Familia

Un decretazo en contra de la salud mental de las mujeres y de sus derechos como madres

La aprobación de la baja paterna de 8 semanas sin ampliación de la materna supone una igualdad muy mal entendida

Cuando la película Tully comenzó su promoción en España un par de meses antes de su estreno yo acababa de tener a mi tercer hijo. Esto fue más o menos hace un año. Mi tercera maternidad fue totalmente inesperada y llegó cuando las otras dos hijas que tenemos eran ya lo suficientemente autónomas como para poder expresar esa frase tan de padres “estamos empezando a ver la luz a final del túnel”; ya saben, montarte en el coche y que ellas se pongan su cinturón de seguridad, que ya se saben bañar y vestir solas, que se levantan el sábado y domingo y no te despiertan para que les hagas el desayuno o les pongas una peli porque saben hacerlo solas. Unas comodidades que sueles tener a los cinco o seis años de que nazcan los niños y que normalmente ves muy lejanas cuando te estrenas en esto de ser padre/madre. Tocaba volver a empezar. Qué remedio.

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Recuerdo que cuando vi por primera vez el trailer de la película, me sentí, como no, identificada en prácticamente todo. Esa visualización de una mirada absolutamente cansada (magistral Charlize Thero) mientras se saca leche con el doble sacaleches de Medela, ese momento en el que, por fin se duerme el bebé y se te cae en su cara el móvil porque es que ya ni atinas con la coordinación de las manos. La actriz engordó 25 kilos para que su papel fuese más creíble. Los americanos se toman muy en serio este tipo de cosas y la verdad que se agradece. Hay mujeres, cierto es, que apenas engordan en sus embarazos y a la semanas están fantásticas pero yo lo que siempre he visto en mí y en mis amigas es otra realidad: la de abandonar el hospital con una barriga más parecida a la de los cinco meses con la diferencia de que la postparto es flácida y sin orden ni concierto, va a su bola, frente a la del embarazo que es dura, redonda y hasta bonita.

Francamente el cómo te quedes después de un tercer parto, con más o menos kilos, más o menos flacidez, es lo de menos en esta película que relata de manera muy acertada (aunque con un final un tanto deslavazado) lo que es una depresión postparto, no de las severas pero sí lo suficientemente importante como para que la madre sea atendida y escuchada y, por qué no, ayudada. El puerperio es una de las fases de la maternidad más poco atendidas, entendidas y explicadas. Hay cientos de miles de artículos que te explican cómo es el embarazo día a día, hora por hora. También cómo evitar las estrías o cómo recuperar el peso que oye, todo eso está muy bien, pero hay, en comparación, poquísimo contando qué te está pasando en esas semanas después de dar a luz en las que, sinceramente, hay días muy muy oscuros. Se cuenta poco, se reconoce poco y se habla menos. Es una especie de tabú absurdo como si temiésemos ser penalizadas por decir: esto es una mierda, yo no puedo más y desde luego esto no se parece en nada a lo que yo me había imaginado.

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De mis tres puerperios, curiosamente el peor fue el tercero. Y digo curiosamente porque se supone que ya era experta pero es que las hormonas no saben de experiencias acumuladas. Lo que sí sabe tu cerebro es de cansancio y tener un bebé y dos hijas más pues puede que canse más que tener solo uno y dedicarte en exclusiva a ese uno. Mi tercer hijo mamó exactamente dos meses y fui yo, de una manera muy consciente, la que decidió que o él o yo. Un bebé glotón que demanda teta cada hora o hora y media día y noche más una no baja por maternidad elegida (y eso que trabajaba desde casa pero ahora me arrepiento aunque también es muy fácil hablar a toro pasado), me produjeron un rechazo total a darle el pecho (se conoce como agitación del amamantamiento pero no suele darse con recién nacidos). Bien, a mí me pasó y supe interpretarlo. No hubo necesidad de pastillas para cortar la leche pero sí hubo necesidad de apoyo médico por parte de una psiquiatra y mi ginecóloga, ambas muy pro lactancia pero con el suficiente sentido común para reconocer que cuando no se puede, no se puede y que la salud mental de la madre es lo importante.

