Los nuevos catalanes por Toni Bolaño

La Razón
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De la mano de Àngel Colom, uno de los que pilló pasta del Palau de la Música y se desconoce si la devolvió, Artur Mas ha defendido el papel de los extranjeros en el proyecto de estado propio. En el acto, se ha presentado un manifiesto de apoyo al proyecto de CiU firmado por más de cien entidades, previamente subvencionadas. Por este bonito arte de la subvención, los nuevos catalanes han sido acogidos en el regazo del nacionalismo. Además de nuevos, son buenos catalanes porque se han adherido al proceso secesionista. Ahora ya no toca ponerlos de patitas en la calle ni poner el grito en el cielo porque los inmigrantes quitaban el pan a los de casa. Ahora no toca. Estamos de elecciones y los nuevos catalanes, obedientes, bailan el son que toca.
Jordi Pujol dijo que «es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña y lo quiere ser». Se subió al carro del lema que encumbró Paco Candel, el viejo dirigente comunista, que trabajó por la integración de los emigrantes que vivían en las barracas procedentes de toda España. Esos fueron los otros catalanes que trabajaron por la libertad, por el autogobierno y por la democracia. Fueron los otros catalanes que con el sudor de su frente y con su trabajo ayudaron a salir del pozo. Fueron los otros catalanes que por el hecho de querer serlo y por amar a su tierra de acogida no dejaron querer ser también españoles.
Ahora, los nuevos catalanes hacen el coro a ritmo de «hip hop» al candidato Mas que, en su papel de mesías salvador, no ha dudado en afirmar que en una Cataluña independiente el malestar de la huelga general no existirá. Lo dijo ayer y lo repitirá todos los días que convenga porque, ya saben, la nueva Cataluña es la pera. No habrá ni malestar, ni huelgas… ni otros catalanes