Novela

Intermediarios no manipuladores

El periodismo tiene la necesidad de volver a sus orígenes. No debemos confundir la interpretación con la manipulación

Intermediarios, no manipuladores
Intermediarios, no manipuladoreslarazon

¿Y si el debate no fuera papel o digital, gratuito o de pago, redacciones integradas o separadas...sino periodista con o sin calidad?, ¿y si el debate no fuese la forma, es decir, el continente, sino el fondo, es decir, el contenido?, ¿y si el futuro del periodismo no pasase tanto por el modo en que el mensaje llega, sino por el modo en que creamos ese mensaje? Nos devanamos los sesos tratando de averiguar cuánta vida le queda al papel o a la radio y a la televisión, y nos olvidamos qué papel jugamos los periodistas en la nueva sociedad, qué rol desempeñamos en un mundo en el que hay sobreabundancia de información, en el que manda la inmediatez, en el que las imágenes y el sonido se pueden seguir en directo, en el que cualquier ciudadano se convierte en testigo de lo que pasa y lo puede hacer llegar al mundo al instante a través de internet. ¿Somos necesarios los periodistas en la sociedad de la información? La respuesta no está clara. Hay quien asegura que somos los únicos garantes de un periodismo de calidad, el último filtro que le queda al lector para separar la paja del grano, capaz de explicar, de dar un valor añadido al hecho en sí mismo. Pero, ¿y si el periodista no hace esa labor? Decía la pasada semana José María Martín Patiño, sacerdote y presidente de la Fundación Encuentro, en un artículo publicado en «El País», que «muchos experimentamos con tristeza que la opinión pública que nos transmiten en general los periodistas españoles es muy diferente según el periódico que caiga en tus manos. No exagero si digo que parecen hablar de mundos distintos. No faltan quienes ya han dejado de tomarse en serio lo que dicen unos u otros. ¿Por dónde anda el sentido de la verdad? ¿O es que esto de la veracidad ha pasado a segunda fila?». Estamos de acuerdo en que no existe la imparcialidad ni la objetividad, pero los medios de comunicación se convierten en bloques monolíticos que apuntan en una única dirección. El margen que queda para la verdad es demasiado estrecho y eso el ciudadano lo nota y se puede sentir engañado. No debemos confundir el análisis y la interpretación con la manipulación. Pascual Serrano, periodista de «Le Monde Diplomatique», aseguraba recientemente en su blog que «la ciudadanía se indigna ante cualquier intento de dirigismo político e ideológico. La estrategia actual de los medios es disimular la intencionalidad para que pase inadvertida a las audiencias y pueda ser efectiva. El objetivo es proporcionar al lector, oyente o espectador elementos de contexto, antecedentes, silenciamientos o métodos discursivos para que llegue a una conclusión y posición ideológica, pero con la percepción de que es el resultado de su capacidad deductiva y no del dirigismo».Por ello, me vienen a la cabeza las palabras pronunciadas por Juan Luis Cebrián durante la entrega de los premios Ortega y Gasset: «Los periodistas somos tan sólo intermediarios. Como dice Eugenio Scalfari, gente que cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Qué pueda significar eso en un mundo en el que la propia idea de mediación desaparece, en el que el narrador es a la vez protagonista de los hechos que narra, es algo que todavía está por ver. Pero, mientras llega ese momento, el periodismo tiene que volver a sus fuentes: verificar la información y contar la verdad». Pues eso.