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Juan del Val: "A los perros se les falta el respeto si se les quita la dignidad intentando humanizarlos"

Nunca quiso tenerlos, «no me gustan porque son incómodos, ensucian y son caros», pero aceptó con la condición de escoger los nombres. Violenta y pepita... suena a revancha.

Del Val no niega que echa de menos a Violenta y Pepita cuando no están.
Del Val no niega que echa de menos a Violenta y Pepita cuando no están.

Nunca quiso tenerlos, «no me gustan porque son incómodos, ensucian y son caros», pero aceptó con la condición de escoger los nombres. Violenta y pepita... suena a revancha.

«Yo no quería tener perros, pero mis hijos y mi mujer, Nuria (Roca), se empeñaron. Lo acepté con la condición de que los nombres los ponía yo. Como tuvimos una anterior que se llamaba Peligro –que murió– y el Ratón de Praga que nos llegó era su hermana, le puse Violenta.... suena a transexual de cabaret, ¿verdad? Pero la verdad es que tiene muy mala leche, pese a ser tan enana», dice el ganador del Premio Primavera de Novela por su magnífico libro Candela (Espasa)... «Pero hace cuatro años, uno después que Peligro, llegó una perrita salchicha –ahora les llaman Teckel de pelo corto–, hija de campeones, y la nombré Pepita. También, porque me hizo gracia... suena a señorona (risas)». Mientras hablamos de la segunda edición de su novela –absolutamente recomendable tanto por tierna como por divertida– nos va aclarando su visión «canina»: «No permito que duerman con nosotros. Los chicos sí, quieren que se suban a sus camas, pero a mí no me gusta. Es más, tengo que reconocer, que no me fascinan los perros, me parece que son incómodos, ensucian muchísimo, son caros, hay que estar pendientes de su pienso, veterinarios, sacarlos a la calle... Aunque cuando se los lleva Nuria a Valencia, no concibo la casa sin ellos. Primero pienso ¡qué bien!... pero luego les extraño». No tiene historias épicas con ellos, «ninguna literaria, digna de mención. Me gusta su compañía, pero no hay que buscar en un animal nada extraordinario. Lo más bonito es que estén, que se suban a tus piernas cuando leo o que anden por el despacho mientras escribo. Pero, repito, si yo viviera solo no tendría ni perro ni gato ni loro. En cambio, me hace gracia que vengan detrás de mí, caminar con ellos...». El novelista, guionista de «El Hormiguero» y colaborador con Carlos Alsina en Onda Cero, asegura que no les da caprichos y sigue a rajatabla lo que le dice el veterinario, «a los perros se les falta el respeto si se les quita la dignidad intentando humanizarlos. Atribuyéndoles emociones o una inteligencia humana que no posea. Tienen un grandísimo instinto y mucha dosis de costumbre cuando viven en familia, pero de ahí a imaginar que cuentan con percepciones especiales, me parece un grandísimo error. Afortunadamente, un perro es un perro y hay que darle su respeto. Lo de los abriguitos, patucos y lacitos me parece el colmo (reconozco que a Nuria le encanta vestirles, pero yo no lo apruebo)... Es más, creo que les debe molestar. No son bebés: son perros. Muchos dueños –y solo es mi opinión– tienen una relación insana con sus mascotas atribuyéndoles conductas que no son reales. Te lo cuentan los expertos. Humildemente, pienso que la forma de dignificarles, es tratándoles como lo que son». No para de sonar el teléfono. La promoción de su libro, además de su trabajo, tiene todas sus horas ocupadas... No obstante, «ya estoy dándole vueltas a otra historia». Un amo atípico, un hombre desigual... un creador personalísimo.