Cuando el confinamiento aleja a los políticos separados de sus hijos

Como muchos progenitores que trabajan lejos de su familia, Santiago Abascal, Gabriel Rufián y Toni Cantó han priorizado la salud y su responsabilidad manteniéndose a cientos de kilómetros de ellas.

Toni Cantó pasa el aislamiento en Valencia; sus hijos, en Madrid
Toni Cantó pasa el aislamiento en Valencia; sus hijos, en Madridinstagram

«El día del Padre ha sido algo triste para mí. Hace días que estoy alejado de mis cuatro hijos y de mi mujer. Aunque ya he superado el coronavirus, por prudencia y para proteger la salud de otras personas más vulnerables de mi familia, he optado por no volver a casa, prolongando mi retiro y mi alejamiento. Pero no me puedo quejar. Todos los días hacemos videoconferencias. Nos vemos y nos sentimos cerca». Santiago Abascal (Bilbao, 1976) fue uno de los primeros políticos en sufrir el azote del Covid-19, que ya se ha llevado la vida de 20.000 personas en España. Fue el 12 de marzo cuando anunciaba su «negativo» y desvelaba que había pasado la cuarentena «en una habitación de nueve metros cuadrados». El líder de Vox, casado desde 2018 con la influencer Lidia Bedman, regresó al lado de sus pequeños, Jimena (5 años) y Santi (3), a principios de abril. Sin embargo, Abascal tiene otra familia: dos hijos de 14 y 16, de su primer matrimonio con Ana Belén Sánchez –de la que se separó en 2010– y que nacieron en Vitoria. Desde la declaración del estado de alarma, hace un mes, el político vasco, al igual que otros muchos padres separados, se ha visto obligado a posponer lo que era una parte fundamental de su vida, como él mismo reconocía en 2018: «Intento ir cada fin de semana a verles...Llevo así ocho años. Todos los viernes y todos los domingos viajando ha sido muy duro. Tras el proceso de divorcio, lo que más me costó perdonarme a mí mismo fue saber que no iba a vivir con mis hijos».

Abascal, que dio positivo en Covid-19, se mantiene alejado por precaución
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Desde que fue dado de alta, Abascal ha retomado su agenda y desplazado desde su domicilio madrileño al Congreso de los Diputados para las sesiones de control al Gobierno. Por ley, también puede viajar al País Vasco. El Real Decreto 463/2020 del 14 de marzo permite los desplazamientos a otras provincias «para la asistencia y cuidado de mayores, menores o personas con discapacidad o especialmente vulnerables», pero estos deben ser lo más seguros posible.

Así lo confirma a LA RAZÓN Paloma Díaz, abogada de derecho de familia de Urraza-Mendieta y Asociados: «Durante la pandemia entre las parejas separadas hay que ponderar los derechos del menor: el primero de ellos es su derecho a la salud. Y el segundo, su derecho a relacionarse con el otro progenitor. Hay que intentar que ninguno de los dos se vea disminuido. En estado de alarma es recomendable llegar a acuerdos y aumentar el sistema de comunicación con videollamadas, pero restringir las visitas». Fiel al toque de queda, el pasado 14 de abril, Abascal cumplía confinado «44 abriles con parte de mi familia» y tarta de queso casera, con la que compensar el sabor agridulce del panorama.

Rufián, padre de un niño, también ha decidido no verle para evitar riesgos
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Rufían, series y deporte

En el otro extremo del arco parlamentario, pero con análoga situación personal, se encuentra Gabriel Rufián (Barcelona, 1982). El líder de ERC es padre de Biel, un precioso niño de 9 años fruto de su relación con Mirea Varela, licenciada en Filosofía Hispánica, profesora de Secundaria y de la que se separó a finales de 2018. Actualmente, Rufián mantiene una relación con la periodista Marta Pagola, jefa de Prensa del PNV. Durante un directo en Instagram hace solo unos días, el político exponía las razones de su sacrificio paternal: «Es una mezcla de decisiones: trabajo en el Congreso, que no deja de ser una síntesis de territorios donde podría haber gente infectada. Por lo tanto, no quería exponer a mi familia al contagio. Segundo, por un factor político, porque sabía que habría plenos y que tendría que asumir el trabajo del grupo».

Durante estas complicadas semanas, además de acudir al hemiciclo y hacer decenas de entrevistas, ha ocupado su encierro con lectura, series y deporte, llegando a recorrer siete kilómetros en su párvula vivienda de la capital. Más de seiscientos le separan aún de su pequeño, que reside en Sabadell, y al que asegura extrañar mucho. Pensando en él y en los miles que permanecen enclaustrados desde el 13 de marzo, Rufián presentaba esta semana una propuesta para flexibilizar el confinamiento y que los menores de 12 años salgan una hora al día «en barrios y zonas acotadas y vigiladas».

Si esto fuera así, los hijos de Toni Cantó (Valencia, 55) deberían seguir esperando. Son algo más mayores. El portavoz de Ciudadanos en las Cortes Valencianas es padre de Lucas (17), fruto de su relación con la presentadora y directora de teatro Carla Hidalgo, y de Violeta (14), a la que tuvo con la actriz y empresaria Mar Regueras. Ambos residen en Madrid con sus madres, lo que ha agravado más si cabe la forzada clausura del político naranja, que se desahogaba el pasado 19 de marzo bajo una foto con su descendencia: «¡Feliz día del padre a todos! Y un recuerdo especial a aquellos padres –sea o no por el confinamiento– que no pueden estar con sus hijos. #Díadelpadre. #Quédateencasa». Cantó es un firme defensor del enclaustramiento en esta pandemia pese al tributo afectivo, y así lo defiende en sus redes: «Hemos decidido libremente restringir nuestra libertad por un bien superior, el de la vida. Lo hacemos convencidos de que es la única manera de vencer la batalla contra el virus». Sin poder ejercer la paternidad como querría y desde su Valencia natal, alterna su labor política, que ejerce «on line» desde un improvisado despacho en casa, con algo de ejercicio físico, que retrata para alborozo de sus más de trece mil seguidores.

Pero, ¿qué ocurrirá si el estado de alarma se alarga, como parece previsible? ¿Cómo deberían actuar estos padres alejados de sus hijos? «Lo que está ocurriendo en estos días es que el escenario está cambiando. Tras proclamarse el estado de alarma, a nuestros clientes les decíamos que 15 días eran “asumibles”. Pero si se prorroga hasta mediados de mayo quizá habría que intentar que hubiera un contacto físico, siempre que su salud esté garantizada –asegura la abogada Paloma Díaz–. De esta manera, debemos buscar la oportunidad para que el progenitor pueda trasladarse a ver a sus hijos. En ningún caso que el menor viaje solo, ni que el padre haga el camino de ida y vuelta con el niño, que de esta manera estaría más expuesto. Lo ideal sería que el adulto se desplace y se quede en un hotel. Esto va a durar, los padres tendrán que salir a trabajar y ver a sus hijos. El problema ahora es que existe un gravísimo colapso sanitario y hay que evitar poner en riesgo a la población».