este punto muchos pensarán que esta teoría pierde su razón de ser con ERC. Una de sus caras más visibles es Gabriel Rufián. «Charnego» por definición y con sus orígenes en Jaén, es uno de los máximos referentes de la formación republicana a nivel nacional, junto con Joan Tardá. Pero una cosa es el Congreso de los Diputados y otra muy distinta intentar robar votos a tu máximo rival en esto del secesionismo. En esa lucha de poder con Puigdemont, los del encarcelado Oriol Junqueras lo han tenido claro: Ni un sólo apellido que nos relacione con España. De sus 32 diputados, ninguno lleva apellido español o al menos, de los más comunes en Cataluña.

La exigencia de tener un apellido catalán de cara a la galería independentista es objetivo prioritario de estas dos formaciones. Sus listas, lejos de estar hechas al azar, son minuciosas y estudiadas.

El contrapunto lo ponen el resto de formaciones que se han presentado a las elecciones del 21-D como Ciudadanos, PSC o PP en cuyas listas de diputados electos se mezclan los López, Sánchez, Fernández, González y Pérez con los Espadaler, Terrades, Castel o Levy.

En el caso de Ciudadanos, la lista es clara: Arrimadas, Carrizosa, Espejo, de Páramo, Sierra, Martín, García, Bravo, Mejía, de la Calle, Espinosa, Beltrán, Vílchez, Guilarte, Barra, Navarro, Cano, Sanz, Rivera, Vallencia, Valle, Fernández, Gragera, Rodríguez, Castel, Sánchez Fisac, Amelló, Fernández, González, Escamilla, Bertrán, Alonso Ruiz, Roldán, Sánchez Martín, Domínguez y Fernández. Ni rastro de catalanidad profunda, de esa cuyo carné entrega la Cataluña profunda.

Y en el PP, más o menos lo mismo, García Albiol, Levy o Rodríguez. Más mezcla hay en el PSC, en el que hay desde Pérez, Moreno, Ibarra, Granados o Castillo, hasta Terrades, Escarp, Pedret, Niubó o Gibert. Incluso los de Xavier Doménech, que han conseguido ocho escaños en el Parlament, tienen una muestra representativa de los catalanes, aunque también hay un López y un Sánchez.

Ómnium Cultura y la ANC también son un reducto del catalanismo “elitista” de rancio abolengo: con mirar los nombres y apellidos de sus juntas directivas nos podemos hacer una idea de por dónde van los tiros. Así, en la junta directiva de Ómnium son mayoría los Pujol, Rovira, Llansana, Cuixart, Vallvé, Carles i Subirà, Bosch, Duran, Gay, Marí, Sebastiá, Garsaball, Gimeno, Solé, Llobet, Ferré o Pelejà.

Otro ejemplo: Femcat, la fundación de empresarios que, desde 2004, trabaja en “contribuir a que Cataluña dé un paso adelante y se convierta en uno los países líderes social y económicamente del mundo” y en y “velar por la mejora de la competitividad de nuestro país”. Quién está detrás. Pues Pau Relat (consejero delegado de Mat Holding), el presidente, Ricard Aubert (del grupo Simón); Elena Massot, de Vertix, Xavier Fitó (Semillas Fitó); Mireia Tomás (ex Agroliment), Josep Santacreu, de la compañía DKV Seguros, Jordi Bagó, Joan Carles Ollé, presidente del Colegio de Notarios de Cataluña, Tatxo Benet, periodista y socio del grupo Mediapro... ¿Ha visto algún apellido no catalán?

Así, resulta difícil creerse la teoría de la diversidad, la pluralidad y la transversalidad de la que tanto hablan los independentistas en periodo electoral. Por más que nos hayan vendido que el independentismo catalán no es étnico sino transversal, los hechos desmontan esta teoría. El soberanismo en Cataluña sigue anclado al mundo rural y cerrado, al de las viejas familias payesas, al de las masías de Gerona o Lérida, y a la burguesía de siempre, los clanes de discurso independentista, que apoyan al PDeCAT aunque hayan sacado el dinero de allí en cuanto las cosas han pintado mal.

La inclusión de Rufián, que formaba parte del movimiento Súmate, una plataforma que reivindica el independentismo expresado en castellano, es una coartada, una excusa para mostrar esa cara integradora, pero el mapa del voto en Cataluña, esa Tabarnia imaginaria, es clara: allí donde hay más voto inmigrante, los barrios populares de Barcelona, el área metropolitana y la franja costera de Barcelona y Tarragona es donde los partidos soberanistas obtienen menos votos, mientras que en las comarcas del interior, en Gerona y Lérida y el sur de Tarragona, allí donde los ocho apellidos catalanes son mayoría, hay poco sitio para el “unionismo”.

Quizá puedas votar a un partido secesionista siendo un López, pero hazte a la idea de que jamás formarás parte de su élite política.