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Luis Del Olmo por Alfonso Ussía

Ha vivido por y para la radio, y alcanzado una maestría intransferible

Tiempo de lectura 4 min.

31 de julio de 2012. 21:02h

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1/8/2012

Leo en la columna de Jesús Mariñas que Luis Del Olmo ha cerrado su «Protagonistas». Que se jubila, en una palabra. En una palabra y a su palabra. He tenido la fortuna de colaborar en la radio con los más grandes, excepto con Iñaki Gabilondo. Me inventó para la radio Manolo Martin Ferrand, y apenas una semana después de su inauguración, ingresé como poeta satírico en Antena-3 de Radio. En la memoria, los años primeros de Antena-3 fueron los mejores, con Manolo, Jesús Hermida, Antonio y Luis Herrero, Santiago Amón, José Luis Garci, José María García, y no sigo porque me quedo sin espacio. De ahí salté a la COPE –después Onda Cero–, con Luis Del Olmo, de tertuliano en «Protagonistas» y como hacedor de personajes en su «Debate del Estado de la Nación». Las tertulias eran formidables, y la política intervenía, pero no exclusivamente. Juan Antonio Vallejo-Nágera, Manu Leguineche, Lalo Azcona, Martín Prieto, el doctor Dexeus, Pepe Oneto, Antonio Burgos, Alberto Closas... y no sigo porque vuelvo a quedarme sin espacio. Cuando entraron los políticos que hablaban en nombre de su partido y no en el suyo, se estropeó el gran invento de Luis. Y en el «Debate» con el marqués de Sotoancho, el doctor Gorroño, Floro Recatado, Jeremías Aguirre, Juan Pineda, el padre Escolano, Breogán Piñeiro, Marifé de Camas y La Salmona, la puta del fletán, compartí quince años inolvidables con Antonio Mingote, Tip, Antonio Ozores, Chumy Chúmez, Tito B. Diagonal, y José Luis Coll. Coincidí pocos miércoles con Gila, fantástico, pero que todas las semanas hacía lo mismo. La muerte de Tip nos dejó a todos sin ganas, y aquel maravilloso espacio se clausuró.  He estado, y muy bien, con Carlos Herrera en Onda Cero, un personaje único, y con Federico Jiménez Losantos en la COPE, acompañado del luminoso Grupo Risa, tres genios locos y sueltos con alto peligro. He sido feliz con Ernesto Sáenz de Buruaga, y Luis del Val, el doctor Bufalá, Andrés Aberasturi y todo el equipo de la COPE. Es decir, que he estado con los más grandes de la radio y con la Radio con mayúscula. Esa Radio con mayúscula es Luis Del Olmo. Ha vivido por y para la radio, y alcanzado una maestría intransferible. Todo el día dandole vueltas al magín para mejorar su programa. Volcánico, en ocasiones, cuando algo salía mal. Un señor como la copa de un pino en la normalidad. Conmigo -–siempre hay que distinguir la propia experiencia–, un maestro y un amigo profundo y abierto. Aquellos viajes en autobús y tren a Ponferrada, con María Dolores Pradera y Los Gemelos cantando zambas y habaneras. El programa en una mina de Villablino, a trescientos metros de profundidad. Los «Más Bonitos que un San Luis», entregados al Rey, a Don Juan, a Felipe González, a José María Aznar... y a la Reina, a la que Tip le sacó dos mil pesetas a cambio del marco de plata. Las cenas en «Casa Sixto» concediendo el «Lumbreras» y el «Tarugo». A Jordi Pujol, con gran disgusto de Luis, le concedimos el «Tarugo» y se lo entregamos en Barcelona, en el Club del Líceo, con el grandioso e inmediato teatro devastado por el fuego. Escribir la historia de Luis en la radio es imposible. Es la Radio, a la que modernizó y casi inventó. Nadie ha tenido el nivel de convocatoria de Luis Del Olmo. Su gente, Maite y Pilar Blanco a la cabeza, conseguían lo que Luis se propusiera. Paseó junto a la muerte asesina de la ETA durante años, y un guardia municipal de Barcelona le salvó la vida. Se la salvó sin saberlo a cambio de la suya, porque el comando que lo asesinó se disponía, momentos después, a destrozar la nuca de Luis Del Olmo. Grande en lo físico y mayor aún en lo anímico. Intuitivo, valiente y subjetivo. El que intente la objetividad, que se compre una lámpara. La radio, con la marcha de Luis, se queda sin su principal referencia. Se queda sin la mayúscula. La Radio era él. Su mayor defecto, eso sí, el botillo del Bierzo, al que ha sobrevivido con heroísmo constante. Suerte y buenos vientos, Luis.



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