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Si el barón Thyssen hablase (que lo hará)

  • «Mata mua» (1892), de la propia colección de Carmen Thyssen, es uno de sus cuadros preferidos
    «Mata mua» (1892), de la propia colección de Carmen Thyssen, es uno de sus cuadros preferidos

Tiempo de lectura 2 min.

05 de octubre de 2012. 21:56h

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6/10/2012

Madrid- El 8 de octubre de 1992 se inauguraba el Museo Thyssen en Madrid. Aquel año lo recordaremos como una fecha llena de optimismo. Nada que ver con los tiempos que vivimos. Quién lo iba a decir. Con voluntad y dinero (público) se hacían maravillas. Así, un día, en Lugano, el barón Thyssen, su esposa Carmen Thyssen y el duque de Badajoz decidieron que la colección iría a España, a Madrid –y una parte a Barcelona, desoyendo las ofertas del Museo Getty de Los Angeles. La baronesa no tiene por qué esconder sus méritos en aquella operación. Después de todo, aparecerá publicado en las memorias de su marido, que verán la luz el mes que viene. De momento, digamos que Carmen Thyssen tiene abiertos todos los frentes: su colección en Madrid sigue prestada sin poder llegar a un acuerdo de compra con el Estado dada la delicada situación económica y negocia con La Caixa para que algunos de sus fondos recalen en Barcelona. No descarta que piezas de Madrid acaben en la Ciudad Condal («si tengo una oferta, la estudiaré», decía ayer). ¿Y qué hará con su colección de Madrid si en febrero de 2013 no llega a un acuerdo de compra con el Gobierno?: «Como decía Scarlett O'Hara, cuando llegue el momento, voy a pensar en ello». Esto sí, sabe en el país en el que vive: «Rajoy tiene muchos problemas y no le voy a molestar». Su interlocutora es Soraya Sáenz de Santamaría.

En las memorias del barón Thyssen estarán detallados los conflictos matrimoniales, que no fueron pocos, sobre todo con dos de sus viudas: su tercera esposa,  Fiona Campbell-Walter, y la cuarta, Liane Denise Shorto. Fue Carmen Cervera, la quinta, la que dejó de pagarles la pensión que su marido les asignó por vida, según acordó en el misterioso «pacto de Basilea». El barón, ha confesado, también le dejó deudas, no sólo riqueza. Ayer, la baronesa desvelaba que las dos habían sido invitadas a la ceremonia que el lunes tendrá lugar en Madrid para conmemorar los veinte años del museo. Ella misma ha expurgado algunos comentarios que su marido había hecho sobre Fiona, «no para evitar alguna querella, sino sencillamente por elegancia». Francesca, la hija del barón que quería lejos de su negocios artísticos, tampoco estará.
 

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