...y Rajoy destaca el acuerdo en lo «esencial» pese a las diferencias

No ve margen para una mesa de negociación con la Generalitat y cree que el discurso del PSOE «dará aire» al soberanismo.

No ve margen para una mesa de negociación con la Generalitat y cree que el discurso del PSOE «dará aire» al soberanismo.

La duración de la entrevista de ayer en Moncloa entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez sorprendió a las pesimistas previsiones del Gobierno, pero el resultado sí se ajustó a las rebajadas expectativas con las que se había preparado el encuentro. La coincidencia «en lo sustancial» para hacer frente al desafío independentista era lo que esperaban en el Gobierno, que es tanto como solemnizar que PP y PSOE están de acuerdo en garantizar que se cumpla la ley y no se celebre el referéndum en Cataluña. Pero tan importante como esto es la letra pequeña sobre cómo se debe ejecutar ese principio general que el principal partido de la oposición no puede dejar de sostener.

Es decir, que la incógnita estaba en hasta dónde iba a estar dispuesto a llegar Sánchez para marcar diferencias, incluso en un asunto tan delicado como éste, con el Ejecutivo. Y esa letra pequeña plantea un problema a medio plazo, como reconocen fuentes gubernamentales, aunque Moncloa optase ayer por resaltar lo positivo para intentar preservar la imagen de unidad. El portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, explicó que el presidente del Gobierno estaba «satisfecho» con un encuentro que había que enmarcar en la «normalidad institucional». Y subrayó sobre todo esa coincidencia «sustancial» en que el referéndum es ilegal y no puede celebrarse. Las dos partes mantendrán un contacto permanente. Como siempre ha sido lo habitual, por cierto, en relación a políticas de Estado como la territorial o la antiterrorista. La excepcionalidad de la relación entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición en la larga etapa de interinidad abierta desde las elecciones generales de 2015 hasta que se formó gobierno lleva al espejismo de que pueda aparecer como una novedad esa vía de diálogo permanente sobre el problema catalán, que hasta ahora siempre ha funcionado. De hecho, todas las decisiones importantes que el Gobierno de Rajoy ha adoptado en relación al desafío independentista las ha hablado previamente con el PSOE, estuviera quien estuviera al frente del mismo. Ayer Rajoy y Sánchez confirmaron que seguirán hablando, y Rajoy, por boca de Méndez de Vigo, trasladó que la reunión le dejaba buena sensación porque entiende que se abre otro marco después de los meses de interlocución bloqueada.

Moncloa incidió ayer en la importancia del diálogo con el principal partido de la oposición, y el portavoz del Gobierno resaltó que el mensaje político que hay que transmitir es que el referéndum no tienen ninguna base legal ni internacional, es un puro simulacro y no se puede celebrar. Y que por eso es bueno que Gobierno y PSOE se pongan de acuerdo en lo esencial. Pero la letra de la música con la que el Ejecutivo valoró el resultado de la entrevista entre Rajoy y Sánchez varió sustancialmente de la que le puso Ferraz.

Oficialmente Moncloa no quiso entrar en los matices de la advertencia de Sánchez de que seguirá una vía unilateral si no prospera su exigencia de una negociación con la Generalitat. Condición hoy en día es prácticamente imposible, como así le comunicó, de hecho, el presidente del Gobierno. La mesa de diálogo no tiene salida, advierten, fuera del circuito oficial, en Moncloa, «y Sánchez debe ser consciente de ello». La llamada «operación diálogo» sólo ha servido para «constatar que Puigdemont y Junqueras sólo quieren negociar sobre el referéndum de autodeterminación», añaden.

Si después del verano el PSOE rompe efectivamente con la unidad de acción con el Gobierno para proponer un camino legislativo no pactado con Rajoy, «estaremos dando aire al soberanismo», señalan, con preocupación, en Moncloa.

En economía no hubo acercamiento en la reunión de ayer en Palacio, ni siquiera sobre el techo de gasto. Sí en lo previsible, el terrorismo y, por supuesto, la necesidad de alcanzar un acuerdo para repartirse los puestos en la renovación de vacantes institucionales a cubrir.