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Consejos para visitar Oporto en familia

Es una ciudad estupenda para “patearla”

Una de las cosas que más me apasionan en esta vida es viajar. Antes de ser madre lo hice cuantas veces pude y que fueron muchas. Ahora que tengo tres hijos, viajar me gusta todavía más por cuanto puedo compartir experiencias con ellos pero teniendo tres hijos se nos plantean dos problemas bastante grandes a tener en cuenta: El presupuesto se multiplica bastante ya que (salvo el pequeño que todavía no tiene dos años) los niños pagan igualmente medios de transporte así como plazas hoteleras y la logísitica para moverse también es más compleja.

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Hace tiempo que sustituimos uno de los coches que teníamos de 5 plazas por uno de siete lo cual nos hace animarnos mucho más que antes a hacer viajes ya que vamos más holgados, cómodos y, sobre todo, sale más económico. Lógicamente viajar en coche limita un poco la distancia aunque, si te lo planteas con calma se puede ir en varias etapas. Este verano con nuestro coche hemos ido a Oporto y a París. En julio a nuestro vecino portugués y en agosto al galo.

Hoy os voy a contar el primer viaje, Oporto. Y las razones por las que está tan de moda y por qué os recomiendo ir con niños.

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Portugal hace bastante que dejó de ser un país menos desarrollado que los demás de la zona euro. Cuando yo era pequeña (soy gallega y tengo 45 años, así hablamos de hace unos cuantos años), ir a Portugal, en mi caso al norte y de compras, era sinónimo de un considerable ahorro, especialmente en ropa de cama y todo tipo de complementos del hogar. Hoy día los precios siguen siendo más asequibles que en España aunque la diferencia ya no es tan abismal. Sin duda la entrada de la UE dio un gran empuje a su economía que hace que nuestro querido país vecino haya mejorado notablemente en cuanto a infraestructuras y servicios. Puede mirar cara a cara al resto de capitales europeas especialmente en oferta gastronómica y turística.

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Portugal es un país cuya gente tiene fama de amable y simpática. Diría que esto es así casi siempre a pesar del “San Benito” de la tristeza de sus fados. En general el portugués es servicial y siempre está dispuesto a explicarte cómo llegar a un sitio, qué restaurante elegir o qué planes hacer.

La historia de Portugal es extensa (ahí están sus ex posesiones en ultramar que revelan un pasado glorioso) y el arte que lo acompañó en dicha historia es testigo en cada rincón del país. En el caso de Oporto hay infinidad de lugares emblemáticos para visitar y, a pesar de que me suele gustar ir a mi aire, decidí guiarme por las diferentes empresas que ofrecen sus tarifas y seguir el recorrido que ellas hacen. Así que comenzamos desde la Praça da Liberdade, la más importante de Oporto y de ahí fuimos caminando a la catedral fortificada de Oporto, construida en el siglo XII y de estilo barroco. Después fuimos hacia la muralla romana fernandina y caminamos por la zona del castillo y la Iglesia de los Grillos y el barrio judío.

Conviene visitar el Palacio de la Bolsa, sede de la Asociación Comercial de Oporto y considerado uno de los edificios más bonitos de la ciudad. El puente Don Luis I que une Oporto con la ciudad de Vila Nova de Gaia, un lugar estupendo para poder comer y contemplar las maravillosas vistas del río Duero. La zona de Gaia es perfecta para pasear, entrar en alguna bodega y degustar un vino, aprovecharse de los buenos precios de los stands de los mercadillos y, por supuesto, sentarse a comer. Tengo que decir algo que es muy importante cuando viajas. Así como en otras capitales europeas hay que fijarse bien donde decides sentarte a comer o cenar, en Porto podemos asegurar que comer está bien de precio y que las raciones suelen ser generosas lo cual significa que te puedes dar el placer de comer fuera varias veces todo en función, claro está, de tu presupuesto y días de estancia. Pero os diré que nosotros comíamos los cinco (bueno, al pequeño no lo vamos a contar porque come de lo que pilla de los demás pero las niñas sí piden platos elaborados) por una media de 35/40 euros (incluida una botella de vino de Porto, el de la casa que, por cierto, está buenísimo).

