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Isabel Pantoja blinda “Cantora” por el bien de su madre

La enfermedad neurológica de doña Ana la mantiene prácticamente inactiva y se limita a pasar las horas sentada en el salón

La finca de Isabel Pantoja es como un bunker, solamente falta que se den salvoconductos para traspasar una puerta de entrada más blindada que dé libre paso. El miedo de la tonadillera al coronavirus es obsesivo, sobre todo por la preocupación que le produce el simple hecho de pensar que su madre, doña Ana, pueda verse afectada por la pandemia.

Son muy pocos los que tienen acceso a la casa señorial de “Cantora”, la dueña Isabel, el hermanísimo Agustín, el escaso personal de servicio… y punto. El resto no pasa de la cancela. Cuando llegan los pedidos del super se quedan en la puerta de entrada, y es una persona de confianza de la Pantoja quien baja a recogerlos y pagarlos.

La enfermedad neurológica de doña Ana la mantiene prácticamente inactiva y se limita a pasar las horas sentada en el salón. Su hija no se separa de ella, pasan juntas la “cuarentena”. Afortunadamente, a Isabel le ha suspendido las grabaciones de ‘Idol Kids’ y, de momento, no tiene que desplazarse a Madrid a trabajar. Lo de separarse de su progenitora lo lleva fatal, pero necesita el dinero y no puede desaprovechar los buenos dividendos que le aporta Mediaset. La procesión va por dentro. Le han visto llorar en su camerino, la pena puede con ella. Esa imagen de mujer fría y distante que ofrece en público es muy distinta a la real de la intimidad.

Hoy más que nunca recuerda lo mucho que hizo por ella su progenitora en sus comienzos artísticos, lo sacrificó casi todo para acompañar a la niña de sus ojos, era la carabina perfecta, que se lo pregunten a Máximo Valverde. Peripecias tenía que hacer para verse a solas con la veinteañera. Doña Ana ejercía de sargento de hierro, vigilando la pureza de una hija que empezaba a despuntar en la tonadilla. Isabel quiere con locura a quien hoy ya no recuerda épocas pasadas. El dramático olvido de una mujer ejemplar.