Kirchner un político de raza que supo mantenerse en primera línea

El ex presidente Néstor Kirchner, uno de los políticos argentinos más polémicos, supo mantenerse en la primera línea tras abandonar su cargo, aceptando un escaño como diputado primero, confirmando su liderazgo en el justicialismo y, más recientemente, como secretario general de la Unasur.

La muerte de Kirchner, de 60 años, un político de raza, combativo y controvertido, deja un vacío en la política argentina que se será muy difícil llenar.

Desde los primeros años de su carrera política, en Río Gallegos, en el sur del país, supo escalar posiciones hasta llegar a la Presidencia (2003-2007) y no tuvo problema en convertirse después en diputado, el pasado año, mientras se afianzaba en la dirección del peronismo.

Pese a las insistentes recomendaciones médicas para que rebajara su nivel de tensión, después de las dos intervenciones coronarias a las que fue sometido en los últimos meses, Kirchner mantuvo el ritmo de su actividad y rechazó siempre los rumores que hablaban de su precario estado de salud.

Los argentinos le recordarán como el primer presidente que cumplió su mandato después de la crisis de 2001 -cuando cinco mandatarios se sucedieron en menos de dos semanas-, y el político que supo armar alianzas para superar el bache en el que estaba sumido el Partido Justicialista (PJ), después de tres años de intervención judicial a raíz de severas disputas internas.

Sus esfuerzos, sin embargo, no fueron suficientes y las alianzas anudadas por Kirchner comenzaron a disolverse a finales de 2008, cuando se hizo evidente el desgaste del Gobierno de su esposa y sucesora, Cristina Fernández, por su confrontación con las patronales agropecuarias, en pie de guerra por la presión y el intervencionismo del Fisco.

De ahí, el varapalo electoral que sufrió en las legislativas de 2009 frente al candidato del llamado peronismo disidente, el empresario Francisco de Narváez, que, sin embargo, no le amilanó y que no rebajó sus expectativas para competir de nuevo por el sillón presidencial en los comicios del 2011.

Kirchner, que junto a su esposa militó en la izquierdista ala juvenil del peronismo de los años 70, abrazó la figura de Juan Domingo Perón y se envolvió en la bandera nacionalista en su carrera por mantener el poder, con un discurso contra el "nefasto modelo neoliberal".

Criticado por muchos de sus antiguos compañeros, acusado de corrupción por la oposición y cuestionado por sus poco ortodoxos métodos, incluso sus detractores reconocieron hoy que su muerte deja un hueco difícil de llenar en la política argentina contemporánea y cambia radicalmente el panorama electoral para las presidenciales del próximo año.