La ultraderecha finlandesa exige renegociar el rescate financiero a Portugal

 La Comisión Europea confía en que Finlandia cumpla sus compromisos como miembro de la eurozona

EFE_0538_
EFE_0538_

Un día después de haber protagonizado el ascenso más meteórico de un partido político en la historia de Finlandia, la derecha populista finlandesa comenzó ayer a poner encima de la mesa sus condiciones para sumarse al próximo Gobierno.

El líder de los Verdaderos Finlandeses, Timo Soini, afiló su verbo antieuropeo para exigir a la UE renegociar el rescate financiero de Portugal. "Ya se ha visto que el paquete de ayudas a Grecia e Irlanda no ha funcionado. Ahora las cosas van a empezar a hacerse de otra forma en Europa", señaló el diputado más votado en los comicios (43.000 votos) a la televisión pública. "Lo más importante"-añadió el líder euroescéptico- "es que Finlandia no necesite pagar por los errores de los demás".

El euroescepticismo de la que ha pasado a ser la tercera fuerza política en la "Eduskunta"(Parlamento) no ha sentado nada bien en los mercados europeos y asiáticos, donde el euro se ha depreciado, ante esta nueva amenaza a la estabilidad de la moneda única.

Desde Bruselas, en cambio, se ha tratado de enviar un mensaje de tranquilidad. "Confiamos en que Finlandia continuará haciendo honor a sus compromisos", aseveró la portavoz de la Comisión Europea, Pia Ahrenkilde, quien añadió que el resultado de las elecciones no cambia "nada"en las negociaciones del rescate de 80.000 millones de euros que la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) preparan para Portugal. El Gobierno saliente se comprometió a aportar 1.400 millones de euros al plan portugués y 12,580 futuro Fondo de Rescate Permanente (ESM), pero debe ser confirmado por el nuevo Parlamento.

Aunque fue negado por la Comisión, el "Financial Times"informa de que la UE ya trabaja en un "plan B"para garantizar que una posible negativa finlandesa no lleve al traste con el rescate portugués. Días antes de las elecciones, fuentes comunitarias ya barajaban repartir la aportación de Helsinki entre el resto de socios de la eurozona si llegara a ser necesario.

Sin embargo, desde Berlín, el Gobierno de Angela Merkel, que también convive con una opinión pública reacia a pagar los errores de los países periféricos, recordó a Helsinki que debe cumplir con sus obligaciones como miembro del euro "con independencia de los cambios que se produzcan en el Gobierno", según declaró el viceportavoz oficial del Ejecutivo alemán, Christoph Steegmans.

Europa será sin duda el asunto central de las negociaciones que Jyrki Katainen, líder del partido más votado, los conservadores de la Coalición Nacional, iniciará el jueves con el resto de formaciones políticas para formar una futura coalición de Gobierno. En este sentido, el probable futuro primer ministro advirtió a los ultras que "Finlandia siempre ha sido un país muy responsable"y su próximo Gobierno "seguirá haciendo lo mismo".

A diferencia de otros países europeos donde la clase política tradicional intenta establecer un cordón sanitario frente a la extrema derecha, en Finlandia no es descartable ningún tipo de coalición política. La tradicional búsqueda del consenso y la consiguiente renuncia a principios prográmaticos han sido la clave de la vida política del país nórdico. Sin embargo, las actitudes categóricas de los Verdaderos Finlandeses y la falta de experiencia de los miembros de una formación que ha pasado en cuatro años de 5 a 39 diputados pueden cambiar las cosas considerablemente.

En principio, los conservadores, que por primera en su historia se convirtieron en la fuerza más votada de Finlandia, buscarán a los socialdemócratas, en la oposición durante la última legislatura, como socios para gobernar. Sin embargos, ambos suman sólo 86 de los 200 diputados del Parlamento. Si no logran un pacto con la ultraderecha, tratarán de lograr el apoyo de los pequeños partidos (ex comunistas, verdes, minoría sueca y cristiano demócratas).

Quienes ya se han autoexcluido de las conversaciones son los centristas de la primera ministra saliente, Mari Kiviniemi, que ayer anunciaron su decisión de pasar a la oposición después de la fuerte debacle sufrida en las urnas. Los escándalos de corrupción y sus cambios de posición con respecto al euro les han colocado como cuarta fuerza política. "El resultado de las elecciones es claro: perdimos. Ahora nuestro lugar está en la oposición. El pueblo ha hablado y se acabaron las especulaciones", afirmó rotunda Kiviniemi.