«Aún no soy "yayoflauta", pero todo se andará»

Petra Martínez. Profesión: actriz.. Nació: en 1944, en Linares (Jaén).. Por qué está aquí: protagoniza «Una mujer en la ventana» en la Sala Mirador (Madrid).

Petra Martínez
Petra Martínez

–«Una mujer en la ventana». Ahora las mujeres miran poco por la ventana.

–Las mujeres, los hombres y los niños. Prefieren la tele. Yo miro poco porque tengo una casa enfrente y no me gusta asomarme a otras vidas.

–Su personaje: una mujer obligada a dejar su casa en ruinas...

–Es su último día antes de ir a una residencia. Ha de decidir qué llevarse de la casa donde ha vivido 45 años. Está triste, claro, pero también sonríe.

–Una casa llena de recuerdos. Me imagino que quiere llevárselo todo.

–Sí, incluso un reloj que funciona mal, pero en la residencia va a estar en una habitación compartida. Se quiere llevar hasta una vajilla muy antigua.

–¿Y eso?

–Porque forma parte de su vida, como todo lo demás. Es una vajilla que no usó ni su abuela, que no ha usado nadie por miedo a romperla.

–Una metáfora de...

–La mentalidad antigua. Cuántas cosas no usábamos por miedo a romperlas, para que duraran más que nosotros y dejarlas en herencia.

–¿Qué se llevaría de su casa si tuviera que irse?

–Un florero de mi madre. Lo tengo en un rincón para que no lo rompan mis nietos.

–¿Mejor en una residencia que vivir con un hijo muy ocupado y egoísta?

–Sí. Yo no voy a ir, pero preferiría estar en una residencia antes de que mis hijos se tuvieran que sacrificar por mí y de estar en una casa ajena.

–Dicen que la vejez, y no la juventud, es la edad de la insolencia, de la rebelión...

–De acuerdo: los prejuicios se van y a uno le importa menos todo. Ya estoy en la tercera edad. Aún no soy «yayoflauta», pero todo se andará.

–La edad discrimina. ¿Es lo peor de envejecer?

–Es de lo peor. La franja más peligrosa, para una actriz, está entre los 40 y los 50. Aún no eres mayor y ya no eres joven.

–No sé si cualquier tiempo pasado fue peor, como dice Punset.

–Hay tiempo pasados muy buenos. Yo soy una nostálgica intermitente.

–¿Comprende a esas ancianas que quieren más a su mascota que a su hijo?

–Las comprendo, aunque no es mi caso. Es que hay hijos que sólo llaman por teléfono en Navidad.

–«Cuánto más conozco a la gente más quiero a mi perro» (Schopenhauer).