Antonio Díaz: «Mis amigos no quieren jugar conmigo a las cartas»

Dirige su propia compañía y está dedicado al ilusionismo desde los cuatro años. Hoy es el encargado de presentar en Discovery MAX «El día de la magia»

Antonio Díaz
Antonio Díaz

Dirige su propia compañía y está dedicado al ilusionismo desde los cuatro años. Hoy es el encargado de presentar en Discovery MAX «El día de la magia»

Su mayor truco probablemente es aparecer como un chico tímido de 27 años, y con un pase mágico convertirse en el mago de moda, que además puede presumir de firmar en documentos oficiales como ilusionista.

–¿Cómo se elige un nombre artístico como Mago Pop?

–En realidad no fui yo. Viene por el programa, porque por un lado está la magia, y por el otro el reto de conocer a mis iconos pop, en el sentido de populares, no de música.

–¿Cuál es su mejor truco?

–Pues la verdad es que no lo sé. Es como esa canción que te gusta; la escuchas durante una semana cada día, y de repente descubres otra que te gusta más y la escuchas más. Con mis juegos hay uno que es la niña de mis ojos, que cada día que tengo función lo hago y pienso que es el mejor número que he hecho, y luego viene otro mejor.

–¿Le preguntan mucho eso de «cómo lo haces»?

–Hay como tres o cuatro cosas que siempre te dice la gente: una es «¿cómo lo haces?»; otra, «¿puedes hacer desaparecer a mi suegra?». Esta nunca falla. Y también te dicen «no me conviertas en conejo» o «no me quites la cartera».

–¿Qué le dijeron en casa cuando contó que quería ser mago?

–Realmente nunca lo he dicho. No he tenido ese momento Concha Velasco de «quiero ser artista». Ha sido algo muy natural, empecé con los trucos a los cuatro años y llegó un día en que parecía que todos sabían que yo iba a ser mago. Claro, yo pidiendo libros de magia, todo el día con las cartas y con las monedas, y mi familia no sabía si yo tenía algún problema. Y ahí me he quedado.

–¿Y cuando llegó el momento de estudiar?

–Hice una carrera que me gustaba. Para mí el teatro es otra gran pasión, junto a la música, y me licencié en Arte Dramático, pero ya con la idea de ser mago. Utilicé la carrera para conseguir las herramientas que luego usaría en mi espectáculo. Como en el teatro, te haces un personaje, que es un «showman», entre divertido, canalla y tierno.

–¿Cuál fue su primer truco?

– El de sacar la moneda de la oreja. Fue a su vez el primero que me hicieron a mí, y me quedó ahí ,y dije: «Lo he pillao». Fue en los primeros días, en esos momentos de nervios que cuando lo haces tú solo te sale genial, pero lo haces delante de alguien y te tiembla todo. Entonces se me cayó y se oyó «clin, clin, clin,». Y se te queda una cara...

–¿Es importante hacer magia en televisión?

–Hace nueve años que tengo la compañía, pero cuatro que salimos en giras muy largas, y temporadas en Barcelona con muchos espectadores, de un mago que al principio no era muy conocido. He de reconocer que tengo ambición y me gustaría ser un gran mago. Y la tele es un elemento imprescindible.Para poder seguir haciendo números en teatros cada vez más grandes, y tener los espectáculos que desde niño he soñado, creo que la magia en la tele es imprescindible, aunque es muy difícil y le tengo mucho respeto.

–¿Le gusta la magia llamada «de calle»?

–He hecho mucha. Es una escuela fantástica. Cuando tenía 13 años me lo tomé como una labor para superar mi timidez. Para mí el ejercicio perfecto era irme yo solo, parar a cualquiera por la calle, sin cámara ni nada, y hacer magia a gente que no conoces, y ellos debían pensar que les iba a quitar la cartera o algo.

–¿Ha pensado en trucos de monedas para duplicar su capital?

–De ahí es de donde me salen los números para pagar facturas, la magia es para tapar todo lo que hago por detrás. Es broma. Pero estaría bien.

–¿Es importante hacer un día de la magia?

–Está muy bien, porque sorprende que la magia, siendo un arte tan visual y teniendo elementos que son tan interesantes como la sorpresa y el desafío, no haya tenido más presencia en televisión. Tiene todos los elementos para hacer un buen programa: efectos visuales, ritmo, humor e incluso misterio. Estaría bien que no fuesen modas. Los magos tenemos una responsabilidad de hacer programas que interesen.

–¿Resulta más fácil dedicarse a esto lejos de nuestra fronteras?

–En EEUU ties un «showbusinness», de repente un mago puede ser una estrella del pop. Allí David Copperfield o David Blaine son como U2. Aquí lo relacionan más a un bar o a una comunión, tampoco se nos trata como estrellas. A Tamariz, que lo es a nivel mundial y no tiene nada que envidiar a los que he mencionado, se le considera como a alguien que nos gusta, al que le tenemos cariño. En España podría Llenar el Palau, pero en otros paises no. Allí cuidan mucho lo deconstruir una marca más allá del artista.

–¿Ya ha pedido plaza para actuar en Eurovegas?

–Todavía no me lo he planteado (risas). Todo es hablarlo.

–Es usted tramposo?

- No, pero me es tremendamente complicado reprimirme. Es una lucha durísima y prefiero no jugar ya que lo paso mal porque ¡es tan fácil ganar! En momentos distendidos, mis amigos no quieren jugar conmigo a las cartas: no me dejan tocarlas ni repartir y aun así gano y creen que soy bueno.

–¿Cuáles son sus mitos?

–A nivel nacional, por supuesto, Tamariz: es historia viva de la magia. De internacionales me gustan Houdini y Copperfield, porque no piensas que son tipos que hacen trucos, sino que tienen algo especial. Y hay uno italiano que no es muy conocido, que se llama Cardini. A mí fue el que más me marcó porque hacía prestidigitación, sólo hacía habilidad, y junto con ver a Copperfield volando son los momentos en los que me dije: «tengo que ser mago seguro».

–¿Utiliza sus trucos para ligar?

–No, pero como en lo del póquer me cuesta reprimirme. Lo hice en la adolescencia, en esos años de inseguridad. Dices: ni soy guapo ni nada, pero igual consigues un baile.

–¿Hay que reivindicar la magia?

–Creo que sí, pero los magos tenemos una responsabilidad en esto, y es volver a asombrar. La capacidad de sorpresa de la gente está en unos niveles muy complicados. Los espectadores ven cada día cosas increíbles. Ofrecerles algo más extraordinario es un reto increíble.

–¿Cuál sería su poder ideal?

- La invisibilidad siempre ha sido un poder que me ha interesado mucho. Que no te vean, eso está bien. Y hacer un poco de Robin Hood, meterte en un banco sin que te vean y coger cuatro maletas. Es broma.

–¿Qué o a quién haría desaparecer?

–Un concepto, la injusticia.

– ¿A quién es más difícil hacerle un truco, a los niños o a los adultos?

–A los niños sin lugar a dudas, porque si uno te ve un juego lo va a gritar, y va a haber cincuenta o cien niños chillando y señalándote con el dedo, y alguno igual te tira algo. Pero eso te hace crecer. Con los adultos todos practicamos esa convención social como que no hemos visto nada.