De padres hippies y decisiones arbitrarias

Opinión

Me pregunto en qué momento hemos dejado de ver como natural y normal dar el pecho, llevar a los niños en brazos, dormirlos cantándoles una nana, dormir con ellos...en fin, todo lo que se ha hecho durante miles de años y se dejó de hacer hará unas seis o siete décadas.

Hay veces que, leyendo noticias, no puedes dar crédito a lo que lees por injustas, innecesarias y llenas de huecos muy oscuros. La noticia de la retirada de la custodia de un bebé de 12 meses a sus padres por parte de Protección de Menores de la Junta de Andalucía me ha sobrecogido de tal manera que busco y rebusco explicaciones y no las encuentro.

Por un lado me pregunto ¿cómo es posible que un simple funcionario puede tomar la decisión tan importante de retirar la custodia a unos padres (aunque sea de forma temporal) sin que medie un juez y expertos en psicología infantil? Porque los padres no han cometido ningún delito. De lo contrario estarían imputados y más que probablemente detenidos. Se les podrá acusar de lentos a la hora de reaccionar y darse cuenta de la causa del malestar del bebé, se les podrá acusar de no haber sido más rápidos a la hora de quitarle los piojos a su hijo (¿qué madre no se las ha visto y deseado repitiendo el tema de lendrera?) Pero nada de eso es delito. Tampoco se entiende que para justificar su decisión el informe de la Junta diga cosas como “la madre parió en casa”, “no le han puesto vacunas”. Parir en casa es legal en España (a mí personalmente me parece correr un riesgo innecesario pero ilegal no es). No vacunar es opcional. Por desgracia, por cierto. Por lo tanto, ¿a qué viene poner esas dos cosas en el informe cuando no tienen nada que ver con el problema del bebé?

Si el bebé estuviera grave por causa de una enfermedad que se puede prevenir con una vacuna entendería las críticas. Pero incluso en ese caso, no se les podría quitar la custodia.

Obsesión de la madre por tener en brazos a su hijo en la UCI, reza el informe de la Junta. ¿Obsesión? Todas las madres que hemos pasado por la triste experiencia de tener un hijo ingresado podemos ponernos en la piel de esa madre. Cuando mi primera hija nació se fue directamente a una incubadora y pasaron cuatro días desde su nacimiento hasta que pude cogerla en brazos. Toda la “obsesión” de los pediatras era ver la evolución de la niña para poderle ir quitando “cables” y que yo pudiera cogerla en brazos. Se sabe desde hace ya mucho tiempo que los bebés mejoran muchísimo cuando están en el pecho de su madre. Sobre todo los recién nacidos. Pero los de 10 meses son todavía bebés. Por lo tanto el empeño de esa madre era un empeño estupendo y no había ningún impedimento médico para que ella lo hiciera (ni siquiera la sonda nasogástrica).

Nils Bergman es un neonatólogo (a mi juicio un candidato a premio princesa de Asturias de Investigación Científica) que lleva publicados cientos de artículos en revistas científicas y que suele venir una vez al año a Madrid a impartir conferencias (siempre se agotan las plazas y eso que no son baratas). Nils Bergman (sueco), se fue hace unos cuarenta años a trabajar a Sudáfrica, a Ciudad del Cabo y en su centro hospitalario se dio cuenta de que los bebés prematuros morían casi todos ellos sin remedio por falta de medios técnicos. Desesperado por las cifras de mortalidad, ideó poner en práctica el método canguro con todos ellos, independientemente del peso con el que habían nacido. Su tesis es de puro sentido común: En sus conferencias explica cómo es el proceso de lactancia mamífera, la conexión neurológica madre bebé, la importancia de los primeros mil minutos de la vida de un ser humano....

