Valor militar

Una atención justa y merecida ha sido otorgada por los medios de comunicación a la reciente muerte en acto de servicio en Afganistán del sargento David Fernández Ureña, en la que no han faltado conceptos básicos sobre la trascendencia y ejemplaridad de su muerte frente al enemigo, al intentar desactivar una mina. En los actos celebrados en el acuartelamiento San Genis, en Zaragoza, le fue impuesta por el Príncipe de Asturias la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo a título póstumo. «Esta condecoración se concede a los que fallezcan en acto de servicio en misiones en el exterior como consecuencia de acciones violentas de elementos hostiles, tales como atentados con explosivos, minas o supuestos análogos». En las Fuerzas Armadas, el valor militar de sus miembros es una de sus características más preciadas. El valor está citado como una constante en las Ordenanzas Militares desde las proclamadas por el rey Carlos III de 1768, que en el artículo quinto referido al soldado decía: «Desde que se le sienta su plaza, ha de enterársele de que el valor, prontitud en la obediencia, y grande exactitud en el servicio, son objetos que nunca han de faltar y el verdadero espíritu de la profesión». Las actuales ordenanzas del Rey Juan Carlos I para las Fuerzas Armadas de 2009 mantienen el mismo criterio. En las Fuerzas Armadas, al valor se le concede tanta importancia que en las Hojas de Servicios, quien no lo tiene acreditado en campaña, figura: «Valor se le supone». Como hasta el momento no existe una definición del valor militar en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, he propuesto una que comprende todos sus aspectos. Es de esperar que se publique próximamente. El sargento Fernández Ureña ha ingresado en el «cuadro de honor» de aquellos que fueron baja y demostraron valor militar. En Afganistán han sido 100.