Un flechazo bordado

DelPozo enamora con el ejercicio de costura que Josep Font propone para el próximo invierno

Uno la ve caminar y enamora. No es necesario que hable. Callada. Caminando. En realidad ella por sí misma no atraparía, lo hace el rojo coral. Pero no en sus labios. En su cuerpo. El punto se mimetiza con su piel, aunque el tejido que se va retorciendo hasta formar burbujas que desembocan en un corte capa. Poética. Es lo que firma Josep Font para DelPozo en su tercera cita con la Semana de la Moda de Nueva York. En términos prosaicos este vestido que desfiló por el piso 39 del SkyLight Limited esconde, como los 38 «looks» que sacó a escena, horas de trabajo que resultan prácticamente impagables con una reinvención de la lana, el mohair, la alpaca y la angora.

DelPozo construye mujeres que sobreviven al invierno sin pasar frío, gracias a unas capas exteriores con corte japonés XXL. Aquí es donde Josep se permite la licencia –y con tino– de acariciar colores fuertes desde los contrastes: naranja con azul cielo, verde manzana y azul pato... El universo Font, que se detiene en la geometría orgánica de Duilio Barnabé –discípulo de Picasso– se despliega también con unas mariposas en organzas que también se mueven ora entre naranjas y rosas ora con marrones y morados. Mientras, las prendas que hay debajo el abrigo buscan conectar desde la gasa y el cadí con el «yo» de quien las porta, con un aire vaporoso y delicado que deja los tobillos al descubierto.

El director creativo de DelPozo sale a saludar con timidez después del desfile, aunque su arranque a Nueva York no ha sido tan oculto. La prueba es que un año después de su aterrizaje, hace tan sólo unos días «The Wall Street Journal», acostumbrado a reflejar la crudeza de la recesión española, le dedicaba un reportaje en el que aplaudía tanto el ingenio de Font, como el modelo de negocio y expansión internacional que va de su mano. «Hacer un proyecto realidad con este equipo es mágico, aunque también hay que tener en cuenta que las cosas no se consiguen con un chasquido», explica Josep tras enumerar los puntos de venta «high class» donde DelPozo ya tiene presencia, como Barneys, Open Ceremony, Harvey Nichols y, en breve Lafayette, amén de su tienda propia en Miami y de sus madrinas neoyorkinas, Indre Rockefeller y Lauren Santo Domingo –ayer se excusó y acudió su hermana Betina–. «Hemos creado un nuevo lujo que no entiende de logotipos, sino apostando por los diseños y buenos acabados. Por eso me gustaría algo imposible en el desfile: que las prendas se pudieran tocar y aprecien la compleja construcción que hay dentro de cada prenda». Por eso los bancos cercaban a las modelos y no había segunda fila. Pues bien, esta obsesión por percibir el detalle es lo que parece estar valorando esa clienta sin fronteras que sabe distinguir lo bueno de lo mejor.

Reivindicación de lo artesano

A Ainhoa García, directora general de DelPozo, se la ve satisfecha. Ella ha empeñado algo más que tiempo para que la casa tuviera una nueva vida y lo están consiguiendo. Tanto es así que «hemos pasado de 20 a 50 en la sede madrileña de la firma», explica, consciente de que estar a la altura de la mentalidad de alta costura en la que se mueve la cabeza de Font no es sencillo. «Esta apuesta exige tener a los mejores entre los mejores en los talleres y, desgraciadamente, en nuestro país cada vez quedan menos artesanos», apunta García, que ha tenido que hacer auténticas virguerías para fichar a profesionales capaces de hacer realidad los sueños de Josep y «crear un producto firmemente español». Como una serie de vestidos elaborados con una compleja técnica de bordado que hace que la costurera vaya cosiendo las aplicaciones a la inversa. Lo mismo sucede con los swarovskis engarzados o unas pailletes que demuestran que el brillo, en su justa medida, es signo de distinción.