Pau Donés, un hombre contra el estigma del cáncer

Álex, batería del grupo y amigo de Pau, destaca la lucha sin cuartel del cantante, y los médicos que le trataron agradecen su coherencia para desmitificar lo demoniaco de esta enfermedad

Fallece Pau Donés, vocalista de Jarabe de Palo, a los 53 años tras una larga lucha contra el cáncer
Pau Donés, vocalista de Jarabe de PaloEuropa Press Europa Press

Pau Donés no quiso metáforas para embellecer su cáncer, ni poner su vida en manos de uno de esos best sellers que te cargan de positivismo o invitan a convertirte en un modelo de paciente heroico. «Asumió su diagnóstico y se propuso vivir, sabiendo que la vida era el momento y que por nada del mundo se lo perdería por pensar en el futuro». Quien habla es el hombre que compartió con él 25 años de música y muchas noches en una misma habitación, Álex Tenas, el baterista de Jarabe de Palo. «Juntos, pero en camas separadas», aclara sin perder su tono socarrón.

El músico comparte con LA RAZÓN las primeras horas de duelo por su amigo y compañero de vida. «Unas veces lloro, otras río pensando en tantos días de confidencias, amistad y música». Pau era parco en palabras, pero usaba su talento para expresarse. «Esto le hacía estar bien y asumir la enfermedad como una circunstancia normal». A Álex le vienen a la cabeza recuerdos demoledores: «La quimioterapia le dejaba el cuerpo a punto de quebrarse. Aun así, seguía componiendo y dándolo todo. Su poder era pura magia. Tocaba la guitarra con los dedos adormecidos por culpa de la quimioterapia. En La Riviera tuvo una noche especialmente apoteósica a pesar del dolor. Jamás le escuché un lamento. Nos mirábamos y con eso bastaba para saber que era feliz así».

Pau Dones
Pau DonesEFELa Razón

Cuando le diagnosticaron un cáncer de colon corrosivo que limitaba sus expectativas de vida al 20% decidió que cada minuto sería un regalo. Eligió ese camino y le puso arte y ganas. «Nunca preguntó cuánto le quedaba», dice Álex. Y en pocos años aprendió a amar lo esencial. Es decir, su hija Sara, de 16 años, y su otro gran amor, la vida misma. Con Sara se fue a California a recuperar el tiempo perdido y, tumbado con ella al sol, descubrió que vivir era urgente. Sobre otras pasiones prefiere callar.

Claro y sin dramatismos

Desde el inicio de la enfermedad, Pau habló con claridad y sin dramatismos: «Habrá días que estaré al 100%, otros que no tanto. Habrá días en que me sobrará la voz, y otros en los que me falte. No pasa nada, porque ahí estaré cuando levanten el telón, en uno de los lugares en donde mejor me siento, cantando para ti». Al cangrejo, como llamaba a su cáncer, le dedicaría no más de cinco minutos al día.

Su forma de ser le ahorró a Domenico Sabia, el cirujano italiano que le operó en el Hospital Moisés Broggi de Sant Joan Despí, en Barcelona, la ardua tarea de explicarle la retórica de la enfermedad. En su lugar, se dieron el gusto de disfrutar de aquello que más amaban. Un día desayunaban con jamón ibérico en la habitación del hospital y otro cantaban. «El gusto de conocerse fue mutuo», recuerda Álex. Ambos organizaron un concierto en el auditorio del hospital e interpretaron temas populares de Jarabe de Palo. Continuaron en la cafetería con la carismática canción de «La Flaca». Durante días el hashtag #Jarabecontracancer arrasó en redes.

La enfermedad seguía su curso, pero Álex le recuerda alegre, creativo, sencillo, hierático, reservado, íntegro, honrado y solidario. No escatima adjetivos para describir la intensidad de estos últimos años. Su estado le llevó a comprometerse con la lucha contra el cáncer y dio muestras de generosidad cuando aceptó participar en varios conciertos benéficos para recaudar fondos o donando una partida de 2.500 mascarillas. «Le costaba hablar, la voz se le ha había vuelto más ronca, tenía la garganta irritada y había perdido la habilidad para lograr algunas notas, pero sonaba mágico. A mí se me partía el alma», confiesa su amigo.

A Álex le disgustan los titulares que dicen que perdió la batalla contra el cáncer y tampoco a Pau le habría gustado observar que su enfermedad le elevó. Desde el suicidio de su madre, cuando él tenía 16 años, tenía presente que desde que naces empiezas a morir. Y se intuía en sus letras: «Que aquí estamos de prestao, que hoy el cielo está nublao, que uno nace y luego muere, y este cuento se ha acabao».

Desmitificar el cáncer

Su aplomo ha conmovido a los médicos. Almudena Narváez, psicooncóloga de Oncare y coordinadora de Psicooncología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, tiene claro que el cantante ha ayudado a desmitificar la palabra cáncer y todo lo que conlleva, si bien reconoce que no todos los procesos cursan igual. «Lo más positivo de afrontamientos como el suyo es la posibilidad de visibilizar la enfermedad e ir quitando mitos. El cáncer es cáncer, no una larga y penosa enfermedad u otras metáforas recurrentes. Tampoco uno tiene que ser positivo para que la enfermedad vaya bien, sino para tener una mejor calidad de vida». María Die Trill, psicooncóloga y directora de la clínica Atrium, destaca que esos deseos de vivir y su valentía fueron anclajes significativos en estos últimos años. Con todo ello ordenó sus pensamientos, reguló sus emociones, fijó metas y aceptó los cambios.

«Habitualmente nos escondemos cuando la enfermedad produce deterioro físico. Pero lo asumió como una parte vital, con o sin enfermedad. Es lo que nos ha enseñado: se puede disfrutar de la vida a pesar del dolor y de los cambios. Hay que aprovecharla». Fue fácil intuir que su videoclip en la azotea, con el rostro casi desfigurado y el cuerpo más frágil que nunca, era el final. Quiso regalarnos su último canto a la vida. Lo hizo acompañado de su hija, su banda y de ese mensaje de agradecimiento que da nombre a su single «Eso que tú me das» y que le permite irse eternamente satisfecho y con el deber cumplido de haber vivido.

Deterioro sin tapujos

Desde su diagnóstico de cáncer, Pau nos ha deleitado con todas las poses posibles durante sus sesiones de quimioterapia. Le hemos visto en bañador, en pijama, con pelo o sin él. “Fue su forma de encarar lo que tenía, sin ningún signo de vergüenza o preocupación. Alrededor de un físico en el que apenas se reconocía y con la aparatosidad que conlleva un cáncer como el suyo, emprendió una forma de afrontar la vida con una dificultad añadida, pero con una hija, amigos, valores, sueños y un compromiso con la vida. Todo esto le hacía único”, cuenta el baterista Álex Tenas.

En una sociedad que lucha contra la fealdad y la vejez y persigue el mito del hombre sano, el cantante de Jarabe de Palo se resistió a dar a una cosa el nombre de otra o hacer como que no es. Salió al balcón de su casa en pleno confinamiento y cantó para mostrar su agradecimiento “a aquellos que dan tanto sin esperar nada a cambio”.