9 de cada 10 tratamientos de terapia tienen relación con el trabajo o desempleo

La pandemia ha provocado que personas de diferentes perfiles socio económicos necesiten terapia cuando antes del COVID-19 estaba más vinculado al poder adquisitivo o a largas esperas en la seguridad social.

La pandemia ha traído severos problemas de salud mental.
La pandemia ha traído severos problemas de salud mental.PIXABAY

La pandemia no sólo es el coronavirus, también es la salud mental. Cada vez preocupa más la situación de miles de ciudadanos exhaustos con la situación social, sanitaria y, claro, económica. Según datos recopilados en las sesiones de terapia de la psicóloga Verónica Rodríguez Orellana y directora de Coaching Club, 9 de cada 10 sesiones de terapia realizadas en los últimos 12 meses tienen una relación directa con el trabajo o su falta durante la pandemia.

Acudir al psicólogo, verbalizar los problemas que motivaban la visita, hacer terapia, era algo que quedaba reservado a personas de elevado poder adquisitivo que pudieran costear un tratamiento psicológico prolongado o a pacientes que tuvieran que recurrir a la Seguridad Social esperando meses hasta conseguir una cita para, posteriormente, renovar una consulta de no más de treinta minutos de duración cada mes.

La salud mental y el equilibrio han devenido en bienes preciados, muy susceptibles de quiebra o fractura, que nos esforzamos en conseguir y mantener.

La Organización Mundial de la Salud advierte acerca de los efectos en la salud mental que puede ocasionar la pandemia, la creciente demanda de asistencia o ayuda en este campo y la escasa respuesta ofrecida por muchísimos países en el mundo, que se ven sobrepasados y no consiguen estar a la altura del reto planteado.

Verónica Rodríguez Orellana explica, “Resulta evidente el notable incremento de consultas motivado por la pandemia de personas que llegan con síndromes asociados a trastornos de ansiedad, soledad, depresión, aislamiento; individuos que no saben que han padecido un ataque de pánico, angustia, dolor en el pecho o taquicardia son algunos de los síntomas con los que llegan a la consulta. Parejas cuyos miembros han perdido el trabajo, se hallan en situación de Erte o uno de ellos soporta la carga psicológica adicional de tener que trabajar por ambos además de sostener a sus hijos. Sin mencionar la fatiga mental que produce el tele trabajo”.

Un día de consulta

Hoy en día en las consultas de los psicólogos el 90% de los casos que se tratan están estrechamente relacionados con los efectos de la pandemia en todas sus vertientes. Especialmente, la incertidumbre por la falta de trabajo, la relación en el trabajo, las relaciones sociales y afectivas y en muchísimos casos la elaboración del duelo por las libertades perdidas y por los familiares que han fallecido en un contexto muy traumático, con imposibilidad de despedirse adecuadamente es lo que más genera la demanda de consulta.

La experta recoge algunas de las sesiones más comunes en su día a día en la consulta, que hasta ahora se debe realizar por videoconferencia precisamente porque para muchas personas se antoja un contexto con cero riesgo de contagio.

Pilar, ex recepcionista: “De repente tenía miedo, como si me fuese a morir, me paralicé, sudores fríos y taquicardia”. Ana no sabe que ha sufrido un ataque de pánico en el metro cuando se vio con el teléfono cortado por falta de pago. Lleva meses sin recibir el ingreso mínimo vital, sin trabajo y gastando lo último que le queda en pagar su habitación en un piso compartido.

Álvaro: autónomo: “me siento responsable ante mi pareja, no se qué me pasa, no siento nada, estoy como anestesiado, no quiero tener relaciones sexuales, solo quiero echarme en el sofá y ver la tele”. Álvaro no ha podido hasta ahora cobrar ninguna subvención por un error administrativo. Vive hace muchos meses de la ayuda de sus suegros.

María, camarera: “No puedo dormir bien desde hace mucho, me despierto sobre las tres de la mañana y pienso en qué opciones tengo con 55 años si cierra el bar en donde trabajo”.

Carmen, administrativa: Tengo miedo de salir a la calle y contagiarme. Por tal motivo, opté por tele trabajar, pero la empresa no paga ni internet ni nada. Me he lesionado en el confinamiento las dorsales, trabajé como la primera, pero nadie nos ha recompensado por ello. Echo mucho de menos a mi madre. Se ha ido sin poderme despedir de ella”.

Julia, médico: “Nosotros pasamos de héroes a ser nadie. La angustia del día a día en urgencias, los turnos rotativos, convivir con la muerte, la desesperación de los familiares, el no parar, sientes que nadie te ve, encadenamos contratos cada dos meses, no tenemos seguridad ninguna. Ya todos se han olvidado de los aplausos”.

Ana, responsable de RRHH : Mi madre y mi abuela murieron en el mismo mes, no me he podido despedir de ellas y me he quedado de repente totalmente sola de familia. Hay días que me levanto no sé ni como, no tengo hijos ni pareja y de repente ya no encuentro un proyecto por el que seguir”.

La realidad manda

La teoría de Maslow se centra en la famosa pirámide de las necesidades. Las personas se pueden realizar mediante la satisfacción de determinadas exigencias que estarían ordenadas de forma jerárquica. En primer lugar, las necesidades fisiológicas (comer, beber, dormir). En segundo lugar estarían las de protección y seguridad. En tercer lugar, se encontrarían las necesidades de relación y sociales hasta llegar a la autorrealización.

Casi el 70 % de la gente que acude en situaciones de estrés, angustia, ansiedad y depresión no puede superar los tres primeros escalones de la pirámide.

Algo está fallando en la sociedad cuando no se atienden ni se tienen en cuenta, por parte del Estado, estas importantes carencias y problemas relativos a la salud mental”, explica Verónica Rodríguez Orellana.

Un ejemplo representativo podría ser Madrid, donde hay que esperar una media de 200 días para conseguir una primera cita con un psicólogo. Hasta que llegue esta asistencia, ¿qué deben hacer las personas en situación de extrema vulnerabilidad emocional y económica? Pues esperar a que llegue el Erte, a que se resuelvan la saturación y los errores administrativos que impiden acceder al ingreso mínimo vital, a que no cierren la semana siguiente el bar donde trabajan o a que funcionen bien las colas del hambre para poder comer al día siguiente y así recuperar parte del equilibrio perdido.

Hay que resaltar y acentuar, no obstante, que estas respuestas emocionales descritas (ansiedad, depresión, trastornos adaptativos y vinculares) no se producen exclusivamente por el efecto de una pandemia, si no como en la Pirámide de Maslow primero necesitamos cubrir las necesidades básicas insatisfechas porque sin ellas no habrá salud mental.