«WhatsApp» le revienta la exclusiva a Fran Rivera

A media tarde del pasado sábado, antes de ayer sin ir más lejos, la nuevas tecnologías, líneas de telefonía móvil 3G y las redes sociales, demostraron que hace años que hemos sufrido una revolución en las comunicaciones y los canales de información. Para muestra, la difusión de la «reboda» de Fran Rivera de chaqué y chistera. Al torero mediático –o «torero relojero», como se le conoce en el argot taurino por anunciar relojes en lugar de cortar orejas y abrir puertas grandes– le han reventado la exclusiva de su segunda boda. Yo ya no sé cuántas lleva. A ver... Con Eugenia, la primera y por la Iglesia: TVE emitía la señal en exclusiva desde la Catedral de Sevilla para el mundo entero; con Lourdes, en el Ayuntamiento por sorpresa en exclusiva para el B.O.E del colorín; y con Lourdes Montes, en la «reboda» de Ronda... ¡Ojú! Chiquillo, ¿cuántas veces más vas a casarte con Lourditas? Sólo te queda hacer como Alejandro Sanz en Bali o como Lauren Postigo por el rito zulú... Todo dependerá de lo que te paguen por vender tu vida privada. La que tantas veces has pretendido defender en los Tribunales. Al final, «la cabra tira al monte» y la sangre de Carmina «la divina» tira adonde está el dinero fácil... Lejos del albero y la puerta de chiqueros.

Pasadas las 19:30 del sábado, mi iPhone no paraba de pitar. «Ding-dong», y como si fuese el cable de las agencias de fotografía France Press, Efe o Gamma, en mi terminal entraban fotos de Fran y de Lourdes a pesar de haber preparado una «ceremonia a prueba de intrusos». Y es que pusieron barreras especiales para las paredes, telas en las esquinas, techados, carpas, hombres de seguridad privada por todos los rincones, manteca en los árboles para que ningún fotógrafo paparazzi se encaramase en su copa para captar una instantánea... Pero lo peor fue el «prohibir», presuntamente, el portar y usar teléfono móvil por parte de los invitados al enlace.

Las fotos de los novios llegaban antes a los teléfonos móviles de periodistas, curiosos e incluso al de Eugenia Martínez de Irujo que a la redacción de la revista «¡Hola!». El traje de la novia, su tocado, su ramo y su cuello desnudo de joyas se conocían a media tarde de forma simultánea al desarrollo del evento. «¡Viva WhatsApp!», dije yo, pensando en las demandas millonarias que Fran Rivera había puesto en los últimos diez años a periodistas, revistas, programas, productoras y cadenas de televisión.

Esta vez los encargados de proteger la exclusiva, sus protagonistas y el medio que la pensaba publicar no han podido frenar a las redes sociales. WhatsApp, Twitter y Facebook bullen con las imágenes del enlace.

A Fran le tienen muchas ganas sus amigos e invitados. Tanto buscar fuera al enemigo y resulta que el enemigo está en casa. ¿Los amigos íntimos del matador le quieren tanto que se han encargado de regalar las fotos del enlace de forma altruista (totalmente gratis)? Qué buenos amigos te rodean, maestro. ¿Pagará entonces la revista «¡Hola!» la millonaria cifra por el secreto peor guardado? Yo personalmente lo dudo. Para colmo de males, la luna de miel ya tiene precio: varios invitados quieren rentabilizar la información y la están ofreciendo a agencias de prensa y periodistas. Y yo, por ahora, me voy a callar unas cuantas cosas... ¡Suerte, maestro!