Estreno

La Orquesta Nacional de cine

La Razón
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Sorprende que la música de cine no sea habitual en las salas de conciertos, que no se incluya en las programaciones de las orquestas con cierta normalidad. El asunto tiene miga. Hay grandísimos compositores de bandas sonoras –Williams, Goldsmith, Morricone, Zimmer, Elfman, Vangelis– que ayudan de forma incuestionable a que algunas películas pasen a la historia cinematográfica. En nuestro mismo país hay autores que, como José Nieto, se han especializado en el género. Tampoco puede olvidarse que clásicos como Prokofiev escribieron para el cine. Sin embargo, existe el prurito entre los compositores que así mismos se consideran «serios» de menospreciar la banda sonora. Antón García Abril, que no ha tenido reparos en dedicarla parte de su tiempo, es criticado con cierta frecuencia. Quizá sea la envidia de los jugosos dividendos que genera una buena banda y quizá sea, también, la impotencia ante la incapacidad para escribir música «comunicativa». Posiblemente sea más fácil componer una obra serial, dodecafónica o electrónica que «cuele» a fin de recibir la calificación de «obra interesante» que una buena música cinematográfica. De alguna forma el cine con su música cumple hoy el papel que en el siglo XIX representó la ópera. De ahí que resulte una grata sorpresa que la Orquesta y Coros Nacionales de España (OCNE) dedique su próxima temporada al cine con programas que se salgan del tópico fácil, como el centrado en Kubrik, que reúne a Johann y Richard Strauss con Ligeti, los tres presentes en «Odisea 2001». La temporada resultará muy grata y vendrá muy bien para mantener o aumentar abonos en una época en la que las renovaciones van a sufrir.