Educación
Si tu hijo hace esto entre los 0 y los 2 años podría tener altas capacidades: señales que alertan a los expertos
No es necesario esperar a que empiece a leer solo o a resolver problemas complejos. Los primeros meses de vida pueden ofrecer pistas claras de un desarrollo poco común
La mayoría de los casos de altas capacidades se detectan cuando el niño ya está escolarizado. Sin embargo, los especialistas recuerdan que muchos indicios aparecen mucho antes. No es necesario esperar a que empiece a leer solo o a resolver problemas complejos: los primeros meses de vida pueden ofrecer pistas claras de un desarrollo poco común.
Según el psicólogo Alberto Soler, las altas capacidades no se reducen únicamente a un coeficiente intelectual elevado. También implican creatividad, rapidez mental, curiosidad intensa y, en muchos casos, una sensibilidad emocional especialmente marcada. Cada niño presenta un perfil distinto, por lo que identificarlo a tiempo es clave para evitar frustración o desmotivación en la etapa escolar.
Signos de que un bebé de 0 a 2 años podría ser superdotado
Aunque cada niño evoluciona a su ritmo, hay comportamientos que aparecen con frecuencia en bebés que más adelante son diagnosticados con altas capacidades.
1. Cólicos intensos y problemas de sueño
Algunos bebés muestran una hipersensibilidad a los estímulos, lo que puede traducirse en despertares constantes, dificultad para conciliar el sueño o irritabilidad.
2. Atención fuera de lo común
Miradas muy atentas, seguimiento preciso de objetos o interés por luces y sonidos a edades tempranas son señales que llaman la atención en especialistas.
3. Desarrollo motor adelantado
Gatear pronto, ponerse de pie antes de lo habitual o moverse con gran soltura son patrones que suelen repetirse.
4. Lenguaje precoz
Algunos niños empiezan a decir palabras muy rápido y desarrollan un vocabulario amplio sin apenas esfuerzo. Incluso pueden formar frases básicas alrededor del primer año.
Ninguno de estos indicios garantiza por sí solo que el niño sea superdotado, pero la combinación de varios sí puede reflejar un desarrollo adelantado.
De 2 a 3 años: aprendizaje acelerado y curiosidad constante
En esta etapa las señales suelen ser más claras. Es habitual que algunos niños:
Muestren interés espontáneo por leer o escribir.
Amplíen su vocabulario a gran velocidad.
Formulen preguntas sin parar, muchas de ellas complejas para su edad.
Presenten episodios de mutismo selectivo, relacionados con una sensibilidad emocional superior.
De 3 a 4 años: imaginación desbordante y creatividad notable
Los niños con altas capacidades suelen:
Inventar historias complejas.
Crear mundos imaginarios y roles detallados.
Usar objetos cotidianos de formas originales.
Explicar ideas con razonamientos que sorprenden a los adultos.
De 4 a 5 años: preguntas profundas y pensamiento abstracto adelantado
A estas edades pueden interesarse por conceptos que normalmente se abordan más adelante, como:
La muerte.
El paso del tiempo.
El origen de las cosas.
Preguntas filosóficas del tipo “¿por qué existe todo?”.
Este contraste entre su ritmo mental y la dinámica escolar puede empezar a hacerse evidente.
De 6 a 9 años: curiosidad excepcional y riesgo de aburrimiento en clase
Suelen presentar comportamientos como:
Preguntas provocadoras y búsqueda de respuestas complejas.
Gran capacidad de concentración cuando algo les interesa.
Aprendizaje rápido, saltando etapas sin dificultad.
Preferencia por hablar antes que escribir.
Sensibilidad emocional más intensa.
Aburrimiento si el ritmo escolar no se adapta a su nivel.
Cuando no se sienten estimulados, pueden bloquearse o perder motivación.
Por qué es fundamental detectar las altas capacidades a tiempo
La detección temprana no significa exigir más ni adelantar contenidos, sino acompañar al menor y adaptar el entorno educativo y emocional a su forma particular de aprender. Un diagnóstico precoz ayuda a:
Prevenir frustraciones.
Evitar que el niño se sienta “diferente” en un sentido negativo.
Dar alternativas que mantengan su motivación.
Proteger su bienestar emocional.
En definitiva, comprender que su desarrollo avanza a otro ritmo y ofrecerle recursos adecuados es clave para que crezca con seguridad y equilibrio.