Yo también soy Esperanza

No sólo comparte con Esperanza Aguirre el nombre de pila, las dos son unas supervivientes y grandes luchadores. La presidenta de la Comunidad de Madrid fue rotunda cuando explicó a los periodistas que le habían detectado un tumor cancerígeno en una mama: «Conmigo no existe la palabra intentar. Las cosas se hacen y punto».

Esperanza Serrano prefiere la calle a quedarse en casa, compartir un café con una amiga que volver rauda a planchar. Sus dos sobrinos son como sus hijos y desde que la diagnosticaron un cáncer de mama y lo superó, es la heroína de su marido
Esperanza Serrano prefiere la calle a quedarse en casa, compartir un café con una amiga que volver rauda a planchar. Sus dos sobrinos son como sus hijos y desde que la diagnosticaron un cáncer de mama y lo superó, es la heroína de su marido

Esperanza Serrano, que vive en Logroño, se mostró igual de reivindicativa hace ocho años, cuando descubrió que tenía cáncer de mama: «Esto a mí no me puede. Yo quiero viajar más y lo voy a hacer». Acaba de regresar de visitar, junto a su marido, Costa Rica. Las dos son mujeres activas, con muchas ganas de vivir y precavidas: ambas acudían anualmente al médico para practicarse una mamografía. Sin embargo, como explica Silvia Ruiz, de la Asociación de Cáncer de Mama de Madrid (www.ascamma.org), «también debemos realizarnos resonancias y ecografías, así como cuidar nuestra dieta y evitar el sedentarismo. Toda precaución es poca para evitar que la enfermedad aparezca». Por suerte para Aguirre la mamografía fue efectiva y descubrió el bultito. No corrió la misma suerte Esperanza Serrano: «Me noté algo, una especie de granito muy pequeño pero las pruebas eran todas negativas. Insistí tanto a mi médico que logré que me realizaran una punción». Lamentablemente sus pesquisas no iban desencaminadas y le localizaron una masa de milímetros. «Al principio te quedas bloqueada, no sabes cómo reaccionar», asegura Serrano que, curiosamente, también comparte año de nacimiento con Aguirre, tan sólo las separan unos meses. Como explican desde la asociación madrileña, la reacción de las dos Esperanzas debió ser similar: «Las mujeres que se acercan a la asociación son preguntas con patas. Nuestra principal misión es despejar todas sus dudas», añade Silvia a la que acaban de «reparar» los pezones después de que le extirparan ambas mamas.Transcurrieron diez días hasta que Aguirre declaró públicamente que padecía la dolencia. Un periodo no sólo de asimilación, sino también de preparación del tratamiento. Javier Salvador, oncólogo del Hospital Nuestra Señora de Valme en Sevilla y portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), asegura que el protocolo de lucha contra el cáncer de mama «está muy estandarizado y se realiza de la misma forma en todas las comunidades autónomas». Después de detectar el tumor, se realiza una biopsia con una aguja grande para determinar si se trata de un nódulo infiltrante o in situ. Este segundo es seguramente el caso de Aguirre, cuyo «escenario es magnífico y crea poca ansiedad ya que los márgenes de seguridad después de extirparle el tumor son muy altos. La paciente no necesita quimioterapia, tan sólo debe pasar por unas sesiones de radioterapia, por seguridad», afirma Salvador. Es en el tratamiento posterior al análisis de la muestra donde discrepan algunos oncólogos, ya que no todas las mujeres reaccionan igual a la quimioterapia, ni a los tratamientos hormonales. Por ello, desde hace menos de un año se está realizando un estudio clínico sobre un test diagnóstico de cáncer de mama. En España, se han involucrado siete hospitales españoles, entre ellos, el Clínico San Carlos ­–donde se operó Esperanza Aguirre–, y han participado 107 pacientes. Como explica su coordinador, Joan Albanell, jefe de Oncología del Hospital del Mar de Barcelona y coordinador del proyecto, «este test es un complemento a los tratamientos