Disfraces de Lady Gaga y rituales de vudú en la noche más terrorífica del año

El imperialismo cultural de Estados Unidos ha exportado a todo el mundo sus tradiciones y cada país las ha adoptado a su cultura, a su forma de vivir.

Los más pequeños aprovechan la fiesta para disfrazarse y hacer travesuras
Los más pequeños aprovechan la fiesta para disfrazarse y hacer travesuras

Madrid- En España, comenzó en los 90 como una celebración carnavalesca de la gente joven en sus salidas nocturnas y ha pasado a ser una celebración que se ha colado hasta en las guarderías. Durante todo este tiempo, la fiesta ha evolucionado y se ha vuelto más sofisticada. Así, en la noche de los muertos vivientes de 2010, con más de 10.000 celebraciones (el 40 por ciento de los locales), la oferta de ocio va desde una noche oscura dedicada a la práctica del vudú, con muñecos de trapo o gallos decapitados, a laboratorios con probetas burbujeantes llenos de doctores locos y enfermeras diabólicas. Los más atrevidos podrán pasar una auténtica noche de difuntos con crisantemos, crucifijos y llanto de muchas plañideras. Los huesos de santo, las misas de difuntos y los buñuelos de viento han dado paso a fiestas populares en las que los asistentes se disfrazarán con los trajes más terroríficos de la noche. Uno de los que más miedo va a dar este año es el de Lady Gaga, reina indiscutible de la noche en España, porque sea cual sea el «modelito» que se elija de la diva –incluido el traje de piezas de ternera que lució el pasado mes de septiembre en la portada japonesa de la revista «Vogue»– va a aterrorizar a más de uno. Tampoco faltarán los disfraces de los protagonistas de la saga «Crepúsculo», muy popular entre los adolescentes. Los más cinéfilos podrán rememorar las cintas de terror con cócteles como «Freddy Krüger» o el clásico «Alfred Hitchcock», donde nadie saldrá sin haberse llevado un sobresalto. El grupo que más disfruta con esta fiesta es el de los niños. Colegios y guarderías se han llenado estos días de pequeños monstruos, superhéroes, calabazas andantes, vampiros, diablos y, cómo no, alguna Lady Gaga que otra. El objetivo es divertirse y hacer travesuras, por lo que la psiquiatra infantil Inmaculada Zorrilla no ve nada negativo en esta celebración, informa Efe. Zorrilla, en cambio, es partidaria de mantener los ritos tradicionales que les acerque a la realidad de la muerte. Por ello, la Iglesia no comulga con esta celebración que convierte en profano lo más sagrado, aunque haya habido muchos sacerdotes que hayan sucumbido a la maquinaria publicitaria norteamericana. En Reino Unido, los sacerdotes han preferido unirse a la celebración, pero han recomendado vestirse de santos en lugar diablos.


Una excusa para el vandalismo
D. M.– Con la excusa de la liturgia demoníaca son muchos los que aprovechan para dar rienda suelta a su lado más gamberro. Más allá de los niños que, disfrazados, llaman a la puerta repitiendo «trick or treat» (truco o trato), Halloween también se llena de vándalos. En los países anglosajones, donde más arraigada está esta celebración –de origen irlandés–, son habituales las denuncias de personas cuyas casas han sido atacadas. En algunas poblaciones de EE UU está prohibida la venta de huevos y harina a los menores. Eran ya demasiados los ancianos convertidos en diana de los jóvenes que lanzaban estos alimentos. «Muchos se quedan en casa no por miedo a los espíritus, sino por el susto que provoca la gente disfrazada que te pide un regalo o dinero y, si no se los das, llega incluso a atentar contra tu propiedad», explica el sacerdote británico Peter Fleetwood.