Rajoy huirá del cuerpo a cuerpo y se rodeará de sus ministros en la campaña

El PP no rebajará la movilización de sus estructuras territoriales aunque huya de mítines masivos

La campaña del 26-J volverá a traer otra amplia movilización de dirigentes y altos cargos de los partidos a nivel nacional. Las formaciones argumentan que asumen el hastío de la ciudadanía con el bloqueo político y con el clima electoral, e incluso han empezado a hacer gestos como eliminar la publicidad exterior, vallas y banderolas. Pero para conseguir «cazar» el mayor número de votos los partidos también entienden que esta campaña tiene que acabar siendo una más en la mayor parte de sus elementos.

Por ejemplo, en Génova anticipan que no van a preparar mítines masivos, pero también trabajan ya en una intensa movilización de todas sus estructuras territoriales. Hace escasos cinco meses que toda la plana mayor del PP, ministros incluidos, se recorrieron España entera a la captura del voto. Y, una vez disueltas las Cortes Generales, en Génova preparan ya una movilización parecida de todos sus «pesos pesados» para que complementen el discurso electoral de Rajoy. El mensaje, lógicamente, se ajustará a las nuevas circunstancias, pero no ahorrarán portavoces para agitar a sus bases y movilizar a su electorado.

Por cierto, el ambiente que se respira en la dirección popular es mucho más confiado que el que existía en las vísperas de las elecciones de diciembre. Los recelos y el pesimismo que no ocultaban en aquellas elecciones se han tornado en un optimismo «prudente». El sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de abril no confirma una mejoría, el PP aguanta como lista más votada, pero no aumenta sus apoyos con respecto a diciembre. Sin embargo, en Génova creen que es una encuesta ya superada y sostienen que esta vez sí tienen a su alcance llegar al 30 por ciento de los votos. Están convencidos de que esa mejoría vendrá de recuperar votantes de la abstención y también de ganarse apoyos en la bolsa que se les fue a Ciudadanos en las anteriores elecciones. Y en ese doble objetivo centrarán toda su acción electoral.

El PP multiplicará sus esfuerzos sobre todo en el voto menos urbano. En el diseño de su estrategia van a seguir apostando por intentar sacar partido de su fuerte implantación territorial. De su estructura de partido en los pueblos y municipios donde Podemos y Ciudadanos tienen menos poder. Las cuentas para sostener su confianza en que los resultados serán mejor que en diciembre las hacen también sobre la hipótesis de trabajo de que si el PSOE se queda en la oposición con un peor resultado que en diciembre, o si se confirma la alianza entre Podemos e IU, y que ésta supera en votos a los socialistas, ese escenario favorecerá también a Rajoy. Dicen en Génova que un PSOE aún más debilitado por la nueva contienda electoral tendrá que dejar que gobierne la lista más votada antes de aupar a Pablo Iglesias. «El PSOE no puede en ningún caso dejar que gobierne Pablo Iglesias, y ninguno de nuestros datos apuntan a que Sánchez vaya a mejorar sus resultados con respecto a diciembre», explican en el Comité de Dirección.

Todas las encuestas confirman que el electorado más fiel es el del PP. Y desde Génova también destacan el hecho de que el líder popular es el mejor valorado entre sus votantes. Son planteamientos demoscópicos, que habrá que ver en qué quedan en las urnas, pero hoy el PP está más seguro que en diciembre de que puede ser la opción más nítida para el electorado del centro-derecha, «de la moderación», como dicen ellos.

Rajoy ha dejado su campaña en manos del mismo equipo, por lo que no cabe esperar sorpresas en la estrategia del presidente del Gobierno en funciones. Los mismos objetivos, las mismas claves de movilización, salvo la actualización del discurso para que incluya el balance de estos últimos cuatro meses. El presidente en funciones se quedará con el mensaje más moderado y la actitud más propositiva. Huirá del barro y del cuerpo a cuerpo violento con sus adversarios. Una posición que ya buscó en diciembre, y a la que ahora se agarrará si cabe con más fuerza después de que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias hayan tenido que disculparse por algunas de sus salidas de tono más sonoras. El «guante blanco» se lo quedara Rajoy, y el tono más duro e incisivo contra sus principales adversarios, Ciudadanos y PSOE, lo asumirán en el coro de voces que le acompañará, tanto del Gobierno como del partido. Un estudiado reparto de papeles que servirá, a su vez, para intentar preservar a Rajoy en la negociación postelectoral, que tendrá que volver a abrirse en julio, salvo sorpresa que ninguna encuesta anticipa.