Sus escépticas señorías no creen en el fin del mundo

La profecía maya sobre el fin del mundo no gana adeptos en el Congreso de los Diputados

La Razón
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Media docena de «trolleys» se amontonaban ayer junto al mostrador de los ujieres del Congreso de los Diputados. Otros tantos, en la salida de la calle Cedaceros. Y así unos cuantos grupitos más. Pero no se preocupen. Sus señorías no preparaban una huída precipitada porque tuvieran información privilegiada de fuentes mayas sobre el fin del mundo. No. Sus equipajes estaban preparados para regresar a sus respectivos domicilios en cuanto acabase el Pleno que, ése sí, era el último del año. Y largo, por cierto. Pero nada más.

Con la Navidad a la vuelta de la esquina, ¿quién piensa en el fin de los tiempos?. Alfonso Guerra, desde luego que no. El veterano diputado socialista hará hoy, el Dia «F» (de «fin», claro) «lo mismo que todos los días». ¿Vamos, que no le preocupa lo más mínimo? «Pues no».

Al otro lado del espectro político, para Jorge Fernández «desde luego» que no se acaba hoy el mundo. Y para demostrarlo piensa «acudir, Dios mediante, al Consejo de Ministros y luego ir a cenar con familia y amigos». Si eso lo dice el ministro del Interior, es que algo sabrá.

El que sabe, y bastante por lo que se ve, del mundo maya es el ministro de Hacienda. Quizá por aquello de los cálculos numéricos, Cristobal Montoro profesa un gran respeto y reconocimiento a «lo que la cultura maya aportó a la Humanidad». Pero de ahí a que se acabe el mundo hay un trecho. Vamos, que no, «que tenemos todavía mucho trabajo por delante». Otro que también se apunta hoy al Consejo de Ministros.

El presidente del Congreso argumenta que hoy tiene «la agenda llena» –recibe a Eduardo Serra y a un diputado alemán– para descartar cualquier posibilidad de hecatombe cósmica que le rompa sus planes. Lo mismo que Trinidad Jiménez, que estará «en el despacho y luego con la familia». «Aunque tuviera la certeza, que no la tengo, de que esto se va a acabar», añade, «haría lo mismo». ¿Por qué? «Porque si te vas a encontrar el final de algo, todos queremos rodearnos de la gente a la que queremos, ¿no?».

El portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, está de acuerdo: «¿Si hay un fin del mundo? En todo caso, que me pille en casa con mi mujer y mis niños». La prometedora declaración deja entrever una cierta «duda», entre tanto incrédulo. Pero no: «No creo que suceda. A ver cómo termina el año y que 2013 sea, al menos, un poco mejor». Vaya, otro escéptico.

Para escéptico de verdad, Joan Tardá. Al diputado de ERC, que no cree en «cosas relacionadas con brujas o esoterismos», le «importa un carajo» el asunto, «con la que está cayendo y los problemas que tenemos». Vale. De lo de la investidura de Mas, mejor no hablamos.

Hablando de CiU, precisamente, la diputada de esta coalición Lourdes Ciuró me cuenta que hoy «iré al despacho, si no se acaba el mundo». Y sonríe. Vaya, pienso, me ha visto venir. Luego, quizá para contentarme, añade que «si ocurriera, me iría de compras o a hacer algo que merezca la pena. Sería una pena desaprovechar el último día trabajando».

Entre sus señorías también los hay despistados. José Zaragoza, del PSC, confiesa que no sabía lo de la profecía maya y todo eso, pero que «si ocurriera, faltaría a la cita». El secretario general del grupo parlamentario popular, José Antonio Bermúdez de Castro, lamenta que «si de verdad llega el fin del mundo, no te lo podré contar».

Ana Oramas, la portavoz de Coalición Canaria, ha optado por sacar partido a la fecha. Tendrá un debate en la radio y una reunión, pero lo mejor se lo deja para el final: «Hemos quedado unas amigas para tomar unos gin-tonic. Así, si llega el fin del mundo, nos cogerá a un grupo de mujeres solas contando chistes de hombres». Y encima, con la ventaja de que en Canarias van con una hora de retraso. Si se acaba el mundo, ellas si que podrán ver, por lo menos, qué tal hemos quedado los demás.