Urdangarín y su lado solidario en Don Orione sin el tercer grado

La denegación de la semilibertad no solo ha contrariado a su familia, también al centro donde acude

La Infanta Cristina recibía hace unos días en su casa de Ginebra la noticia: el abogado que defiende a su marido. Pascual Vives le comunicaba que Iñaki Urdangarín permanecería en el mismo régimen penitenciario que hasta ahora. «No habrá tercer grado», dijo lacónico. La Infanta tenía puestas las esperanzas en que este nuevo recurso prosperaría. Y no fue así. Tuvo que sobreponerse ante sus dos hijos pequeños, Irene y Miguel, que aún viven en el domicilio familiar de Suiza y que esperaban, como ella, poder ver a su padre con más frecuencia. Juan, el mayor estudia y vive en Madrid y esta situación sería suficiente para demostrar que en el caso de conseguir la libertad vigilada tendrían un hogar y una dirección para demostrar el arraigo. El primogénito tiene un perfil público casi invisible y no frecuenta los lugares de moda como sus primos Victoria y Froilán. La Reina Sofía está muy pendiente de él igual que su tía la Infanta Elena. El siguiente paso de Pascual Vives fue comunicárselo a Urdangarín que, a diferencia de su mujer, era más pesimista y confiaba poco en que la fiscalía no se opusiera como en otras ocasiones. A partir de ese momento el letrado tiene intención de marcar otra estrategia legal para que su cliente pueda disfrutar de un regimen menos estricto. Por un lado, solicitar la aplicación del artículo 100.2 del reglamento penitenciario que indica que la reinserción y la reeducación social son unos de los puntos principales del interno. Esencialmente si la junta de Tratamiento acuerda su aplicación, se lleva a efecto de forma inmediata en forma de fines de semana en familia. En el caso de Urdangarin esta vuelta a la normalidad escalonada la tiene por su voluntariado en la residencia Don Orione donde en la actualidad acude tres días por semana. Hace un año la llegada a este establecimiento concertado de la Comunidad de Madrid se convirtió en su primera aparición pública desde que ingresó en Brieva.

Tiempo sin visitas

Urdangarin vivió el aislamiento en la cárcel . Durante el tiempo del confinamiento tampoco recibió visitas. De ahí que la petición de Pascual Vives tenga que ver con ese periodo psicológico tan duro en el que España entera quedó enclaustrada. Las declaraciones del abogado a la periodista Silvia Taules resumen ese estado en el que se encontraría Urdangarin tras los dos años encarcelado. «Si las cosas no salen bien, sería uno de los golpes más importantes para él. Si se vuelve a pedir la revisión del grado penitenciario en diciembre no se resolvería hasta mayo y serían ya muchos días, muchas noches y muchos meses». Este régimen de semilibertad le hubiera permitido al marido de la Infanta recuperar poco a poco su vida. Podría salir de lunes a jueves y dormir en el centro penitenciario. De viernes a domingo lo pasaría en su entorno familiar. Esta era la agenda prevista en el mejor de los casos.

Con anterioridad, el 3 de septiembre pasado, el juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 1 de Valladolid daba esperanzas. De hecho se le concedió ese trato temporal al que la Fiscalía siempre se opuso. El miércoles pasado se hizo efectiva la negativa y revocaron la anterior decisión. El abogado Pascual Vives en sus declaraciones anteriores a la sentencia de la Audiencia de Palma decía que la «esperanza es lo último que se pierde. Confiamos en que se resuelva de una manera favorable. Si no sería un desastre». El desastre se ha hecho efectivo y Urdangarin solo saldrá de la prisión para acudir a la residencia donde le han tomado mucho cariño.

Hay ciento veinte internos dependientes con discapacidad intelectual y física. Además del personal fijo, trabajan cuarenta voluntarios y el cuñado real es uno más. En Don Orione estarían encantados si le dieran más permisos. Urdangarín tendría planeado una vez que saliera de la cárcel trabajar en este lugar ya como contratado. En el apartado psicomotriz es donde el marido de la infanta presta sus conocimientos como deportista de élite que fue. Hay buenas palabras hacia él, «Iñaki es un hombre muy afable que conecta muy bien con la gente. No hay ningún trato de favor. Come con el resto de trabajadores y nadie le pregunta por su familia ni como se encuentra en Brieva. Aquí hay verdaderas tragedias y personas que no responden a los estímulos externos. Es un trabajo duro». La única diferencia con el resto de voluntarios es que durante las horas que permanece en el centro los escoltas están en el vestíbulo del centro. Una vez termina su jornada laboral vuelve a la prisión de Brieva donde le visitan la Infanta y su hijo Juan.