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Después de la comida, concretamente el día que estuvimos en Gaia, nos montamos en uno de los barcos turísticos por el río con una duración de una hora. Interesante los detalles que te cuentan como, por ejemplo, que el mencionado puente de Luis I fue hecho por el socio de Gustav Eiffel, el ingeniero alemán, Théophile Seyrig. Efectivamente, cuando pasas justo por debajo de él puedes observar con detalle los grandísimos parecidos en su estructura con la famosa torre parisina.

Nos adentraremos en las típicas callejuelas del casco antiguo, y descenderemos por angostas escaleras para llegar a la zona de la Ribeira. Sus antiguas casitas de colores enamoran a todos los visitantes, y se han convertido en uno de los símbolos de Oporto. Conoceremos su historia y podremos pasear entre sus restaurantes.

Otros días estuvimos en la zona de Matosinhos, más turística (si cabe) y con unas espectaculares playas. La verdad que merece la pena dar un largo paseo por ellas.

Alojamiento:

Ser familia numerosa tiene una pega a la hora de viajar y es que es difícil encontrar hoteles con habitaciones donde te permitan dormir cinco salvo que sea una suite (que se escapa ya de nuestro presupuesto). Generalmente tiramos de las plataformas de alquiler de apartamentos que son seguras a la hora de procesar pagos y que no registran en modo alguno fraudes. Normalmente alquilamos en la conocida por todos pero cuando me puse a buscar me saltó una empresa que se dedica a lo mismo, más pequeña pero española y claro está, consumir producto español a mí personalmente me gusta más. Se llama Muchosol y la oferta de apartamentos turísticos en Oporto es amplia y con todo tipo de precios. Muchosol no funciona como otras plataformas, de hecho únicamente trabajan con propiedades gestionadas por empresas profesionales que disponen de número de registro turístico y cumplen unos estándares mínimos de calidad. Esto siempre ofrece un plus de calidad y de confianza que otros portales no pueden asegurar.

Transporte

El mejor transporte que se puede usar en Oporto es uno mismo, es decir, caminar. Es una ciudad llena de detalles y, a pesar de las cuestas, merece la pena el esfuerzo. Lo que sí hacíamos por la tarde-noche, cuando nos íbamos ya para casa y puesto que estábamos literalmente reventados, era coger el autobús. Es recomendable usar el transporte público antes de sacar el coche en esta ciudad. Cuenta con el metro más largo de Portugal que cubre no sólo el centro, sino también zonas de su área metropolitana. Un billete sencillo de metro cuesta 1,20€. Si habéis comprado la Porto Card o la Andante Tour podéis viajar en metro ilimitadamente sin pagar el billete.

Fados

Tuvismo la suerte de poder salir un día en pareja y dejar a los niños con una amiga que hizo de canguro y que pasaba también varios días en Oporto. Así que decidimos ir a La Casa das Mariquinhas. Del uno al diez le otorgo un seis y raspado. Creo que me precipité yendo al más publicitado ergo el más turístico. La atención al cliente es impecable, la zona, también. Pero ni el fado resultó ser lo que yo esperaba ni la cocina para tirar cohetes. Pero, sobre todo lo que no pude entender es que, mientras cantan los artistas no se puede uno ni levantar ni pedir nada (ni agua). En cuanto al precio, no muy caro habida cuenta que es muy turístico.

Oporto es una ciudad que requiere, como las ciudades bellas, visitarla sin prisa y con la calma de un portugués (si van con problemas de tiempo este país no es para usted). Merece la pena verla con niños, en pareja, incluso solo. Es bonita, acogedora, no excesivamente cara y sobre todo llena de historia. Sin duda un lugar perfecto para disfrutar en familia.

PD. Para momentos de relax para padres (si los encontráis) riquísimo el Portotonic, vino de Oporto, blanco, con tónica, mucho hielo y una rodaja de naranja. Riquísimo.