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Allegra Gucci, la verdad del asesinato de su padre contado a sus hijos

La hija del que fuera gigante de la moda rompe su silencio, 27 años después, en un libro que sale la próxima semana en Italia

Alessandra y Allegra Gucci, las dos hijas ue tuvo Maurizio Gucci con su asesina, Patrizia Reggiani
Alessandra y Allegra Gucci, las dos hijas ue tuvo Maurizio Gucci con su asesina, Patrizia Reggiani FOTO: Ansa La Razón

El 27 de marzo de 1995 tres disparos por la espalda acabaron con la vida del empresario Maurizio Gucci, heredero del imperio de la moda, a las puertas de su oficina en el centro de Milán. Dos años después, la policía descubrió a través de los pinchazos telefónicos que detrás del asesinato se encontraba su viuda, Patrizia Reggiani, quien pagó casi medio millón de euros a dos sicarios para que se deshicieran de su exmarido.

En 1998 el Tribunal de Milán condenó a los autores y cómplices del asesinato del empresario a penas de entre 25 y 29 años. Patrizia Reggiani estuvo encerrada en una cárcel milanesa durante 17 años. Casi dos décadas en las que las dos hijas del matrimonio, Alessandra (1977) y Allegra (1981), permanecieron en absoluto silencio. Hasta ahora.

«Fine dei giochi» -algo así como «Se acabaron los juegos» en italiano- es el libro en el que Allegra Gucci relata, 27 años después, cómo vivió el crimen que conmocionó al mundo de la moda y la alta sociedad italiana, y destruyó a su familia. «Ha llegado el momento de compartir mis palabras no solo contigo, querido papá. Hay mucho que decir. Mi verdad, tu verdad, nuestra verdad», escribe en el volumen, que será publicado la próxima semana en Italia.

La última gota del vaso que hizo romper su silencio fue «House of Gucci», la película de Ridley Scott en la que Lady Gaga interpreta a su madre, y que Allegra define como «una pésima caricatura». «He escrito este libro porque tengo dos hijos pequeños y viendo el clamor que ha suscitado la película no quería que crecieran sin saber la verdad. He reconstruido los recuerdos pedazo a pedazo. A veces han provocado dolor, otras veces, liberación».

Recuerdos que arrancan aquel 27 de marzo en el que su vida cambió. «Ese día no había ido al colegio. Mi madre entró en mi habitación y me dijo: ‘Tu padre ha muerto’. Y se marchó. Desde entonces mi familia y yo no hemos tenido paz» cuenta en una entrevista al «Corriere della Sera».

El libro es un diálogo imaginario entre padre e hija en el que Allegra rememora «la bellísima historia» entre sus padres hasta que el amor se rompió; la relación con su abuela materna, Silvana Barbieri, «una manipuladora» para quien «sólo existía el dinero y el poder», que llegó a quedarse con los fondos destinados a sus nietas; y su guerra en los tribunales con la pareja de su padre cuando fue asesinado, la modelo Paola Franchi.

En 2020 una sentencia del Tribunal de Casación ordenó a las dos hijas, únicas herederas de Maurizio Gucci, resarcir el daño que su madre había provocado a Franchi, con quien el empresario planeaba pasar por el altar. «Otra bofetada en la cara. Yo, hija de un padre asesinado y una madre encarcelada, también tuve que pasar por aquello» denuncia en una entrevista a «Vanity Fair». Pero lo peor estaba por llegar.

Cuando en 2013 Patrizia Reggiani salió de la cárcel exigió a sus hijas la pensión vitalicia que le correspondía según el acuerdo de divorcio firmado en 1993 en Lugano, en el que Maurizio Gucci se comprometió a pagar a su exmujer un millón de francos suizos al año. Alessandra y Allegra impugnaron el acuerdo y recurrieron la sentencia, pero el Supremo italiano decretó que debían pagar a su madre.

Envuelta aún en una batalla legal contra su progenitora, la hija menor de Maurizio Gucci confiesa que su único deseo, 27 años después, es poder vivir serena. “Y que mi madre un día me abrace y me diga: ‘Te quiero’”.

La viuda negra

«Fine dei giochi» es sobre todo el reconocimiento público de una decepción y del dolor profundo que las dos hermanas Gucci, Alessandra y Allegra, sintieron al descubrir que su madre había pagado para acabar con la vida de su padre. «Durante 7 años fui a verla [a la cárcel] todos los miércoles y viernes. Mi hermana y yo creímos en la inocencia de nuestra madre hasta que descubrimos a través de la televisión y de sus declaraciones que no era así. Fue terrible. Me enfadé muchísimo y después de la rabia intenté comprender si esa mujer era mi madre o no. Pero no consigo entender quién es realmente».