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Liderazgo fiable para la nación

Tiempo de lectura 4 min.

28 de mayo de 2011. 20:53h

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29/5/2011

Hace una semana el Partido Popular de Mariano Rajoy logró una de las mayores victorias electorales de la historia democrática de España. El mapa político giró 180 grados y los populares recogieron una extraordinaria confianza de los ciudadanos en su capacidad y en su forma de entender la política y gestionar lo público. Si para los socialistas los lodos electorales del 22-M fueron productos de los polvos de una gestión calamitosa, para Rajoy, el abrumador respaldo de la gente fue también el reconocimiento a una trayectoria complicada en la que supo mantener un discurso cercano a las preocupaciones y problemas de los españoles. Ese sentido de la responsabilidad y del interés general resultó fundamental para que el presidente del PP no se perdiera por atajos cortoplacistas ni cediera a presiones ventajistas en una travesía que se prolonga siete años. Rajoy ha preferido la solidez y la fiabilidad del corredor de fondo a las prisas y las improvisaciones del político oportunista. Si un político piensa en las próximas elecciones y un estadista en la próxima generación, es evidente que el presidente del PP encaja en el segundo perfil, y que esa concepción transmite credibilidad.

Rajoy se ha ganado la confianza de una mayoría de españoles. Se la ha ganado poco a poco, a veces en la victoria, pero también en la derrota. La seriedad y el sentido común son atributos que los electores acaban por valorar, como también castigan los bandazos, las dudas y la desunión. Conducir organizaciones políticas en ciclos desfavorables con el sosiego de quien cree en lo que hace es una cualidad excepcional en la clase política. Su mensaje reformista y regeneracionista en el fondo y centrado y moderado en las formas ha calado porque lo ha preservado en medio de vaivenes electorales, lo que conllevaba sus riesgos.

El liderazgo y el proyecto de Rajoy poseen también el valor añadido de su experiencia gubernamental. Demostró en aquellos gobiernos presididos por José María Aznar que sabe cómo enfrentarse a una crisis tan severa como la actual y cómo superarla. Aquella Administración probó que era posible crear millones de puestos de trabajo y sanear las cuentas públicas hasta convertir a España en la octava potencia mundial del planeta después de recoger el testigo ruinoso de la etapa socialista. Cuando ayer se presentaba en sociedad el que será adversario socialista de Rajoy en las elecciones generales de 2012 y se ponderaba su experiencia y bagaje gubernamentales, habría que recordar cómo las administraciones socialistas empobrecieron España y cómo el PP, con Rajoy, aupó al país a sus mayores cotas de prosperidad.

Uno de los mayores fracasos socialistas en las últimas elecciones ha sido el mensaje falaz de que el PP carecía de propuestas o que las ocultaba por su impopularidad. Los españoles no lo han creído. Las recetas económicas de Rajoy son conocidas, así como sus reformas en otros ámbitos que el país requiere con urgencia. El PSOE ha decidido prorrogar la interinidad y el desgobierno en función de su estrategia de partido, pero a costa de los intereses generales. Rajoy ganará porque los españoles lo quieren. En eso consiste la democracia, aunque los socialistas sólo acudan a ella cuando les interesa.

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