Europa

«Made in Cataluña», marca España en Cibeles

Teresa Helbig y Andrés Sardá dominaron ayer la pasarela madrileña junto a Devota&Lomba y Miguel Palacio, ajenos a los nacionalismos

Andrés Sardá se puso galáctico con un desfile lleno de jaquards, piqués, crochés de cobre, punto de cruz y seda estampada
Andrés Sardá se puso galáctico con un desfile lleno de jaquards, piqués, crochés de cobre, punto de cruz y seda estampada

Teresa Helbig y Andrés Sardá dominaron ayer la pasarela madrileña junto a Devota&Lomba y Miguel Palacio, ajenos a los nacionalismos

Fin del desfile de Teresa Helbig. Ovación. No es para menos. En el «backstage» la espera Cuca Solana, directora de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid. Abrazo intenso, largo. Cuca se seca una lágrima. Emoción. La Helbig no puede parar quieta, su equipo no es capaz de contener la alegría. Triunfo. «Made in Cataluña» –«fet a Catalunya»–, marca España. De repente, una figura emerge al fondo. Se trata de Miquel Rodríguez, el director del 080 Fashion Week, la pasarela nacida de la mano de la Generalitat y que en seis años ha ganado peso, prestancia y eco mediático. Mango, Custo Barcelona y Desigual, los grandes del diseño y el textil catalán, desfilan ya allí, y desde la pasada edición se han sumado dos ex cibelinas, Guillermina Baeza y TCN.

Con estos datos y al vislumbrar a Rodríguez en Ifema, surge la duda: ¿coquetea con Helbig? ¿Se querrá llevar a Andrés Sardá? «No me llevo nunca a nadie, son ellos los que toman las decisiones y tienen que ver cuál es la plataforma que les ayuda más para proyectarse en el mercado», comenta con buen humor Rodríguez, que explica su presencia en Madrid como «una manera de dar soporte a nuestras empresas». Y bromea: «¿Y si desfilaran en las dos pasarelas?». Suspiro de alivio, pero sospechas de que pueda darse una contienda como la de antaño entre Gaudí y Cibeles, que se manche de nacionalismo. Pero no.

«La moda no tiene nada que ver con el politiqueo. Los tiros van por otro lado. El mensaje que hay que lanzar es que la industria se dé cuenta de que existen genios como Teresa Helbig a los que hay que apoyar para que vendan más y más», apunta Cuca, a quien uno la mete en un compromiso: «¡Que te la van a quitar!». Y ella saca pecho: «Teresa es nosotros, es una joya ellas y una joya todo lo que ha hecho». Lo cierto es que no hay cadena que haga de muro de contención a lo que el equipo de Helbig hace en su taller de Barcelona. A medida y personalizado, oiga. Su moda no tiene fronteras ni entiende de provincianismos. Más bien lo contrario. ¿Cómo poner límites de venta a un vestido que en total contiene 200 metros de puntilla elaborada a mano? Que se lo digan a la costurera que se las ha visto y se las ha deseado para conseguirlo. O a la propia madre de Teresa, que cose los botones como nadie en las piezas de crep de seda. Así se entiende y comparte la lágrima de Cuca por una colección que se mueve entre el negro y el blanco, en la que las cintas de algodón de croché van cogiendo forma una a una en un papel marcado para hacer vestidos deliciosos mientras que el georgette de seda se mezcla con el croché dando vida a unas túnicas que desfilan solas. De diez su primera incursión en el mundo denim, que toca techo en el vestido largo de noche y que resume el estilo de la marca: el «chic» desenfadado. Hasta los complementos, con las tiaras y brazaletes de flores, seducen al personal.

Así se cose una colección que encanta a las jequesas de los países árabes, a las señoras de la alta sociedad panameña y a unos compradores mexicanos que no perdían ripio. «No me estoy forrando, pero puedo decir que disfruto con lo que hago y que podemos dar trabajo a 15 personas de forma permanente». Visión internacional que no se mete en saber a quién pertenecen los Bienes de la Franja o qué es eso del hecho diferencial.

Porque quedarse encerrado en un único acento implica morir como firma, desaparecer del mercado. Lo saben también Andrés Sardá, la otra firma catalana que ayer brilló sobre la pasarela madrileña teniendo las cosas claras: mirar al exterior para seguir creciendo. Lo saben por experiencia. La que les da los más de 50 años en el mercado, el hecho de haber sido los primeros en exportar lencería y baño de lujo en Europa y el que el grupo belga Van de Velde decidiera apostar hace cinco años por seguir en este camino. «Lo que falta en España es la sinergia entre empresa y creador, que vayan de la mano», insiste Nuria Sardá, directora creativa de la casa. De momento, ella se lanzó ayer a la conquista del espacio en un desfile galáctico que hizo saltar a la palestra a heroínas de cómic capaces de seducir con un salto de cama o un traje de baño a marcianos y terrícolas. Jacquards, piqués y croché en cobre para el baño, toques de punto de cruz para una lencería en la que también se mueve la seda estampada.

Apoyar lo español

«Hay que apoyar todo lo español por definición, sobre todo cuando es de calidad, como la moda, cuya proyección va a más», sentenciaba Cristina Garmendia, ex ministra de Ciencia e Innovación que ayer se dejó caer por el desfile de Devota&Lomba. Hay a quien las dificultades le hacen agudizar el ingenio. Modesto Lomba podría firmar esto. Imputaciones aparte, ayer ofreció algo diferente. Si bien partía de sus patrones arquitectónicos, dijo adiós a las pinzas y dio la bienvenida a un tratamiento de los tejidos que le llevó dar un salto de calidad a través de los brocados y texturas floreadas, con ese detalle de elegancia de pintar a mano en parte del forro visible de los vestidos.

También estuvo a la altura Miguel Palacio. Otro que no se queda encerrado en Madrid. Su alianza con Hoss Intropia va a más y toparse en el West Village de Nueva York a una dama como Jennifer Creel con un «total look» del creador dice mucho de por dónde van los tiros. Por eso, esa mirada a las estrellas que le sirvió de pretexto para comenzar la colección de primavera verano de 2014 no le dejó embobado sino que le llevó a construir unos vestidos, camisas, pantalones y monos con destellos de brillo a través de bordados con lúrex y estampados luminosos. Interesantes los troquelados circulares en polipiel y las camisetas con minipaillettes de flores. Más desapercibidos pasaron Amaya Arzuaga –fiel a sus asimetrías, pero algo repetitiva en sus patrones– y Ángel Schelsser. «Es lo de siempre», aseguraba ayer en «backstage». Nada más que añadir.

Juntos... y revueltos

Inclasificable. Es la única palabra que define la primera fila del desfile de Devota&Lomba. Resulta imposible imaginar que en muy pocos metros de distancia se puedan sentar la ex ministra Cristina Garmendia, Octavio Acebes, Ruppert-tenecesito, Silvia Marsó, Darío Barrio y Mónica Martín Luque. Pues sí, todos en el mismo saco. Alguna, como Mónica, aparentemente más delgada. Feliz, pero más delgada. «Pues te diré que he engordado kilo y medio, hago dieta para engordar, pero no consigo más», explica. Es puro nervio, como Elena Anaya, que huía como ladrón en casa de Camilo Sesto, sin decir ni mú, del pase de Miguel Palacio, que también llenó su desfile de amigos, entre ellos, Marta Robles, Fiona Ferrer, Carmen Lomana, Beatriz de Orleans y Esmeralda Moya.