convencionales y ayuda al especialista a decidir cuál es la mejor forma de luchar contra el cáncer». Vidas paralelasPero, como casi todos los avances médicos, su uso no está muy extendido por su coste: 3.200 euros (aún no reembolsables por la Seguridad Social) y por ser un proceso selectivo. Sólo se les puede practicar a pacientes que sean receptoras de estrógenos positivos, cuya prueba del ganglio centinela (indica posibles filtraciones y el desarrollo de metástasis) sea negativa y que el gen HER2 sea negativo. Todos estos requisitos excluyen a numerosas enfermas pero auguran un futuro esperanzador para el desarrollo de nuevos mecanismos de diagnóstico.Hoy, mientras Aguirre descansa en su casa de la reciente operación en la que le han extirpado el nódulo, la otra Esperanza sale a la calle para ayudar a una amiga con un puesto que ha montado en una de las ferias que organiza el Ayuntamiento de Logroño: «Para mí, desde que superé la enfermedad, cada día es un día nuevo, le doy muy poca importancia a las cosas pequeñas, me gusta vivir», comenta con una sonrisa que transmite desde el otro lado de la línea telefónica. Mari Carmen Ferreiro, otra de las heroínas de ASCAMMA lo tiene claro: «Pasar por esta enfermedad crea un punto de inflexión en tu vida». Así lo confirman los psicooncólogos. María Die Trill, del hospital madrileño Gregorio Marañón no lo duda: «Yo trabajo con grupos de supervivientes. Ellos son un ejemplo de superación y les explican a los diagnosticados diferentes estrategias para mostrarles que superar este mal es una oportunidad de crecimiento, de dar un nuevo sentido a su vida». Die también aplaude la fortaleza de la presidenta de la Comunidad de Madrid porque «gracias a su sonrisa transmite optimismo y su momento de tristeza también refleja otro de los estados por los que atraviesan los pacientes y que no debe obviarse», añade. Esperanza, Silvia y Mari Carmen son sólo un ejemplo de lo que viven miles de mujeres en España. Ellas, después de sus operaciones, de superar sus tratamientos, han continuado acudiendo a sus revisiones. Primero cada tres meses, luego cada seis y, como todo marcha bien, ahora acuden al oncólogo anualmente. «A pesar del tiempo que ha pasado todavía me pongo muy nerviosa cada vez que se acerca la fecha», explica Silvia. Además de su hermana, su abuelo y su padre también murieron de cáncer, pero eso no la impide sonreír continuamente.Las mejores armas: Los médicos lo tienen claro: buenos hábitos alimentarios, el deporte y evitar las drogas y al alcohol ayudan a combatir el cáncer. Deporte diarioDesde la Asociación contra el Cáncer de Mama de Madrid, se imparten talleres para ayudar a sus más de 200 socias. Además de cursos de nutrición, baile y de talleres de maquillaje, la «Revolución rosa» –como les gusta llamarse- ha firmado un convenio con la Facultad de Ciencias de la Actividad Física (INEF) de la Politécnica de Madrid para crear el primer programa europeo dirigido a mujeres con cáncer de mama en el que se fomentan las actividades deportivas. Practicarán sesiones de ejercicios monitorizados con los que los expertos quieren determinar cómo les afecta el deporte. «Estamos emocionadas», comentan Silvia y Mari Carmen.A por el ReikiEn contra de algunas terapias alternativas poco recomendadas por los oncólogos, los expertos apuestan por técnicas de relajación como el Reiki, que ya se está aplicando en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y que rebaja los efectos secundarios de la quimio y la radioterapia. Luz María Navas, psicóloga y maestra de esta disciplina japonesa, explica que «ayuda a reducir la ansiedad y a fortalecer el sistema inmunológico. Además, acelera el proceso de recuperación. Se colocan las manos en los principales chakras (fuentes de energía), desde la cabeza hasta los pies, y se reparte la energía». Su duración es de unos 45-50 minutos y los beneficios son instantáneos.