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El libro de la semana

Zafón: a la tercera va otra vez la vencida

El autor publica la esperadísima tercera entrega de esta tetralogía y rebela algunos secretos de los protagonistas de «La sombra del viento»

«El prisionero del cielo»
Carlos Ruiz Zafón
PLANETA. 380 páginas. 22,90 euros.

  • de victor hugo  a umberto eco. El libro tiene ecos de estos autores
    de victor hugo a umberto eco. El libro tiene ecos de estos autores

Tiempo de lectura 5 min.

23 de noviembre de 2011. 22:39h

Comentada
24/11/2011

Vaya por delante que la precuela «El juego del ángel» no resultó demasiado santo de mi devoción literaria, de igual modo que logró secuestrarme «La sombra del viento». En su segunda entrega fue pillado en alguna que otra falta narrativa y así se lo hizo notar su legión de lectores –25 millones en todo el mundo–. Por tanto –habida cuenta de que fue publicista antes que literato, acostumbrado a dar respuesta a los gustos de los consumidores–, es innegable que ha tomado muy buena nota y esta tercera parte de la saga consigue enganchar emotivamente hasta convertirse en un Zafón 2.0. Matícese, también, que jamás he comprendido el desprecio de ciertos bienpensantes hacia la literatura de evasión –ensalzando la de la mortificación– y que resulta del agrado del lector hasta el punto de alzarla a la categoría de «best-seller». Dicho sea de paso, Zafón es un superventas, sí, pero también un fondista. Lo que los americanos llaman autor de «longseller», pues sus libros se mantienen en el tiempo. A todos nos agradan los volúmenes que exigen lecturas verticales, pero aquellos que demandan una lectura horizontal, no deben ser en absoluto desdeñables.

Un guiño al siglo XVIII

Dicho esto, estamos ante un narrador decimonónico, en pleno siglo XXI, no sólo por sus argumentos, sino también por las situaciones a las que aboca a los personajes. Si bien en las anteriores tramas  y la sensación era próxima a Poe pasada por la lente de Roger Corman, esta vez resulta más Víctor Hugo visto con los ojos de Umberto Eco y, a su vez, pintado con el pincel de Tim Burton. Si transitaba por el romanticismo gótico más exacerbado, ahora abunda en la sorpresa y el toque de gracia como palanca emocional para atrapar al desprevenido lector.

Se levanta el telón y nos ha situado en plena Navidad de la Barcelona del 57. Una ciudad menos barroca que intenta sacudirse los estragos de una eterna posguerra. En ella, Daniel Sempere, el niño de  «La sombra del viento» que tuviera el privilegio de adentrarse en el cementerio de los libros olvidados, es hoy un padre de familia que regenta la librería Sempere & Hijos en franca decadencia... Hasta que una mañana, se adentra en su establecimiento un misterioso caballero de siniestra estampa que compra un ejemplar  « El Conde de Montecristo» por el triple de su precio.

Regreso de la muerte
En lugar de llevarse el libro, se lo entrega a Daniel para que se lo haga llegar a su buen amigo Fermín, con una escalofriante dedicatoria: «Para Fermín Romero de Torres, que regresó de entre los muertos y tiene la llave del futuro. 13». El aldabonazo hacia el «secuestro del lector» está servido. A partir de este momento irán cobrando sentido muchas incógnitas desplegadas en las páginas de anteriores entregas, como la estrecha relación de lealtad que se estableció entre Daniel y el mendigo Fermín –tras un encuentro fortuito– y que ahora comprobamos que no lo era tanto...

Tiene Zafón, la bella habilidad de retratar a «la gran hechicera»   –como llamaba Maragall a Barcelona– y sus gentes, pero no a la manera de Montalbán, Mendoza o Marsé, sino como una ciudad elongada como una cúpula gótica, vista sólo por los ojos del autor y absolutamente irreconocible a día de hoy. Deriva, según él mismo cuenta, de su observación infantil cuando iba a cobrar las pólizas de seguros que su padre le encargaba –como sacado de «1Q84» de Murakami, donde el protagonista vive idéntica experiencia– y a los palacios pudo subir y a las cabañas logró bajar, mezclándose entre la cotidianidad de los hogares. Se sirve, en la primera parte, de un narrador en primera persona  –Daniel– que relata de forma aséptica lo vivido, y, después, de un segundo narrador omnisciente que mediante un «flashback» nos retrotrae a la estancia de Fermín en prisión tras la guerra. Todo ello se cocina con poca descripción, ciertos guiños dickensianos  a «Los miserables» y a la manera unamoniana en su «nívola»: con mucho, muchísimo diálogo.

Con un idioma eficaz y de muy buena digestión, sumado a su buen pulso, logra agarrar por las solapas al lector  ramificando intrigas sin solución de continuidad. Ha logrado enderezar la trama, tras dar algún que otro rodeo sobre sí misma en su anterior libro, y  encontrado, al fin, la Ruta 66 hacia el predesenlace de esta  tetralogía. En definitiva, el encantamiento de la lectura de este volumen, a la que se sumará una cuarta entrega, es más poderoso que las reticencias de nuestra lógica, acaso porque para Zafón lo real y lo irreal no se han segregado, como en los remotos tiempos de la oralidad. Acaso por ello sigue negándose a que sea adaptada cinematográficamente. Libro, pues, a la espera de que se cierre el círculo definitivo, que nos hace sentir que formamos parte de una sociedad secreta.


Sobre el autor
Comenzó con literatura juvenil. Después de ganar el premio Edebé con «El príncipe de la niebla», escribió varios guiones de cine al tiempo que publicaba «La trilogía de la niebla» y «Marina». Entre sus obras más relevantes destacan «La sombra del viento» (más de diez millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y traducida a más de 40 lenguas diferentes) y «El juego del ángel»
 Ideal para...
los amantes del universo gótico, ya que, en la estela de Umberto Eco, Ruiz Zafón nos hace seguirle con gusto   en el juego de las referencias literarias para ampliar la perspectiva de campo de la lectura y poder así ganar profundidad  
Un defecto
Solamente en algunas ocasiones, el idioma resulta demasiado esquemático y se echan en falta más descripciones, y, sobre todo,  cierta narración de atmósferas (sucede particularmente en la primera parte de la novela) 
Una virtud      
El autor demuestra que sabe tensar adecuadamente la cuerda de las emociones en la búsqueda de un crescendo continuo hasta convertirse en  una lectura que para el lector y que se aproxime a ella puede llegar a resultar obsesiva
Puntuación 9


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