Asia

Harrison Ford: «Deseo acabar mis días rodando una película»

Imagen del nuevo trabajo de Harrison Ford, «Los juegos de Ender», que ha sido tachada de fascista, algo que el actor negó ayer en Madrid
Imagen del nuevo trabajo de Harrison Ford, «Los juegos de Ender», que ha sido tachada de fascista, algo que el actor negó ayer en Madrid

La última vez que visitó Madrid estaba bastante antipático y en la oreja tenía un diamante, no un pequeño aro de plata como ahora. Sigue siendo un tipo muy guapo que no se fía demasiado de los periodistas (hace bien, dicen algunos), pero, en esta ocasión, Ford habló con menos renuencias y suspicacias sobre la nueva película que protagoniza, la futurista «El juego de Ender», la adaptación de la polémica novela homónima concebida por el no menos traído y llevado Orson Scott Card. Junto a la estrella también visitaron recientemente Madrid los adolescentes Asa Butterfield («La invención de Hugo», este chico llegará lejos) y Hailee Steinfeld, amén de Ben Kingsley (curioso, también intervino en el último filme de Scorsese), que completan el reparto del filme, el director Havin Hood y el productor de origen mexicano Roberto Orci, más contento que unas castañuelas por presidir tamaña troupe. En resumen: aquel día no dimos abasto, y eso que Hood declinó ofrecer entrevistas a los medios escritos.

Sólo a mayores de trece años

«Yo me veo siempre trabajando entre iguales con las mismas ambiciones. No doy consejos; bueno, sí a los mayores de trece años, prefiero que se sientan libres para pensar, no infundir un respeto hacia mí de manera antinatural. De hecho, el realizador no pretendía que fuese cercano con ellos para crear ese ambiente de autoridad en el set». Se refiere Ford a los dos protagonistas menores del filme, en el que da vida a un hombre con las ideas muy claras para salvar la Tierra, aunque deba engañar a un inteligente niño con hechuras de héroe y de asegurarnos con sus proezas una nueva saga. Pero dejemos que continúe Ford para añadir que «no tengo en cuenta el género nunca, sólo trabajar con gente de talento. Adoro mi profesión, únicamente busco una buena película». El actor se enfada con la siguiente pregunta, aunque tenemos suerte y el mosqueo y la cara torcida le duran poco: «¿Que si estoy interpretando a muchos militares parecidos durante mi carrera? Bueno, tengo varios papeles, sí, pero éste de ahora es distinto. En realidad, he protagonizado cincuenta filmes hasta hoy y todos muy diversos, y ésa fue siempre mi intención. No se trata de que el comentario que has hecho sea erróneo, aunque yo no estoy de acuerdo contigo». Y punto.

El arte, más allá del artista

Pero seguimos metiendo el dedo en el ojo: «¿Fascista la historia? No lo pienso así para nada. Tanto en la novela como en la cinta hay emociones humanas, no contenido político de ningún tipo. Cada uno tenemos visiones dispares de la historia, y no nos corresponde a nosotros decir cuál es la correcta. Que los espectadores piensen por sí mismos en casa y decidan si es así o no, pero en el rodaje no había ningún fascista suelto. Ni el cámara lo era –añade irónico y con media sonrisita puesta– ni el guionista, ni el encargado de las luces, que yo sepa... Y, sobre mi personaje, repito, que el público decida. Además, se trata de un filme que deberían ver nuestros hijos porque plantea hondas cuestiones, y luego, que los padres les deis las respuestas. Para mí, un título así es aquel donde pegan muchos tiros, uno detrás de otro, y se suceden las explosiones».

E interviene el simpático Roberto Orci, con pinta de querer hablar más que un loro: «La obra plantea una pregunta, igual que en la que se basa. Posiblemente yo sea un gran idiota, porque la leí de pequeño y hasta que no la hemos rodado no sabía lo que pensaba el escritor... Debemos separar al artista de su arte, porque puede tener más valor lo creado que el propio creador. De todas formas, el libro no contiene la ideología de Card». En ese punto, sin embargo, hay quien no opina igual. En cuanto a algún sueño por cumplir todavía, Indiana Jones lo tiene claro: «Sí, siempre hay alguna espina clavada. Pretendo seguir siendo útil en el cine, todo lo que he hecho hasta ahora iba encaminado hacia esa meta. Nunca termino de aprender y espero acabar mis días trabajando en medio de una película». Pues que sea tarde la última. E insiste: «El fin en esta cinta reside en preservar a la raza humana. Ender es eficaz porque sabe empatizar y eso lo utiliza para anticiparse a los movimientos de los enemigos y vencerlos luego. Y es manejado por el Gobierno para socorrer al planeta entero, y ahí radica otro mensaje de la película. Sin embargo, no me gusta decirle a la gente cuál es el de éstas hasta que las vea».

Y remata Orci en un español muy musical: «En este sentido, no se trata de una cinta demasiado pensada para adolescentes, por eso los estudios le tenían miedo, sino para toda la familia. Debes hablar de temas y situaciones muy adultas, de cuestiones complicadas, pero el público puede acabar de verla sin haberles revelado el guión lo que va a pasar... El género de la ciencia ficción suele hablar de la sociedad y de temas muy importantes, aunque de otra manera». Mientras salimos del hotel, un compañero apunta: «Pues el mal genio de Harrison Ford no era para tanto». No, hoy, desde luego que no, pero, ah, si algunas paredes hablasen...

Kingsley, marcado por su infancia

Habla con pasmosa serenidad, medita las respuestas como si no hubiera una mañana. Y este poderoso actor confiesa cierto asunto personal que no imaginan. «La cinta plasma el viaje extraordinario de un héroe, y sabiamente, frente a los dilemas y opciones que van apareciendo. Asia está rodeado de seres que lo guían con destreza, existe una especie de presión colectiva para conformar ese periplo. Cada uno emite una señal muy clara a Ender y al público», y añade que «todos le afectan, incluida la hermana, que refleja el amor incondicional que parte de los mitos clásicos, se trata de arquetipos, no de estereotipos. Y todos extraen algo de Ender, un personaje reactivo que responde a cuanto los dioses le echan encima». Sobre los papeles, complejos, a veces muy duros, otras muy extraños, que han sembrado la carrera de este intérprete, asegura que «me parece probable que, por algún asunto ocurrido durante la niñez y mal acabado, algunos en la edad adulta buscamos los trozos que nos faltan del pasado, nuestra fuerza motriz estriba en intentar llenarlos. Dichos vacíos pueden llevar a temas peligrosos, el alcohol, las drogas. Siendo honesto, en mi carrera hay algo vinculado a mi infancia, y reconozco que hacer un trabajo creativo lo está con algo que faltó en mi vida. Yo fui uno de esos pequeños que reían pero a los que no se les escuchaba, no tenía voz, y esa insistencia por ser oído se convirtió en un arte, en una destreza especial. Soy un buen contador de historias». Y ya cambia de tercio: «Entonces, las películas de ciencia-ficción eran ridículas, pero Meliès predijo el futuro limitado por sus perspectivas, y hoy también lo estamos por el vocabulario actual». Bien lo sabe Kingsley, que fue el mismísimo Georges.