Investidura

Teo Uriarte, uno de los últimos amnistiados en 1977: «La negociación con Puigdemont es la mayor inmundicia política que he visto»

Este ex miembro de ETA y Xosé Fortes, fundador de la UMD, se beneficiaron del perdón de la primera ley aprobada en democracia

Teo Uriarte
Teo UriarteAlberto R. RoldánLa Razón

Eduardo (Teo) Uriarte (Sevilla, 1945) fue uno de los primeros miembros de la banda terrorista ETA. Condenado a muerte en el sumarísimo Proceso de Burgos de 1970, se benefició de la Ley de Amnistía del 77. A Uriarte se le oye en plena forma a través del teléfono. Cuenta que acaba de comprar unos pimientos del piquillo que luego envasará y se lanza a la conversación con ardor: «Esta amnistía que se negocia es un acto de prevaricación, directamente. La inmundicia política más grande que he visto en mi vida. Van a vender el sistema político gracias al cual hemos convivido tantas décadas saliendo de una dictadura como salíamos».

Uriarte, que no llegó a integrarse en ETA político-militar, cita a Alfredo Pérez Rubalcaba para hablar de su década en prisión. «Él decía que el tiempo hace que olvides lo peor de la mili. A mí me ha pasado lo mismo con la cárcel, ja, ja». Nada más ser excarcelado se alejó de la banda terrorista y fue uno de los fundadores de Euskadiko Ezkerra, partido con el que fue elegido diputado en las elecciones al Parlamento Vasco de 1980 y 1984. En 1990 ingresó en el PSE y llegó a ser teniente de alcalde de Bilbao. Ahora lidera la Fundación para la Libertad y se manifiesta muy preocupado por la deriva política. «Esta ley de Amnistía es solo el preámbulo de lo que nos queda por ver. Después vendrá el caos. Es un ataque directo a la Constitución y, aunque fuera considerada constitucional, no contaría con el consenso ideológico que requiere un acto de esta trascendencia. Es una vuelta al siglo XIX que nos lleva directos a la autocracia».

Este ex miembro de ETA asegura que sus años entre rejas, primero en Cáceres y después en Córdoba, le permitieron hacer una reflexión profunda: «Tienes mucho tiempo para pensar en el futuro y releer el pasado. Ya en el 74 les planteo a mis compañeros de presidio, Mario Onaindia entre otros, la imposibilidad de la lucha armada frente a la voluntad del pueblo español y que había que participar en la política». Con Onaindia se encontraba en una Ejecutiva cuando se enteraron de que habían sido amnistiados. Acababan de regresar de Bélgica, donde fueron trasladados junto a otros etarras en lo que se llamó proceso de extrañamiento. Todos habían prometido que se quedarían en Bruselas, pero a los pocos meses estaban de vuelta.

«Cuando supimos que seríamos amnistiados, Mario y yo nos limitamos a sonreírnos en las escaleras porque en esa reunión había gente que estaba en contra porque la consideraba insuficiente ya que no iba unida a la autodeterminación del pueblo vasco. Vaya, hasta nuestro representante en el Congreso de los Diputados votó en contra. En nuestro caso no hacía falta que viniera la CIA a sabotearnos, como decían los comunistas, ya nos saboteábamos solos». Dice Uriarte que él nunca participó en acción armada alguna. «Yo quería, pero tenía fama de no pegar ni una. No me dejaban. Yo estaba en el aparato de la propaganda y hasta la Policía se sorprendía de lo bien que lo hacíamos. Era muy llamativo. Fui el Hearst de la ETA».

Xosé Fortes
Xosé FortesCedida

En la primera entrevista que concedió a un medio internacional en 1982, a Felipe González le preguntaron dos cosas. Por la OTAN y por el destino de los condenados de la Unión Militar Democrática (UMD). La respuesta del presidente del Gobierno le dejó claro a Xosé Fortes (Caroy, 1934) que su amnistía, aunque de justicia, no era prioritaria. Aún tendrían que pasar cuatro años para que este ex militar y licenciado en Filosofía y Letras fuera readmitido en el Ejército. Su delito había sido, en plena Transición, crear una agrupación «para remar en favor de la democracia». Por aquello fue detenido en 1975 y condenado por conspiración para la rebelión. Pasó un año en la cárcel y una década fuera del estamento militar.

Xosé Fortes está a punto de cumplir 90 años y conserva una memoria prodigiosa. En conversación telefónica con este periódico, va desgranando con buen ánimo y humor los hitos de una vida rica en compromiso político e intelectual. Recuerda que la noche antes de dar el paso decisivo con la UMD, se quedó un rato en el salón dando vueltas a un vaso de ron y a las consecuencias familiares de lo que estaba a punto de hacer. «Sabía loue podía ocurrir e incluso había acudido a un notario a darle plenos poderes a mi mujer para que pudiera vender la casa, cambiar a los niños de colegio... En aquella época la mujer no podía viajar fuera de la provincia ni recibir una herencia», cuenta con indignación.

La ley de Amnistía de 1977, la primera que aprobó el Parlamento salido de unas elecciones democráticas, no incluyó a Fortes ni a sus compañeros de armas. Tuvo que haber otra votación legislativa a finales de 1986 para exculparlos y que pudieran pedir su reingreso a filas. Xosé Fortes asegura que entiende que en el 77 era demasiado pronto y que su exoneración podría haber dado una excusa a determinados movimientos golpistas que luego harían su aparición. Sin embargo, no entiende que no hubiera ninguna compensación económica posterior. «Es que algunos lo pasaron muy, muy mal en esa década de castigo y eso nunca se tuvo en cuenta. Uno de nosotros incluso se tuvo que ir a Venezuela a buscarse la vida de comercial. En mi caso, yo tenía una familia de cinco hijos, imagínese». Una vez readmitido, le negaron acceder al curso de general y terminó pasando a la reserva para dedicarse a la docencia.

Por fin en 2009 la ex ministra de Defensa Carme Chacón le impuso a él y sus ocho compañeros una medalla que menciona con emoción. «No se valoró suficientemente aquel gesto. Chacón fue una valiente. Solo había que leer los cientos de correos electrónicos que yo recibí de militares indignados porque nos condecoraban. Algunos ni se entendían de la ira que transmitían, ahí no había ni sujeto ni predicado». Sobre la supuesta amnistía para los implicados en el «procés», Fortes cree que puede ser una medida positiva «para liberar a cientos de personas que, sin comerlo ni beberlo, se vieron envueltos en aquello, policías nacionales, profesores que abrieron los colegios...». En su opinión, el «efecto social» del perdón general puede ser beneficioso para la convivencia. «A mí todo lo que sea quitarle carga me parece bien. Eso ocurrió, por ejemplo, con los indultos, y al final no pasó nada. Fue agua de mayo. Solo hay que fijarse en el resultado de los socialistas en Cataluña en las pasadas elecciones». Convencido europeísta y antinacionalista, el autor de «Cuando las derrotas otorgan la victoria» (Destino) deplora el comportamiento «cobarde» de Carles Puigdemont y lamenta que tenga tanto que decir en la negociación en marcha con el PSOE. «Es como si yo hubiera metido a otros compañeros en la UMD y después hubiera huido como el capitán araña. Es algo inadmisible», concluye.