Historia

Barcelona

Victoria Abril, una «pata negra» bien arropada

La intérprete, en el centro, junto a José Mercé (izda.) y Miguel Ríos (dcha.), durante la ceremonia celebrada en el Corral de la Morería
La intérprete, en el centro, junto a José Mercé (izda.) y Miguel Ríos (dcha.), durante la ceremonia celebrada en el Corral de la Moreríalarazon

Victoria Abril debió de pensar que se encontraba en el túnel del tiempo. Y no sólo por estar en el ya histórico escenario del Corral de la Morería, un local que lleva sesenta años exhibiendo buen flamenco. Es, sin duda, un rincón imprescindible del turismo internacional y escenario de los premios Pata Negra. Blanca del Rey no concurrió con su mágico mantón de Manila, porque está en Jerez dando una lección magistral, como Álvaro Luis, de pervivencia de estilos desterrados por los actuales relaciones públicas. De ahí el asombro de Victoria ante la cordialidad contagiosa entre los famosos y los periodistas que evocaba a tiempos de casi fraternidad. Lo remarcaba Miguel Ríos, con unos magníficos 69 años, mientras la actriz dudaba de los suyos: «Yo no sé si son 63 o 69», ironizó ante Trini y Vicente del Bosque, al que exaltó José María García. No degustó un menú que era como de otra época, compuesto por tres platos de exquisitez gastronómica. Los premios aúnan el arte con la buena comida en un lugar panorámico de La Almudena, donde nunca actuó, y así lo hizo saber, José Mercé, también en estado de gracia física, como Joaquín Torres. Cerca estaba Paloma San Basilio, dispuesta a retirarse después de su gira con una autobiografía artística hecha por José Ramón Aguirre. José Luis Lozano y Zabala de la Serna coincidían en que la reapertura de La Monumental de Barcelona, cerrada por el Gobierno de Mas, «va para largo», pese a las buenas intenciones de su dueño, Pedro Balaña.

Victoria Abril vivió en el hotel Preciados, porque añora lo castizo, el sol y el «pata negra», incluso después de treinta años en París y quince con la misma pareja. Un récord infrecuente, como su desgarro fílmico tan bien captado por Almodóvar:«Fueron buenos años de creación, viví lo peor durante los cuarenta, igual que Pedro, que ya está por encima de todo. Por eso, se permite hacer cuanto le viene en gana», afirmó la actriz, a quien casi se le escapó un ¡ay! a causa de la demora de la comida. Empezamos el almuerzo a las tres y media «y en París como a las doce, esto es España», afirmó. Lara Dibildos exhibió una pata negra tan estupenda como las de mamá Laurita, con unas medias tan renegrías como las de Alicia Senovilla, que contagia alegría allá donde va. Son unos premios con solera, donde cada famoso se llevó bajo el brazo un jamón único como si fuese una guitarra. Bernardo Hernández se lució y ya piensa en la próxima cita, siempre impulsada por Fernández Tapias. Asombró el baile -postre de Jesús de Carmona, premiado en el Cante de las Minas, como a otros la entrega de Isabel y Álvaro Luis, quienes parecen los últimos románticos. Y acaso lo son.