La necesidad de estar piel con piel con su madre hace que al separarse de ella, se desencadene un estado de angustiaque pondrá en marcha un proceso de supervivencia. Sin su madre pierde el hábitat necesario para estar a salvo. Suya es la frase “el hábitat natural de un recién nacido es el pecho de su madre”. Estar separados hace que se desencadene angustia y desesperación, una gran cantidad de hormonas del estrés, el cortisol, dañinas para el cerebro del bebé. (Fuente Espacio Perinatal)

Algunos pueden pensar: ya, pero el niño de Cádiz no es un recién nacido. Efectivamente no lo es pero sigue siendo un bebé y sabemos que el proceso de exterogestación en los humanos dura al menos dos años. Es decir, el bebé necesita el cuerpo de su madre casi tanto como el aire que respira al menos hasta los dos años (debido a nuestra bipedestación nacemos profundamente inmaduros, somos seres altriciales y tardamos hasta siete años en ser totalmente autónomos).

Esto, que es pura ciencia y está más que publicado en revistas científicas de reconocido prestigio, lo saben en todas las UCIS pediátricas. Por ello se fomenta muchísimo que la madre (o el padre pero preferiblemente la madre) esté el mayor tiempo posible con su bebé en brazos. Si, además, el bebé puede succionar y la madre tiene leche materna, tanto mejor, por nutrición y por consuelo. Cuesta trabajo creer que en una UCI, donde a buen seguro había profesionales, no se le permitiera hacer esto a la madre. Solo me puedo imaginar casos extremos tipo madre drogada o borracha o con algún trastorno mental, para evitarlo. No me cabe en la cabeza.

Me hago una pregunta. ¿Si la madre, en el mismo caso del pequeño, con idéntico diagnóstico, hubiese decidido ir una vez al día y no hubiese querido quedarse a dormir alegando que ella tiene que descansar y hubiese dicho que sí, que por favor muchos biberones, la funcionaria de Asuntos Sociales hubiese abierto expediente? Estoy convencida de que no. La hubiesen criticado pero no habrían hecho eso.

También me hago la siguiente pregunta: ¿Si la madre hubiese dado a luz por cesárea programada porque quería que el niño naciese haciendo coincidir la fecha del parto con la agenda del padre, lo hubiesen puesto en el informe? Me temo que no. Y eso se hace (miren los futbolistas, que sus mujeres se someten a partos programados por esa razón) Y eso también tiene sus riesgos. Desde luego la cesárea programada tiene más riesgos que parir en casa. Otra cosa es que si se complica el parto en casa tengas menos opciones que en un hospital pero un parto vaginal absolutamente natural tiene menos riesgos que una cesárea y más si está programada (ya que no hay contracciones previas).

A mí no me gusta que los padres no vacunen. Me parece una insensatez supina. Hay suficiente evidencia científica que demuestra que las vacunas son necesarias y no dañinas como las pintan los antivacunas. Pero es que en España esto, a mí juicio por desgracia, está permitido.

En cuanto a parir en casa...yo no lo haría, pero por mis experiencias y miedos personales que son personales e intransferibles. Pero estos dos asuntos son independientes del tema que nos ocupa.

La decisión administrativa, que no judicial, de separar a ese niño de su madre es desgarradora, cruel, inhumana e innecesaria. ¿Riesgo de estar con su madre? ¿Riesgo de qué? ¿Cuántos niños entran a diario en urgencias por “descuidos” o “desconocimientos” o “negligencias” de los padres? ¡Hay tantas cosas que los padres podemos hacer mal!

En este caso y después de haber visto con detenimiento los informes que acreditan que los padres sí llevaban a su bebé al pediatra y que hicieron caso a todas las indicaciones de los médicos, solo puedo pensar que aquí hay una gravísima irregularidad que no se entiende más que por ideología y por falta de conocimiento sobre psicología infantil, perinatal etc. Se supone que estos servicios están para proteger a los menores, no para hacerles un daño que puede ser irreversible.

Me pregunto en qué momento hemos dejado de ver como natural y normal dar el pecho, llevar a los niños en brazos, dormirlos cantándoles una nana, dormir con ellos...en fin, todo lo que se ha hecho durante miles de años y se dejó de hacer hará unas seis o siete décadas.

Definitivamente hemos perdido el norte en esto de la maternidad cuando ejercerla de manera amorosa y entregada representa un riesgo para la sociedad. Tanto como para enjuiciarla, etiquetarla y despreciarla.