La pasión española de Ancelotti

La compañera sentimental del entrenador italiano nació en Guadalajara y habría propiciado su posible llegada al Real Madrid

Florentino Pérez ha encontrado una aliada inesperada para lograr que Carlo Ancelotti cambie el Paris Saint-Germain (PSG) por el Real Madrid: la novia del entrenador italiano. De larga melena lacia rubia y porte elegante, ha sido vista en varias ocasiones paseando del brazo de «Carletto» por las calles de la capital gala, de viaje en Venecia o en la última edición del torneo tenístico de Roland Garros. Aunque se desconoce su identidad, sí que han trascendido sus orígenes: es española criada en Canadá. Toda su familia es de Guadalajara. La señora habla castellano perfectamente y estaría encantada con la posibilidad de volver a su patria acompañando al técnico transalpino en su nueva aventura futbolística al frente del club blanco.

Amor en los canales

La «rubia misteriosa», como la llama la Prensa del corazón italiana, llevaría con Ancelotti al menos desde hace un año y medio. La primera vez que se les vio juntos fue en diciembre de 2011 en Venecia. Dieron un paseo en una lancha motora y pasearon por esta bella ciudad deteniéndose incluso a fotografiar con el móvil los expositores callejeros donde se venden las típicas máscaras carnavalescas. En aquellos días, el preparador ultimaba su llegada a París, recién comprado entonces por los jeques del Qatar Investment Authority, quienes buscaban un «número uno» en los banquillos para colocar al PSG entre los grandes de Europa. Fue la compañera de Ancelotti quien se encargó de buscar el apartamento en que ambos han vivido durante su temporada en París.

Pese al acecho de los «paparazzi», «Carletto» ha conseguido mantener más o menos en la sombra su intimidad. De trato exquisito con la Prensa, no acepta sin embargo incursiones en su vida privada. La época en que estuvo más expuesto fue en 2008, cuando salió a la luz su relación con la periodista rumana Marina Cretu, lo que supuso el fin de sus más de veinte años de matrimonio con Luisa Gibellini. A la de Bucarest la conoció en 2004 y enseguida comenzó una relación pasional con ella, cuando aún estaba casado con Luisa, con quien tiene dos hijos. La mayor se llama Katia, de 29 años. El pequeño, Davide, de 23, siguió los pasos de su padre y jugó en las escalas inferiores del AC Milan. Luego le ha acompañado al PSG, donde ha trabajado como preparador físico de los juveniles del club parisino. Es posible que Davide también le acompañe a Madrid, por lo que habría que encontrarle un hueco en La Fábrica, la cantera blanca.

Además de en la compañera sentimental del técnico, Florentino Pérez podrá apoyarse en otro «embajador» para facilitar su llegada a la capital española. Se trata del francés Zinedine Zidane, a quien Ancelotti tuvo a sus órdenes durante el año y medio que entrenó a la Juventus de Turín. Los dos establecieron una estupenda relación que se mantuvo cuando ambos dejaron el club «bianconero» al final de la temporada 2000-2001: Zidane se fue al Real Madrid y el técnico acabó en el banquillo del AC Milan. El hecho de ser uno de los entrenadores de fútbol mejor pagados del mundo (en el PSG cobra 7,4 millones de euros netos por temporada) no ha hecho de Ancelotti una persona ostentosa ni amante de excesivos lujos. Quienes le conocen dicen de él que es un tipo sencillo y bonachón, con el que es fácil llevarse bien. Sólo se le conoce una pequeña excentricidad: se compró una casa de vacaciones con su entonces esposa en Sharm El Sheij, la turística ciudad egipcia a orillas del Mar Rojo. Ahora Luisa Gibellini, de quien obtuvo el divorcio en 2010, suele acudir a la vivienda con su novio, Graziano Galatone.

Sí que es Ancelotti, en cambio, un gran amante de la buena mesa. Originario de la región de Emilia-Romaña, célebre por su estupenda gastronomía, es un enamorado de una de las principales delicias de la zona, el «prosciutto» (jamón) de Parma. Si, como todo parece indicar, acaba llegando al banquillo del Real Madrid, tendrá que compararlo con los perniles ibéricos de pata negra, orgullo de nuestro país. También le gustan a «Carletto» los buenos vinos. Tanto en Londres como en París, las dos ciudades fuera de Italia donde ha entrenado, ha sido siempre un estupendo embajador de los caldos transalpinos. De su etapa como preparador del Chelsea londinense se recuerda que, cada vez que se veía con Sir Alex Ferguson, histórico técnico del Manchester United, intercambiaban sus vinos favoritos y se los bebían juntos.

La celebridad y el dinero que le ha brindado el fútbol a Ancelotti contrastan con sus humildes orígenes en la campiña italiana. Es hijo de dos agricultores sin tierra que se partieron la espalda trabajando en el campo. «Yo era muy pequeño, pero recuerdo cuando venía el dueño de la tierra a dividir la cosecha. La dividía como quería él. También con las gallinas: entraba en el corral y cogía las mejores, las más gordas», contaba hace unos años el técnico recordando su pasado. Su llegada a Madrid cambiará para siempre su destino.

Dejó a su mujer por una joven rumana

«Carletto» lleva la pasión italiana corriéndole por las venas, y por eso su primera mujer, Luisa Gibellini (izda.), debía compartir su nacionalidad. Pero unas se dejan por otras, y tras 25 años de matrimonio, el técnico del PSG decidió dejar a su esposa por la rumana Marina Cretu (dcha.), que, con 34 años, era 18 más joven que él. Comenzaron su relación secreta en 2004, cuando Carlo aún estaba casado y ella tenía novio. Marina le dio un ultimátum, y Ancelotti dejó a su mujer por la rumana.