Opinión

Tocados pero no hundidos

A día de hoy, nuestras amoratadas dirigentes, más que sumar, restan

Irene Montero, Ministra de Igualdad durante la sesión de control al gobierno en el Congreso de los Diputados
Irene Montero, ministra de IgualdadAlberto R. RoldánLa Razón

Cualquiera que hubiese legislado como la ministra Montero, doña Irene, estaría hoy achicharrada a consecuencia del fuego abrasador de la ley del sí-es-sí. Nunca se legisló tan mal ni con resultado tan nefasto. En circunstancia parecida, lo normal hubiera sido reconocer el error y rectificar tras pedir perdón y desaparecer del mapa. Pero ella no. Dijo que todo el mundo erraba y que quienes resolvían poner en la calle o rebajar la pena a los delincuentes sexuales eran fascistas reconcentrados o actuaban con el prejuicio machista de salvar al hombre de sus iniquidades. Pese a la prueba manifiesta de que la ley aprobada era impecable en fondo y forma. Error tras error, propio de osados principiantes o de gente insolente que cree estar en posesión de la verdad aunque la cruda realidad les destroce el argumento. De modo que así engordó hasta el extremo este caso tan grave como idiota. Una ministra indocta, una secretaria de Estado engreída y una juez en excedencia henchida de soberbia. Creían las tres que el mundo entero se equivoca al responsabilizarlas del engendro legislativo que ha beneficiado a más de un millar de violadores en sus condenas, 108 de los cuales están en libertad y sin cargos. Lo último del vodevil ha sido el golpe que ayer le propinó el Supremo a la ministra y su cuadrilla, avalando las resoluciones de las Audiencias Provinciales en las rebajas de penas, bajo el criterio incontestable de que siempre se ha de aplicarla legislación más beneficiosa para el reo. Algo evidente que asumen como propio las crianzas hasta en primero de derecho, pero no así nuestras intrépidas legisladoras, tan osadas en sus decisiones como en sus atrevidas legislaciones.

Claro que, en efecto, hundidas no estarán nuestras amoratadas dirigentes hasta que las urnas las sitúen fuera del Parlamento. Quedaron el 28-M tocadas al extremo de ser consideradas un estorbo por sus propios compañeros. Sumar no quiere a Montero de dos por Madrid ni a Pam en ningún sitio. No les falta razón. A día de hoy más que sumar, restan, amén de ser consideradas lo peor por Errejón y compañía. Sólo que Sumar sin Podemos quita votos y empeora el resultado, por pocos que puedan ser los apoyos que le quedan al partido morado. Y ojo porque Iglesias siempre tiene un plan B. Si ha de que encabezar la lista por Madrid lo hará. En las anteriores autonómicas el ex vicepresidente tuvo un mal resultado en la capital, pero mantuvo el tipo con 10 escaños. No desapareció en la nada como en las últimas regionales. Si Iglesias se presenta ahora, no va a disfrutar del respaldo de antaño, es evidente. Pero una lista de Iglesias de uno con Montero de dos y Belarra por Navarra suena bien distinto hasta para Yolanda. Sabiendo como sabe el caudillo morado que sus aliados naturales son Rufián y Otegi. En un pulso en toda regla a la vicepresidenta segunda, con Baldoví y Colau como principales aliados, los que salen ganando son los primeros, al menos en resonancia mediática.

Tal vez por eso mismo tampoco le importe tanto a Iglesias que mañana no haya acuerdo. Imaginemos un debate a ocho, en lugar del cara-a-cara ansiado por Moncloa, en el que Sánchez tenga que lidiar con la presencia en el mismo de independentistas y proetarras. Han sido al fin y al cabo sus socios de legislatura, con una representación electoral más que holgada. Si hablamos de pluralidad y democracia, el debate de verdad tendría que ser a ocho y con estos protagonistas: Sánchez, Feijoo, Abascal, Yolanda, Pablo Iglesias, Ortuzar, Rufián y Otegi. Este sí que sería el debate esperado, y no los aburridos “tete-a-tete” por los que clama el presidente del Gobierno. Nadie mejor que ellos para abordar la legislatura. Desde el sí-es-sí a la derogación de la sedición y la rebaja en la malversación. Pero Moncloa no se atreve.