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La salud mental tiene mucho que ver (parece de perogrullo pero a veces lo olvidamos) con dormir lo suficiente. En la película Charlize Theron acepta a regañadientes tener ayuda nocturna porque entiende que la labor le corresponde a ella. Esto es algo muy primario que nos pasa a todas las madres y que muchas veces nos termina pasando una factura dolorosa. Al margen de que pagarte una canguro nocturna (salus) no está al alcance de todos los bolsillos, el tema va mucho más allá de dormir por la noche. No me cabe en un artículo explicar cuántas y angustiosas sensaciones pueden venirte a la cabeza en un postparto porque sí, porque vienen y no sabes cómo y tampoco sabes muy bien qué hacer o cómo pedir ayuda. La ansiedad y la tristeza a veces pasan muy malas pasadas y puedes hasta precisar de ayuda de pastillas para la depresión. En los casos más extremos hay mujeres que se quitan la vida o, lo que es mucho peor, se la quitan ellas y se la quitan a su bebé. Unas muertes que con una buena salud mental perinatal podrían haberse evitado.

La salud mental perinatal tiene mucho que ver con el descanso de la madre y no me refiero a las noches sino al descanso global y al acoplamiento de tú como mujer a ese bebé tan dependiente de ti día y noche. Un acoplamiento que no se asume con 16 semanas ridículas de baja maternal y que ahora, con el flamante decretazo de Sánchez por petición de Podemos, pasa al padre que ni ha sufrido un embarazo, ni por supuesto una depresión postparto o un agotamiento extremo similar al que tenemos las madres recién paridas. No me malinterpreten, no considero a la mujer una especie de diosa del Olimpo frente a un padre en el cuidado de los hijos. Pero sí creo que la biología tiene sus ritmos y para un bebé (bebé, no niño) el padre no es lo mismo que la madre (aunque no tome teta).

Esta nueva ley me parece absurda, dolorosa, innecesaria y puesta al servicio del postureo del que quiere ser muy moderno y desatiende unas necesidades básicas biológicas con miles de años de evolución a sus espaldas. Es leer sus argumentos y decirles: no habéis entendido absolutamente nada, gracias por haber situado a España como el país con la baja maternal más corta (junto a Malta) de la UE pero con la más larga para el padre. Genial. Os habéis lucido.

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No voy a entrar en más discusión política porque esto no es política, es sentido común y quién ha tenido bebés en casa, lo sabe. Esto no es igualdad, es algo que se parece a hacer el ridículo más estrepitoso pero, sobre todo, es dejar de lado a una parte muy vulnerable de la ecuación que son las madres puérperas. Acostumbrarte a un bebé no es sencillo. Los hay muy tranquilos que duermen toda la noche de un tirón con un mes (aunque a mí jamás me ha tocado hasta mínimo el año y medio, qué mala suerte tengo) pero la mayoría tardan en acoplarse a la difícil vida fuera del seguro y tranquilo útero de mamá. 16 semanas, que en muchos casos se puede alargar un mes más y si no disfrutaste las vacaciones, otro, no son, ni de lejos, lo que una madre puérpera necesita. Lo ideal serían como mínimo seis meses que se van a dar pero repartidos con el padre. Genial.

Pero todavía hay algo más retorcido en esta ley y es la imposibilidad de que en privado, la pareja decida que no, que él se la pasa a ella. Que sería lo lógico en cuestiones de libertad en plan “en mi casa decidimos nosotros y no la ley cómo nos repartimos el cuidado de un bebé recién nacido”. Por no hablar de la importancia de promover la lactancia materna (promover, no imponer) y que, de darse muchísimo más, el estado se ahorraría miles de millones de euros en sanidad evitando enfermedades. Pero no, no se ha tenido eso en cuenta sino unas ridículas pretensiones de igualdad que obvian la importancia de un descanso real para la que ha parido que, de momento esto solo lo hacemos las mujeres.

Mi única pregunta a los “genios” que han promovido y propulsado esta ley es: ¿Y a vosotros, quién os ha aconsejado tan mal?