Europa

España

El bucle por Enrique López

Están creciendo nuestras exportaciones y sobre todo estamos ganando una gran competitividad perdida en los últimos años

La Razón
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Es muy difícil entender lo que está ocurriendo en la economía europea y en concreto en España. Los profanos en la materia hace tiempo que hemos tirado la toalla, al no lograr entender nada. Hace unos días, un buen amigo me animó a seguir luchando para entenderlo y me dijo que nuestro problema es que estamos en un bucle. Mi sorpresa e interés iban en aumento, puesto que la palabra bucle te hace imaginar a una bella y rubia actriz de Hollywood de los años sesenta, pero rápidamente caí en el concepto de bucle. En lógica, una serie de instrucciones que se repiten, pudiendo ser de dos tipos, una que se repite mientras se cumple una condición determinada, y otra que se realiza hasta que se cumple la condición también determinada. Este bucle se basa en que tenemos un gran deterioro del riesgo soberano y que esto aumenta la prima de riesgo y obliga adoptar medidas de austeridad fiscal. Esto a su vez hace caer la actividad económica real y la recaudación fiscal, disminuye el consumo y aumenta la morosidad. Todo ello provoca un deterioro de la actividad bancaria aumentado el riesgo, que a su vez provoca mayores requerimientos de capital para la banca. Todo esto aumenta la dificultad de financiación, lo que genera la necesidad de ayudas públicas a la banca, lo cual provoca mayor deterioro del riesgo soberano y vuelta a empezar. Entonces me di cuenta de que efectivamente estamos en un bucle y además en un buen bucle, que sólo puede romperse cuando se cumplan unas condiciones previamente determinas, y ahí es donde no nos ponemos de acuerdo. Me explico. Dos pueden ser estas condiciones, una importante, aunque no muy efectiva a largo lazo, relajar los objetivos de déficit, y así ganar tiempo, y la segunda es permitir a la banca la recapitalización directa, la cual tiene problemas de orden político y legal en la Unión Europea. Ante ello, surge la necesidad de apostar de forma definitiva por un auténtico banco central, una política monetaria común y una unión bancaria, estando mas lejos, una unión fiscal que permita la creación de eurobonos que a su vez permitan combinar los riesgos soberanos de toda la Unión Europea, de lo cual, los países periféricos saldríamos beneficiados. Pero a la vez, nos encontramos con una realidad que nos ahoga. A unos países como a España se nos presta dinero a intereses insostenibles y a otros países como Alemania se les paga dinero por depositarlos. Uno en su ignorancia creía que sólo se pagaba dinero por tenerlo en Suiza o en paraísos fiscales, para así tenerlo a buen refugio de las haciendas estatales, pero mi amigo me explica que los inversores que actúan en los mercados parecen descontar que España, Italia, Grecia, Irlanda o Portugal pueden acabar devolviendo los préstamos en una moneda nacional –peseta, lira, dracma, etc.– devaluada, y por contra Alemania en un marco revaluado. Esto, que supondría la desaparición del euro, no le interesa a los Estados Unidos de América, puesto que su dólar se revaloraría, y entonces sus exportaciones se verían afectadas, aumentado su ya abultado déficit público. Ante ello contamos por una lado con la ayuda europea, nunca desinteresada, porque España puede arrastrar a Europa a una mala situación y, por otro lado, porque cada vez, gracias a las recientes reformas, somos más competitivos. Pero se requieren muchos sacrificios, racionalizar servicios públicos, sanidad, educación, etc., invertir más en innovación, y sobre todo hacer más eficientes los mercados de trabajo y financiero.
Todo ello nos provoca una fuerte necesidad de acometer grandes reformas, las cuales ya se han afrontado en gran medida, duro ajuste fiscal, reforma del sistema financiero y grandes reformas estructurales, como el mercado laboral, o el mercado de bienes. Estas reformas, y las que están pendientes, tienen que notarse, y a buen seguro van a producir efectos positivos. Están creciendo nuestras exportaciones y sobre todo estamos ganando una gran competitividad perdida en los últimos años. Pero nos tiene que llegar la deseada fuente de financiación.
España, y sobre todo los españoles, estamos cumpliendo con algunas de las condiciones que rompen el fatídico bucle, ahora son otros a los que les corresponde hacer un esfuerzo. Se nos han criticado errores históricos y algunos muy recientes, pero una vez que se les ha puesto remedio no podemos seguir pagando por ellos, mas allá de sufrir sus consecuencias.
Necesitamos tiempo y dinero, lo primero es tener un poco de paciencia, lo cual sólo se gana ofreciendo credibilidad y para ello hay que elegir muy bien los mensajes y los mensajeros, y no sólo es cuestión de idiomas. Pero necesitamos financiación a intereses normales. Para conseguir esto es necesario ganar credibilidad en Europa, pero para ganar esta credibilidad, también tenemos que creérnoslo nosotros, y recuperar la confianza perdida. Si nos cuestionamos el éxito en España, ¿cómo vamos a conseguir que nos crean otros?

 

Enrique López
Magistrado