Motivaciones políticas por Lucas Haurie

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En los procedimientos inquisitoriales, existía la denominada «probatio diabolica», la exigencia al reo de una prueba imposible para demostrar su inocencia. Le metían fuego a un señor embadurnado en brea y si Dios permitía que ardiese, quedaba acreditada su culpabilidad. Hay quien protesta contra las motivaciones políticas de los responsables de retirar del nomenclátor sevillano a Pilar Bardem. Pero deberían invertir la carga de la prueba para preguntarse si no fue incluida, pues ella misma se encarga de proclamar como casual su vínculo con la ciudad, exclusivamente por su militancia izquierdista. El único mérito artístico de esta fiel amiga del universo etarra es haber parido a un actorazo como su hijo Javier. Ha sido una prolífica secundaria en películas de todo pelaje (la mayoría regulares o malas) y protagonista de escasas cintas, todas menores. Si no fuera por su vástago y su vociferante activismo político, nadie la reconocería en el supermercado. Ninguno de los concejales de la corporación anterior acertó a enumerar, cuando le pusieron su nombre a una calle, cuatro trabajos de tan reputada cómica. Se renombró General Merry para joder, contra la opinión de vecinos y comerciantes. Ahora se repara la gamberrada, felizmente. «Motivaciones políticas», dicen. La de tonterías que hay que escuchar.