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Liz Taylor: el cine cierra los ojos

Una vida de sinsabores la convirtió en la gran estrella moderna

Fallece la actriz Elizabeth Taylor
Fallece la actriz Elizabeth Taylor

Los Ángeles- El miércoles amaneció y la radio y la televisión no hablaban de otra cosa. Elizabeth Taylor había fallecido en el hospital Cedars Sinai de un fallo cardiaco. Su hijo Michael Wilding escribió a los medios: «Mi madre vivió al máximo, con gran pasión, humor y amor. Sabemos que el mundo es un poquito mejor porque mamá vivió en él», contaba su vástago. Con una carrera que brilló a lo largo de seis décadas y dueña de una belleza morena y unos ojos violeta únicos, fue la primera «celebrity» del cine. Por sus cincuenta películas con actores como Spencer Tracy, Montgomery Clift y Marlon Brando obtuvo dos Oscar. Antes de desparecer de la vida pública en los años ochenta, asoció su fama a la lucha contra el sida. Se adaptaba a los tiempos. Escribía en Twitter para la genertación de sus bisnietos y la seguían millones de personas. Es cierto que otras actrices obtuvieron más premios, pero ninguna caló en la conciencia pública como Taylor. Fue la primera actriz que firmó un contrato millonario. En los sesenta era la diosa de pelo azabache que interpretó a Cleopatra, se casó bajo los flashes y ganó el primer millón de dólares: la realidad dejaba poco hueco a imaginación.


Ser su anillo por un día
Amante de las joyas y los excesos, tuvo problemas de alcohol y adicción a las pastillas. Andy Warhol dijo una vez que «sería muy glamuroso poder reencarnarme en un anillo del dedo de Elizabeth Taylor» y la inmortalizó. Tanto como le gustaban las joyas disfrutaba de los hombres, y no lo negaba. Se casó en ocho ocasiones. Tenía 17 años la primera vez que dio el sí quiero; fue a Conrad Nicholas Hilton Jr, el heredero del clan de los hoteles. Su matrimonio duró ocho meses por el maltrato del esposo, demasiado aficionado al juego y el alcohol. El número dos fue Michael Wilding, veinte años mayor, con el que tuvo dos hijos: Michael Howard y Christopher Edward. Se divorciaron cinco años después.

El tercero fue Mike Todd, un atractivo productor, que murió un año después en un accidente de avión y la dejó viuda con 26 años. Inconsolable, encontró refugio en el mejor amigo de Todd, Eddie Fisher. A su quinto esposo lo conoció en una fiesta en Santa Mónica «ella era, la mujer más inaccesible que había visto en mi vida. Bella más allá de los sueños de la pornografía», escribió Burton en sus memorias. Ambos vivieron un tumultuoso romance en el rodaje de «Cleopatra». Estaban casados y su adulterio fue un verdadero escándalo. Un congresista propuso una ley para prohibirles entrar en EE UU y el Vaticano condenó su «vago erotismo». Todo en ellos resultaba extravagante: ella le regaló un Van Gogh y el diamante Krupp, de 25 quilates, una joya que vistieron reinas y princesas, creada por el mismo hombre que construyó el Taj Mahal. Burton pidió a Cartier una pieza única, un anillo con un diamante de sesenta y nueve quilates que pasó a llamarse Taylor-Burton. Se fueron a vivir a África, a una tribu en Botswana. Se divorciaron en Haití, se volvieron a casar después. Y vendría un divorcio posterior y según ella «si Burton no hubiera muerto en 1984 probablemente hubiéramos vuelto a unirnos por tercera vez». Su sexta unión fue con John Warner, un político a quien poco la unía. Fue su época de excesos con el alcohol que la llevaron a pasar meses de sequía en el Centro Betty Ford. En su segunda visita conoció a Larry Fortensky, un trabajador de la construcción, a quien invitó a su casa a cenar para convertirle en el séptimo esposo (de ella se decía sin rubor que aquel con quien compartía lecho acababa con ella en el altar). Se va Elizabeth Taylor, el último gran mito de la pantalla, la actriz que tuvo una vida a la que la mauyoría sólo podemos acercarnos en sueños.


Ultravioleta era el color
Para siempre la mirada de Cleoplatra será violeta, la misma que cegó a Richard Burton durante el rodaje del filme sobre la reina del Nilo. Ese color tan exótico le valió el apelativo de «los ojos de Hollywood». La cámara gozó tanto midiéndose con sus pupilas que fue la primera actriz que facturó un millón de euros por película. El objetivo se recreaba cuando se fijaba en ella. Unos ojos tan distintos a los de otro animal de la pantalla, Bette Davis. A estas alturas, quién puede resistirse a mirar esos ojos de frente para siempre...